1.6.09

Sobre recorrer toda tu vida amorosa en un solo día.

A la mañana. Móvil sobre la panza. ¿Cuántas veces lo tuve ahí, esperando un mensaje con ansiedad? ¿Con cuántos?
Hago una lista. Una lista considerable. Un tiempo considerable. Un par de años. En mi cama de la calle Mirasierra, mirando la pared y esperando. El móvil encima mío, o en la cama, o en mi mano.
Y todo lo importante que salió de ahí. Los mensajes preciosos, los mensajes horribles, los mensajes esperados, los que me hacían sonreír.
Y todo empezaba ahí. Con una vibración sobre mi panza.


A la tarde. Leyendo en una posición incómoda/cómoda, en el sillón. Y entonces era 15 de abril del 2007. Su cumpleaños. Yo leyendo Si una noche de invierno un viajero, él con su portátil haciendo quién sabe qué. Sus regalos sobre la mesa. En la misma habitación, pero en mundos distintos. Mundos interconectados, eso sí. El saber que había preferido pasar su cumpleaños conmigo, en vez de con su familia. En ese momento era el colmo de la adultez. Éramos adultos y responsables, compartíamos una vida, trabajábamos uno al lado del otro, parecía el prólogo para una vida en común. Pero ayer, mientras se lo decía a Chicomar, me di cuenta de que era verdad: no iba a ser feliz con alguien que me hacía sentir inferior. No de verdad. Y yo quiero ser feliz.


A la noche. Callejeros Viajeros en Roma. Señalar la pantalla y decir "yo estuve ahí!" cada 30 segundos. El silencio del otro lado. Y recordar ese recodo de esa callejita. Creo que íbamos dirección Piazza Navona. O veníamos de la Fontana di Trevi. Da igual. Pero estabámos yendo por una calle peatonal muy pequeña, que hacía como un recodo. Y en ese recodo, en la esquina, había un restaurante. Grandes cristaleras, mesas pequeñas, un corazón luminoso en una ventanaescaparate. Velas en las mesas. Y una pareja agarrada de las manos. Y entonces pensé "Roma es una ciudad para enamorados". Y aunque yo no lo sabía, estaba a dos semanas de estar enamorada. O ya lo estaba. Pero Roma es una ciudad para estar con tu enamorado, y pasear de la mano, y hacerse fotos con besos, y cenar en pequeños restaurantes con velas en las mesas.
Y mi enamorado estaba a 3000 kilómetros, y no estaba enamorado de mí.
Pero Roma sigue siendo una ciudad de enamorados.


A la madrugada. Darme cuenta, en una sola palabra, "siempre" y en una frase, "si deja la carrera..." que el futuro de esto no está sólo en mí.

3 comentarios:

  1. estas describiendo claramente lo que yo escribo de manera criptica. A ver cuando me lanzo de verdad , ahora que he regresado

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