8.1.09

Goodbye, farewell.

Decoré mi habitación para vos. La cama es el centro de ella. Nuestra cama, nuestro mundo, nuestro núcleo.
Me acompañaste a buscar compañera de piso, y estuviste ahí para que la última de ellas pudiese firmar el contrato.
Me cocinaste cuando a mí no me apetecía, y aprendiste a cocinar para mí.
Me pasaste a buscar mil veces por la facultad, por casa, por Plaza de Armas, para irnos a caminar, al río, a un bar, a ver a alguien, a cenar.
Me sonreías y todo daba igual.
Soportaste mis golpes y mi llanto cuando el mundo se me vino encima y decidí que la enfermedad no es justa.
Me secaste las lágrimas que vos mismo provocabas.
Me destapabas por las noches y eso me volvía loca.
Me asfixiabas y tenía que pedirte llorando que me dieses espacio, que me estabas matando.
Dejé que colonizaras mi habitación y mi casa: piyama, pantuflas, cepillo de dientes, películas.
Te empeñabas en ir a comprar conmigo aunque no lo necesitase, sólo para poder acosarme en el ascensor.
Eras mi amigo y mi amante, mi compañero de piso y mi compañero intelectual.
Tu cuerpo siempre estaba caliente, y tu mano tenía la forma perfecta para sostener la mía.
De repente no entendías algo o simplemente no preguntabas, y parecía como si el mundo se fuese a acabar.
Me mandabas los mensajes más bonitos del mundo, y sonreía al despertarme y verlos.
Creamos nuestro mundo en muy poco tiempo.
Me prestabas a tus amigos y casi casi parecía que los conocía de toda la vida.
Me organizaste un cumpleaños sorpresa que me hizo terriblemente feliz.
Dejaste todo y viniste a Londres por mí.
Te encantaban las estrellas rojas.
Me convertías las pesetas en euros porque sabías que no lo entendía.
Me regalaste miles de cosas bonitas que todavía están en mi habitación y que no creo tener el valor para guardar.
Lloraste.
Me cuidabas a la distancia.
Besabas todos los días mi marquita de la espalda.
Entendías ciertas cosas de mí que nadie más entiende. Como por qué siento que me tocás cuando no lo estás haciendo.

Pero creo que ya es hora de dejar de sentirme culpable y admitirme que intentamos arreglarlo muchas veces, y que no se pudo.
Es momento de dejar de castigarme y dejar que todo siga su curso, sea cual sea.

Siempre vas a ser SM para mí.

1 comentario:

  1. Joder... es increíble.
    Me pones los pelos de punta Ann (¿te llamo Ann o Ana o annianka o fetiche?).

    Desprendes más que escribes.

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