22.10.08

Objeto de estudio.

Tenés una manera muy rara de mirar. De reojo, pero intensamente.
Una manera de peinarte con los dedos que fue lo que más me fascinó de vos al principio.
Calcetines blancos. Siempre, que yo recuerde.
Ojos hundidos, ojeras marcadas, nada desagradables. Como Viktor. Personalidad.
Una voz grave, que se acelera demasiado al hablar.
Dedos finos.
Lunares en la nuca, cerca de la oreja derecha.
Gestos medidos, tranquilos, pensados. Hasta que algo te recorre y te repente sos electricidad pura, movimiento constante.
Risa ronca, espontánea.
Llevo tres años observándote, vigilándote, perdiendo la vista en tu persona.
Llevo dos años leyéndote, intentando adivinar qué hay detrás de tu silencio.

¿Sabés qué? No lo sé.
El misterio sigue ahí.
Tu mente no me permite la entrada.
Y a pesar de mi curiosidad innata, de que me da ganas de gritar y patalear y quejarme porque me dejes fuera, de mis inútiles intentos por escabullirme, creo que estoy bien así.
Que me acostumbré tanto a mirarte, que no me importa no poder conocerte.



........................................................................¿Era una mirada de socorro?

1 comentario:

  1. No sé si te lo has planteado, pero había un señor llamado Occam que decía que si nunca te decía nada, lo más probable es que no tuviera nada que decir. No digo que siempre acierte, pero el tío tenía sus momentos.

    Quiero decir que es muy bonito quedarse con el cuento, pero cuidado, que lo mismo se te rompe.

    (Aunque yo siempre he sido de los del ciento volando).

    ResponderEliminar