30.4.12

Blanco y turquesa.

Sentada en su cama blanca, viendo cómo el sol jugaba con su cara y pelo, me di cuenta de que era hermosa.
Era hermosa y estaba triste, y no había nada que yo pudiese hacer con ninguna de las dos cosas.

29.4.12

Jirones.

Los días cocinando juntos. La manera de tocar el timbre para saber que era el otro. Lo pequeños rituales de convivencia. Los mails diarios cuando no estábamos juntos. Preparar dos desayunos porque él tarda más en vestirse. Las quejas del primero que se metía en la cama, porque le tocaba calentarla. El beso en la cabecera de Big Bang. Cenar en nuestros bares y restaurantes. Decidir de repente que vamos a salir a emborracharnos a chupitos. La frase que le dijo un amigo ('Joder, macho, como te lo montas') porque su compañera de piso había hecho la comida y yo estaba haciendo tortitas. No hacer nada especial por San Valentín, simplemente estar juntos. Las semanas buscando los regalos perfectos... y terminar regalándonos lo mismo. Ver un concierto de Maga mientras él me abrazaba. La manera que me malcriaba a base de galletas rellenas de chocolate y helado y patatas con forma de corazón y filetes rusos y puré de patatas como me gusta y tortilla rellena. Que me llame Christina Hendricks (y reírme en su cara). Mi maravillosa familia política, a pesar de su manía de engordarme para Navidad. Nuestras discusiones interminables sobre música y cine y series. Dormir la siesta juntos. Ponerme celosa de actrices que les gustaba y a las que nunca conocerá, como Eva Mendes. Que me dejase dormir más de lo que quería porque estaba adorable durmiendo. Acostarnos en el sofá a ver la tele, a pesar de que el sofá no sea tan grande como para entrar los dos. Cuando nos poníamos guapos y teníamos una cita de verdad. El olor de su colonia/perfume. Como corria cuando mi autobús salía de Plaza de Armas para volver a saludarme desde el paso de cebra (y como me dolió cuando la última vez que me fui de Sevilla no lo hizo porque me di cuenta de que realmente había terminado). Caminar de la mano las noches de verano. Como me besaba la nuca cuando tenía el pelo corto. Estudiar Lengua en la cama en septiembre. Salir en busca de una farmacia y patatas fritas de madrugada en Granada. Despertarnos cada día con una canción distinta, dependiendo del ánimo y actividad del día. Ser un pack. Los motes y chistes privados. Las películas que marcaron nuestra relación. Recordar nuestra primera noche en nuestro bar, sentados en nuestro sofá, mirando el culo de Paula. Mostrarle cosas de Sevilla que él no conocía. Crear grupos de Facebook juntos. Pensar ideas audiovisuales. Llorar mientras él me abrazaba. Los dibujos de cerditos en mis apuntes. Las notas de amor en nuestras habitaciones. Los viajes a IKEA. No poder dormir sin él. Llevarle ibuprofeno y meterme en la cama a abrazarlo cuando tuvo fiebre por la muela del juicio. Como las 24 fotos de su cámara desechable son fotos mías, "para tener 24 fotos de algo bonito". Las sesiones de aftersun cada una de las veces que me quemaba la espalda. Ducharme a toda velocidad mientras él estaba sentado al lado, para poder contarle mi día en las prácticas porque no tenía tiempo y tenía que volver a salir. Las conversaciones en voz baja a la noche. Despertarnos al son de su compañero de piso/amigo cantando mientras fregaba los platos. Dejar cosas mías ahí para cuando pasaba la noche, en mi parte del cajón. Organizar fiestas y noches y cumpleaños y reuniones para él y nuestros amigos. Que me abra la puerta en calzoncillos y yo indignarme porque nunca se había asegurado de que era yo. Nuestras noches de cine y discusión post-cine mientras volvíamos a casa. Los helados de la Alameda. El yogur con frutas del bosque del McDonalds. Darnos la vuelta sincronizados mientras dormíamos. Su mechón de pelo canoso. Compartir champú, gel, pasta de dientes, cera para el pelo. Oler a él cuando lo hacía. Contarle historias. Su foto disfrazado de Curro. La manía del padre de vendérmelo porque cuando era chico era ario. Estudiar juntos. Que siempre me ayude a terminar los trabajos que dejaba para último momento. Sus "¡Tú puedes plátano!". Ver Friends, Phineas y Ferb y Bob Esponja mientras comíamos. Los besos en el ascensor. Animarnos mutuamente con clases, prácticas, trabajos y exámenes. Ayudarlo a buscar piso (sólo un poquito). Vivir juntos. Usarlo y que me use de cojín. Ver School of Rock una noche de junio/julio muy calurosa, sentada en el suelo entre sus piernas, comiendo helado. Cantar la canción durante una semana mientras bailábamos por la cocina. La manía de los mosquitos de picarlo sólo a él. Intentar evitarlo comprándole velas de citronela y fallar. Ayudarnos mutuamente a mudarnos. Acompañarnos mutuamente al médico. Comprar en el Lidl cosas orientales para hacernos. Que venga a mi piso a dormir después de salir con amigos o compañeros de clase, los días que a mí no me apetecía salir. Acostarme sobre él en esa postura que no sé cómo no era incómoda, porque debería serlo, pero no lo era. Los paseos por la Fnac. Sobornarlo para que venga de compras conmigo, diciéndole que puede elegir lo más horrible de la tienda para que yo me lo pruebe, o que me iba a ver probarme gafas de sol enormes y horribles. Que la madre me encargue que lo lleve a comprarse ropa. Abrazarlo mientras apoyaba mi cabeza en el hueco entre su cuello y su hombro. Nuestras canciones de los '80, especialemente Mecano y sus maravillosas rimas. Tener mi propio albornoz y pantuflas en su piso. Escabullirnos de las fiestas para besarnos un poco. El cómic de Niña Gatito que me hizo su hermana (y que está enmarcado en mi habitación). Llamarnos Nene Pene y Nena Tetas porque lo sacamos de una novela, y reírnos de lo ridículo que era. Inventarnos historias de personajes inverosímiles, como Caradepene, que el pobre tenía una vida muy triste. Que me haga desfilar por la Pasarela Cibeles. Su manera de mirarme. A pesar de estar viviendo en su piso, ir a mi piso nuevo de noche a descolgar y doblar nuestra ropa. Las velas en la mesita de noche. El vestido que me regaló y que nunca usé si no lo iba a ver a él. Nuestros largos besos después de un fin de semana. Como su vecina asumía que vivía con él. Limpiezas conjuntas después de una fiesta. Pasárnos música, enlaces, chistes, cortos, videos. Hacerlo morirse de frío para que yo pueda hacerle fotos para una práctica. Escribirle un cuento por su cumpleaños. Descargarle cosas cuando no tenía internet. Mirar si había luz en su balcón cada vez que pasaba cerca de su piso, incluso cuando no estábamos juntos. El que siempre me diese el vaso más grande. Cocinarle cosas ricas y dulces. Ser la que se levanta a apagar el despertador y después tener que despertarlo a él. Usar el cargador del otro porque nuestros móviles eran del mismo modelo. Tener que dormir en el suelo la semana en la que la cama se rompió. Cantar a duo Atrapados en la red en un taxi. Disfrutar los fines de semana porque podíamos dormir todo lo que queríamos y después quedarnos en la cama hasta que tuviéramos tanta hambre que nos rugiesen las tripas, y después volver a la cama si queríamos. Calentarnos mutuamente en invierno, intentar alejarnos en verano, no conseguirlo.

Todo esto es lo que forma nuestra relación. ¿Es lo que formaba nuestra relación?
Entre medio están las discusiones, los malentendidos, mi necesidad de alejarme durante un tiempo, mis enfados sin sentido, mis enfados con sentido, las habladurías de amigos y "amigos", los mismos problemas una y otra vez.

Pero ahora, una vez pasado un tiempo, las cosas malas empiezan a difuminarse, y las buenas a resurgir.

Y ahora, una vez pasado un tiempo, todavía no puedo ver una foto suya y entender que ya no sea parte mía.

23.4.12

Los celos son algo curioso.

20.4.12

Waves.

De repente, y de la nada, me invade una ola de amor hacia él.
No sé de donde viene ni me importa demasiado.

Saber que existe es suficiente.
Él y lo que siento.

19.4.12

Mr. Big redux

Pasamos de ser cuerpos-imanes, atraídos irremediablemente al otro, a que me abrace con ternura mientras lloro en su cocina.
Me gusta el cambio.

Lealtad.

- Es que como estabas "enamorado" de El Novio...
- Sí, pero vos sos mi hermana


Mirmano, siempre con esa lógica aplastante y que te llega al corazón.

6.4.12

Skin turns into glue.

Es la manera que tiene de tocarme.
Como si adorara cada centímetro de mi piel. Como si de hecho tuviese ojos en los dedos y no pudiese dejar de mirarme.
Es el calor que transmite, la paz que transmite con cada caricia y cada arrumaco.
Y es la manera que tiene de, después de inspeccionar cada recoveco de mi cuerpo, decir que toda yo soy 'bonita' y hacerme sentir que soy perfecta, hecha de polvo de estrellas.

23.3.12

Es increíble lo alejada, y no sólo físicamente, que me siento de alguien que fue mi vida durante casi dos años.

19.3.12

Advice to myself

Quizás si dejase de liarme con los ex de mis amigas, dejaría de pasar el mal rato de tener que contárselo.

26.2.12

Item.

Es lo que quiero, pero a veces me olvido que ya lo tuve.
El acompasar los movimientos y los gestos al otro y parecer una sola persona; el vestirse combinados sin intentarlo, prácticamente con el mismo estilo; el saber lo que el otro está pensando y poder seguir su linea de pensamiento; el comunicarse sin hablar, sólo con un apretón o un gesto con los ojos.
El estar compenetrados, el ser una pareja como sólo el tiempo, la costumbre y la rutina pueden hacerte.

18.2.12

Libertad.

Estoy de pie, desnuda, delante de la ventana.
Fuera todo está oscuro. Veo las siluetas de los árboles y detrás las ventanas iluminadas de los vecinos.
Pero eso no importa. Lo que importa está dentro.
Ocurre entre estas cuatro paredes.

Ahí estoy yo, alumbrada por las mismas luces rojas que me acompañan cada noche desde hace años, sabiendo que esa soy yo. Ese cuerpo es mío. Esa mente es mía. Esta vida es mía.
En una habitación que no me pertenece, en una casa que no me pertenece, en un país que no me pertenece, soy yo.

Lo bueno, lo malo, los defectos y las virtudes, pero yo.
Y después de tantos años de buscarme, sienta bien encontrarse de vez en cuando.

13.2.12

The only exception.

"Tengo ganas de hablar con vos. Pasear.
Ya sabes, lo nuestro. Lo de siempre. Lo de casi nunca.
(...)
Pero no me gusta hablar por aquí de esas nimiedades contigo.
Prefiero contarte cosas verdaderamente importantes, como que el cordón de mi bota se rompió al engancharse en la escalera mecánica.
O que la última palabra del libro que me estoy leyendo es "Grace".
O que un botón de mi abrigo ha decidido separarse del resto y huir a descubrir mundo.
O que he visto una hoja que se elevaba en el aire al pasar por uno de los conductos de ventilación del metro que van a dar a la calle.
Y me ha recordado a vos.
Y a American Beauty.
Y me ha dado nostalgia no tenerte cerca.
A mi lado. Y abrazarte. Y olerte."

Te quiero.
Por cosas como esta y por tantas otras.
Te quiero.

Palimpsesto.

Quiero vaciarme.

Vaciarme de palabras, gestos, sensaciones, recuerdos, sentimientos, lugares, vos, yo, ellos.
Poder renacer, nueva, limpia, vacía, otra.
Quedarme sin nada para poder volver a empezar.

Pero nunca podés deshacerte de todo.
Siempre quedan restos, historias, personas.
Porque lo que vivimos es lo que somos.
Porque lo que vivimos es lo que se queda con nosotros, por más que intentemos cambiar y olvidar.

3.2.12

Todo lo que te gusta de mí me lo dieron otros.

3.1.12

Ansia.

Salvaje, primigenio, eléctrico.
Era sexo.
Era hambre, deseando devorarnos, insaciable, imposible separarnos.
Dedos sedientos que apenas rozan la piel pero que es como si la quemaran, metáforas vacías de novela romántica que cobran sentido de repente, al descubrir que no hay suficiente, que no tenemos suficiente, que nunca tendremos suficiente.

12.12.11

Sucede que me canso de ser.

Me canso de no saber dónde estoy parada, de los juegos que significan cosas diferentes para cada uno, de volver a casa sintiendo tu mano en mi rodilla, de no saber cómo hablarte, cómo explicarte, cómo hacer que entiendas que no sos quien creés que sos, que tenés más para ofrecer de lo que pensás, que la única manera de que la gente deje de verte como solías ser es que dejes de actuar como el misógino que eras, y empieces a actuar como la persona madura y con su propia moral que sos ahora.

Me canso de luchar para mantener lo que tenemos, de hacer todo el esfuerzo, de recibir migajas de tu atención, de preguntar "¿cuán alto?" cuando me pedís que salte.

Me canso de ser la única que está en esta relación.

30.10.11

Cosas que nunca te dije (pero aún puedo hacerlo)

Eras, a falta de palabras mejores, un digno adversario.
El que podía ponerme en mi lugar.
El que me empujaba a ser mejor.
El que lograba que reconociese mis errores.
El que sabía cómo era y lo respetaba, pero no dejaba que me saliese con la mía.
El que estaba a mi nivel.

Eras mi igual. Los dos luchábamos por dominar, por lo que ninguno lo hacía.
Lo único que desequilibraba la balanza de poder era la diferente intensidad de nuestros sentimientos por el otro.

Eso es lo que busco. Alguien se sepa sacar lo mejor de mí, que sepa manejar lo peor, que me haga mejor persona.
Un reto, un desafío, una oportunidad para crecer.

20.9.11

AzulRojo.

Cuando se despertó, ya estaba ahí.

No era un dinosaurio, como cualquiera supondría.
Era de nuevo eso. Esa especie de pesadez en la planta de los pies, ese pinchazo
debajo de la costilla flotante derecha.
Salió de la cama y supo lo que pasaba.
Era una de esas mañanas en las que no le daría tiempo a desayunar, viajaría
aplastada entre viejas que se creen mejor que ella y probablemente llegaría tarde. La
cosa no terminaría ahí, no: tendría que aguantar horas interminables de cháchara sin
sentido y probablemente algún documental de esos que no sabés si matarte, matar al
profesor o entrar en furia berserker y acabar con toda la clase. Seguro que llovería.
Tendría que pasarse los ratos muertos mirando las gotas, y las nubes, y las trombas
de agua. Sin paraguas, claro. Aparecería algo a último momento y llegaría a casa a las
17, famélica, chorreando y después de haber metido el pie hasta el tobillo en un
charco de agua turbia. Todo para encontrarse con que volvió a entrar agua en su
habitación (con la ventana cerrada, por supuesto) y que se acabó la bombona: adiós
comida rica y ducha calentita. Intentaría estudiar, pero estaría tan cansada que se
quedaría dormida y se sentiría culpable el resto de la tarde. Para cuando lleguen las
21, sólo querría meterse en la cama y arroparse la cabeza con una manta.

Entonces le llegó ese mensaje. Y sonrió.

“Chica roja, no estés blue”


Sunday blues.

Como náufragos, deambulábamos entre libros y tabasco, entre palillos chinos y merchandising de Star Wars, entre galletas importadas y destornilladores.
Como zombies, veíamos sin mirar, pasando de objeto en objeto, concentrándonos sólo durante unos segundos. Nos cruzábamos, nos chocábamos y veíamos en el otro el reflejo de nuestra propia expresión. Todos buscábamos algo, una distracción, una adicción, un entretenimiento.
Éramos domingueros desesperados por que fuese lunes.

En el hilo musical sonaba Billie Holiday

Fact XXVIII.

Echo de menos el sexo sucio, desordenado, de condones en el suelo, de revolcarnos en una cama llena de sudor y semen, de pantalones sin ropa interior para salir de la habitación.

7.9.11

¿Cómo habríamos sido si esa noche, la primera noche, hubiese pasado algo entre nosotros?
¿Habría un "nosotros"?
¿Existiríamos siquiera?

4.8.11

Twist.

Era raro verlo y saber que no era mío, verlo y no poder tocarlo.
Tener que escondernos para hacer lo que hacemos siempre.
No poder decir ciertas cosas.
Amordazar a los demás como medida preventiva.

Era raro no poder mirarlo como siempre.
Verlo interactuar con alguien nuevo, de otra manera.
Sentirme cohibida, acomplejada, inferior a.

Pero aún así seguíamos siendo nosotros.
Aún así vino y me susurró lo que sabía que necesitaba escuchar.
Aún así algo me impulsó a buscarlo y disculparme, y cuando nos miramos supo que tenía que disculparse también.
Aún así buscamos la manera de ser nosotros sin hacer daño.

Nosotros y los otros.
Y eso no cambia.

Fact XXVII.

Lo que más me molesta es no tener a nadie a quien contarle ciertas cosas, ni ningún sitio realmente privado.

A she.

La observo. Su cuerpo, sus movimientos, sus palabras.
Intento descubrir por qué ella sí y yo no, por qué logró lo que yo quería.
A pesar de gustarme mi posición actual, permanente, no como a la suya.
Pero no puedo evitar pensar en la historia, en los recuerdos, en las imágenes, en las fantasías, y en como ella ahora está donde estuve, pero mejor.

¿Qué es preferible?
¿Algo efímero pero pleno o algo permanente a medias?

1.8.11

Fact XXVI.

No hay nada peor que enfrentarme a la novia (perfecta físicamente) de Mr. Big mientras yo estoy en bikini.

28.7.11

Estoy jugando a no pensar

Pero aún así no puedo apagarme el cerebro por las noches.

24.6.11

Más misoginia.

Llevo años intentando demostrar que no soy como esas, como ellas, esas arpías sin corazón que juegan con los hombres, que histeriquean, que manipulan intentando tenerlos a sus pies.
Años siendo una persona medianamente equilibrada (en mi relación con ellos, no en mi vida), una persona que dice lo que quiere y cómo lo quiere, que se enamora hasta las trancas y lo demuestra, que intenta cambiar lo que duele y hace daño a la otra persona.
Pero según la opinión pública no me he transformado ni en una ni en otra, sino en una devora-hombres que tiene demasiadas relaciones, que alardea sobre ellas, que se parece más al prototipo de hombre ganador/mujeriego de lo que debería, porque es una mujer.
Una mujer que debería mantener su reputación, tener cuidado con lo que habla en ciertos lugares, que no tiene derecho a quejarse si sus “múltiples” relaciones la ponen en situaciones comprometidas.
Lo más doloroso es que los reproches vienen de alguien que estuvo del otro lado, que yo creía que me entendía y me aceptaba como ningún otro, alguien al que le gustaba que fuese como soy, con el que comparaba a todos los otros en materia de tolerancia.
Las cosas cambian.

11.6.11

Época de exámenes.

Dos veces al año nuestra sociedad genera una nueva especie: los estudiantes universitarios. Cualquiera podría argumentar que los estudiantes universitarios existen a lo largo del año, pero no. Es sólo en febrero y junio que los llamados “estudiantes”, de hecho, estudian.

Estos zombies, pálidos y ojerosos, pasan semanas de aislamiento. Salen de casa tan temprano que el sol no brilla, y vuelven mucho después del atardecer. Faltos de sueño, las pocas horas que duermen se sienten culpables, por lo que no descansan. Esto se traduce en susceptibilidad y delirios generalizados.

Podrán reconocerlos fácilmente en cualquier supermercado (junto con las bibliotecas, su único contacto con el mundo exterior). Se los verá comprando bebidas energéticas, café, productos de limpieza, bollería, pizzas, comida pre-cocinada o congelada. Si es verano, productos dietéticos. Si es invierno patatas fritas y caramelos en cantidades industriales.
También los delatan las marcas de las gafas en la nariz, las mochilas llenas de apuntes, y en los casos más extremos, el pelo atado con descuido, la sospecha de que se vistieron con lo primero que encontraron en el suelo y, en invierno, los pijamas que asoman por debajo del abrigo.

Su comportamiento es de lo más peculiar. Las neuronas, sobrecargadas de tanto esfuerzo, tienen problemas para realizar la sinapsis, por lo que se olvidan de las palabras, se ríen como posesos de cosas sin gracia, hablan con palabras rimbombantes, explican a todo el que quiera escucharle conceptos científicos, van por ahí dando saltitos y buscan cualquier excusa para celebrar lo que sea.
Deseando contacto humano, los verás salir de madrugada a sacar la basura, eufóricos por abandonar las cuatro paredes en las que estuvieron confinados todo el día.
En junio también se los puede encontrar mendigando cajas de cartón en los comercios a las nueve de la mañana o tirando a la basura bolsas y bolsas llenas de papeles: durante esta época también se están mudando.

En cuanto a su vida en el hogar, se recomienda a los padres no visitarlos: la limpieza no es una prioridad. Milagrosamente todos desarrollan sistemas inmunológicos capaces de sobrevivir en ese ambiente, por lo que nunca enferman.
Sus horarios y formas de socialización con sus compañeros de vivienda también se ven trastocadas. Comerán a la una de la tarde o a las cuatro, pero no entre esas horas. Tomarán siestas a las siete de la tarde y cenarán a las dos de la mañana. Pasarán horas encerrados en sus habitaciones, y el único momento en el que se relacionarán con sus compañeros de piso será por la noche, cuando coincidan todos en las zonas comunes.

A pesar de que suelen relacionarse sólo entre ellos, manteniendo conversaciones ininteligibles para el resto de la raza humana, se recomienda a la población general que se mantenga alejada: pueden ser peligrosos, o al menos, desconcertantes.

5.6.11

Me han visto desnuda. Nos hemos besado. Hemos hecho el amor. Hemos follado. Me han acariciado. Han compartido mi vida. Nos hemos hecho fotos. Nos hemos escrito cosas de amor. He viajado con ellos. He hecho locuras con ellos. He vivido con ellos. Ellos han sido mis amigos.
Ellos son mis amigos.
Eso es lo que importa ahora.
No todo lo que haya pasado entre nosotros.
Lo que importa es que son mis amigos. Son mis amigos porque estuvieron ahí en parte de mi vida, porque me conocieron como nadie pudo, porque guardan mis secretos así como yo guardo los suyos, porque vivimos muchas cosas juntos, porque podemos contarnos de todo.
Parte de ellos es pasado, un pasado en el que no estoy por alguna razón.
Parte de ellos es presente, un presente al que recurro porque me conocen más que nadie.
Son mis amigos, y eso no cambia nada.

28.5.11

Humbert Humbert.

Lo conocí cuando tenía 16 años.
Padre de un compañero mío del IVA, era nuestro acompañante en nuestro viaje de fin de curso.
Nosotros nos quedábamos en carpas/tiendas de acampada, mientras que él, a sus 45 años largos (probablemente 50), se quedaba en un bungalow, donde todos nos duchábamos haciendo turnos.
Él, sentado a la mesa de la cocina, escribía en su portátil. Nosotros esperábamos a que los demás terminasen.
Un día, mientras esperaba a una amiga, decidí agarrar el libro que estaba encima de una pila de libros que había sobre la mesa. La prisión de Cronos.
Dijo que era la primera que agarraba un libro. Y así empezó todo.
Estuvimos cuatro horas hablando de libros, escritura, mi futuro viaje a España, la vida. Me mostró cosas que escribía. Me hizo sentir bien conmigo misma, adulta, interesante.
Me prestó el libro, me invitó a una cerveza, me hizo partícipe de su mundo.
Cuando se fue, me dejó el libro y su dirección de mail para devolvérselo.
Quedamos en la cafetería Homero Manzi. Él, tanguero, no podía haber elegido un lugar mejor.
Llegué sintiéndome rara. Pero una vez ahí lo supe. Había algo entre nosotros, algo que iba más allá de edades y cuerpos, algo que nos conectaba y nos hacía sentir en sintonía.
Simplemente encajábamos.
Apostó conmigo que iba a escuchar un tango en menos de un año, por nostalgia. Si yo ganaba, me regalaba La prisión de Cronos. Gané, pero nunca recogí mi premio.
Durante un año y medio nos escribimos e-mails.
E-mails donde le contaba mi adaptación a este extraño país al que ahora considero mío, mis amoríos y aventuras. Él me hablaba de su ex mujer, sus amores, sus hijos, su primera nieta.
Hablábamos de la vida, del amor, de la filosofía. Me mandaba textos, propios y ajenos, me recomendaba libros, me mostraba pedazos de lo que él era y de lo que yo, casi sin darme cuenta, me he terminado convirtiendo.
Él creía en el amor sin ataduras, en la honestidad como la única fidelidad, en disfrutar a cada paso.
Decía que yo no debería existir pero existía, que era una cosa que lo atraía y que por eso me temía, decía que me daría todo lo que quisiera, que se entregaría si era lo que quería, decía que vivía dentro de él para siempre. Me besaba con palabras, con intenciones.
Me llamaba hermosa, divina, preciosa. Me veía llena de vida, florecida, maravillosa.
Decía “me gustaría jugar con vos, como si fuéramos chicos los dos, muy chicos. Me gustaría tener días totalmente abandonados, sin ocupaciones, en una casa llena de piezas y con un parque grande, sin nadie más. Con comida de sobra, sin teléfono, una video grabadora, una TV, una filmadora, y sin órdenes, ni tareas de ningún tipo, sin relojes, dedicados sólo a jugar sin límites, sin saber del mañana, ni hablar del pasado, inventado un presente sin utilidades, ni presupuestos.”
Yo quería todo eso. Quería y a la vez no. Quería pero me daba miedo. Me daban miedo los prejuicios, las edades, las familias, las expectativas. Yo me dejaba querer.
Con el tiempo dejé de responder. Con el tiempo dejó de escribir.
Así, el 23 de julio del 2006 recibí un e-mail desde su dirección.
Otra persona, escribiendo en su lugar, hablaba de un legado, de un blog con sus textos, de no haber tenido tiempo de terminar proyectos, de una herencia.
Humbert me había dejado. Pero yo lo había abandonado mucho antes.

De él me quedan textos y recomendaciones, recuerdos y conversaciones, notas garabateadas del libro que me prestó, una servilleta de un bar y una manera de vivir que todavía no me atrevo a poner en práctica.
Él, en algún lugar, tiene un marcapáginas con mi dedicatoria y un libro que me pertenece.
Hoy volví a escribirle. “Te extraño”.

11.5.11

Brillantes, nos despertamos cegados por la luz, bañados en sol.
Desnudos, nos estiramos como gatos. Las imperfecciones al aire, las erecciones al aire.
Remolones, nos besamos, seguros de que queremos hacer esto mismo mañana.

30.4.11

Dream a little dream...

Soñé con vos.
En el sueño me abrazabas por detrás y me levantabas unos centímetros del suelo, como solías hacer antes, cuando te daban ataques de amor injustificado hacia mí.
Antes, cuando no nos decíamos que nos queríamos pero lo hacíamos.
Antes, cuando todo contacto físico lo habíamos prohibido.
Antes, cuando todavía estaba enamorada de vos pero no te conocía.
Antes, cuando éramos la mitad de lo que somos ahora.


A veces echo de menos esos abrazos inesperados, que me sobresaltaban y me calentaban la barriga.
Pero, cariño, eso es lo único que echo de menos.

22.4.11

Duda II.

A veces no sé cuántos de los cambios en mi vida son porque maduré y cuántos son porque estoy sobreviviendo en lugar de vivir.

3.4.11

Miedo.

A medida que crecemos, nuestros miedos crecen. Empezamos a darnos cuenta de la fragilidad de nuestros cuerpos, de nuestras emociones, de nuestra vida. Somos más temerosos: ya no trepamos, ya no damos volteretas, ya no hacemos nada que pueda hacernos daño. Ya no pensamos "lo intento, y si no funciona no pasa nada". Dejamos de arriesgar. Somos más conscientes del dolor físico, del daño emocional, de que no siempre se puede empezar de nuevo. Descubrimos que todas las experiencias nos dejan cicatrices, que todas las personas nos afectan, que hay cosas que no se pueden deshacer. Empezamos a temer al sufrimiento, al dolor, a la muerte, a la pérdida. Nos atemorizan las infinitas posibilidades que existen de perder a nuestra familia, amigos, a parte de nosotros. Tememos a los exámenes, a los huesos rotos, a las operaciones, a los embarazos y los partos, a la soledad, a los corazones rotos, a la inestabilidad laboral, al futuro. ¿Es posible no tener miedo? ¿Podemos vivir sin pensar en las consecuencias? ¿O sólo podemos intentar que el miedo no nos paralice?

28.3.11

Before sunrise.

"Si alguien me diera a elegir ahora entre no volver a verte y casarme contigo, me casaría contigo." Sin saberlo, dos años antes de ver esta película, yo pensé exactamente lo mismo. El primer día, sin que nadie supiese que estaba ahí, sin tener que dar cuentas a nadie, sin ningún sitio donde ir, sin ninguna ocupación real, lo conocí y nos conocí. Habría elegido eso. ¿Me habría equivocado? Probablemente. Pero no puedo evitar pensar que esos días fueron tan únicos, tan especiales, que dentro de 10 años seguirán siendo lo más romántico que he hecho jamás.

22.3.11

¿Dónde te voy a meter cuando todo esto se termine? ¿En una caja de qué tamaño? ¿Grande como Sevilla, donde somos más nosotros? ¿Grande como todos nuestros amigos? ¿Grande como nuestras habitaciones? ¿Grande como nuestras familias? ¿Grande como nuestro amor? ¿Dónde?

15.3.11

Ira.

Últimamente siempre estoy inclinada a mandar todo a la mierda. A las situaciones, a los trabajos, a las relaciones, a las personas.
Personas cercanas, lejanas, intermedias.
Alejar a todos y todo antes de explotar, como el hombre-nuclear de "Heroes".
Porque estoy enojada, enfadada, cabreada, molesta.
Porque no sé hacia dónde voy, porque la gente me reemplazó en sus vidas, porque mi ahijado tiene una enfermedad horrible y yo no puedo hacer nada, porque ya no sé quién soy, porque mantener una relación larga (eterna) es cada vez más complicado, porque siento que debería estar en otro lugar, porque cada vez me siento más sola aunque esté rodeada de palabras virtuales que antes me hacían sentir acompañada.
Ahora esas palabras virtuales no son nada, no son ni caricias ni cosquillas ni abrazos. Son personas de las que estoy lejos, de las que me siento lejos, que antes eran todo y ahora no son nada, ocupados con vidas donde yo no tengo lugar, con personas que sí están ahí.
Ahora todos los sentimientos son falsos, los recuerdos son robados, la que era nuestra historia es de otra.
Ahora no soy y no estoy.
Estoy enojada, enfadada, cabreada, molesta porque nada es lo que quiero, porque no quiero nada más que esta burbuja, porque la persona que está a mi lado no sabe ni como tratarme, intentando esquivar mis tarascadas, intentando no hablar, no decir, no pensar, pero a la vez sin aprender, sin entender, sin dejarme ser.
Me enojo por todo y por todos.
Me enfada este momento, este ostracismo.
Me cabreo conmigo, porque no me entiendo.
Me molesto. Me molesta. Me molesta molestar y cabrear y enfadar y enojar.
Pero no puedo evitarlo. Porque esto sube y sube y no puedo parar y entonces grito, lloro, pateo, chillo, coloco a gente en una lista negra imaginaria que cada vez es más larga, intento respirar pero me ahogo, la furia me ahoga, me obliga a no ser yo, a dejar de sonreír, a sacar a la persona que conseguí enterrar con 15 años, a esa que sólo tenía gente que le tenía miedo, a esa que todo contestaba con sarcasmo, a esa cuyas amigas admiraban por ser borde, por ser cruel, por ser odiosa.
Mary Fuckin' Sunshine.

13.3.11

Él.

Cambian las cosas.
Cómo cambian las cosas.
Cambian para bien y para mal. Cambian para bien y para mejor.
Cambian por el tiempo, pero también cambian por las experiencias.
Las miradas son las mismas, pero no son iguales.
El escalofrío sigue ahí, en la punta de los dedos, en la base de la nuca. La electricidad de su tacto, el silencio que se hace cuando me mira. El magnetismo que nos une y que procuramos evitar porque no, no se puede, no ahora, no con todos estos cambios.
Con él soy yo y sólo yo. Me obliga a ser sincera, a confesar lo que no confesaría, a no mentirme ni a mi misma.
Pero ya no es igual. Ahora somos diferentes, ahora crecimos, ahora ya nunca será padre. Ahora pide ser padrino. Pide ser padrino y estar en mi boda y yo me pregunto si alguna vez el magnetismo se acabará, si dejaré de levitar hasta él, si seré capaz de casarme con él detrás, mirándome y sabiendo que me mira, si podremos superar eso como superamos todo lo demás. Si algo no se perderá cuando lo superemos.
Nuestro futuro es distinto. Distinto al que supongo que teníamos, a los muchos futuros alternativos que fuimos eliminando con nuestras acciones. Porque podríamos habernos olvidado, podría haberme herido de muerte, podría haberme usado y tirado, podría haberse enamorado de mí, podríamos haber perdido el contacto, podríamos ser algo que olvidar, podríamos...
Pero no. Somos lo que somos ahora, que es lo que seremos en ese futuro que los dos sabemos que tenemos. Él seguirá siendo al que llame cuando necesite oír su voz grave para sentir que todo está bien. Yo seguiré siendo a la que le puede decir lo que no puede decirse a si mismo.
Nunca seremos la idea original, lo que con 16 años pensaba que seríamos. Y eso está bien.

Como él dice, "somos nosotros gracias a lo que no somos."

26.2.11

Bon voyage.

Mañana, una de mis mejores amigas parte hacia Francia a trabajar de enfermera durante un año.
Fue algo sorpresivo, que se decidió hoy a las 9 de la mañana, y que nos descolocó a todos.
Pensábamos que teníamos más tiempo, que llegaríamos a Carnavales juntos.
Hoy también me enteré que otras dos grandes amigas mías se van a Escocia e Italia el curso que viene de Erasmus.
Y no puedo con todo eso.
Porque no sólo yo estaré sola y encerrada ahora que no van a estar ninguna de las tres, si no que esto es el principio del fin.
De ahora en más será más difícil vernos, estaremos más repartidos por el país y el mundo, nuestras vacaciones ya no coincidirán, dejaremos de ser quienes somos.
Durante estos últimos cinco años, sabíamos que íbamos a estar todos juntos en Navidades, Semana Santa y el verano (aunque últimamente coincidíamos todos sólo una semana o dos).
Ahora no.
Ahora hay contratos de trabajo, más aeropuertos y menos autobuses, más kilómetros, más fronteras, más distancia.
Se acabaron las piscinas, las noches de zumos y risas, las noches de alcohol y risas, los viajes semi-improvisados a través de Extremadura, las fiestas en los campos, nuestra idea de sobrevivir sólo nosotros, alejados de todos, en nuestra mini-comuna autosuficiente.
Sólo nos quedarán una o dos veces al año, intentar hacer como que no estamos incómodos y ver la vida de los demás a la distancia: rupturas, relaciones, viajes, mudanzas, trabajos, bodas, hijos.

La vida sigue.
No me gusta que la vida siga.

22.2.11

Otro ciclo, otra droga.

"El pronóstico no es bueno, pero él está bien."
Eso no me sirve. Eso no me sirve y nunca me sirvió.
Necesito que el pronóstico sea bueno, necesito que esté bien.
No puedo recibir esa llamada, y llorarlo a la distancia, y ver morir algo mío pero que nunca fue mío a la vez.

Pedí por él en la Catedral de Lausanne. No fue mucho, sólo un post-it con su nombre en una pared de oraciones. Todo lo que mi maltrecha fe me dejó hacer sin sentirme una hipócrita, sin tener que recurrir a esas oraciones gastadas y vacías que me enseñaron hace mucho tiempo.
Un pequeño post-it. Pequeño como él.
Como las caritas que me miran desde ese portarretrato que me armó mi mamá con sus fotos, pero que me dijo que no lo mirase cuando estaba mal, para mandarle sólo energía positiva.
Ya no necesita energía positiva, ni que yo llore, ni drogas por vía oral (también).
Necesita un milagro.
Y yo no puedo hacer nada.
Ni estar ahí.



Fuck.

5.2.11

Respirar hondo y saltar.

Ese miedo infinito que da el enfrentarse a una cama fría y vacía.
Casi tanto como saltar a una piscina desde un trampolín.
Un salto al vacío.

3.2.11

Aniversarios.

Hace unos días hice mi primer año con alguien. Con cualquier persona, de hecho.
Nunca nadie me había soportado tanto tiempo. Nunca yo había soportado a nadie tanto tiempo.
Así que ese día nos pusimos guapos para el otro, y salimos en una "cita de verdad". Eso es algo que no entiendo, lo de las "citas de verdad": es como si intentásemos hacer olvidar al otro que ese día nos levantamos juntos y estábamos despeinados, todas las veces en las que nos vimos en un estado penoso, los resfriados y las montañas de pañuelos usados, la comida entre los dientes, todas esas cosas que hace la convivencia con el querer gustarle al otro.
Esa noche nos arreglamos como si no nos hubiésemos despertado juntos y como si no nos hubiésemos visto unas horas antes para prestarle unos apuntes, con ojeras y el pelo recién lavado. Me maquillé, me peiné, me puse ropa nueva, pasé a buscarlo.
Fuimos a un buffet libre al que llevábamos desde septiembre queriendo ir. Nada de italianos, nada de velas, nada de cosas "bonitas". Mucha comida y un sitio al que queríamos ir.
Nos pasamos por nuestro bar para recordar viejas épocas, y el bar había cambiado. Incluso la música era diferente, mejor. Y eso de alguna manera era un poco triste. Nuestra primera noche ahí, nuestra primera noche, estuvieron poniendo canciones de los '80, y sólo dejamos de besarnos cuando empezamos a reírnos de la rima de 'No hay marcha en Nueva York'.
Y ahora estaban los Beatles y eso está muy bien, mejor incluso, pero no era lo mismo.
Un hombre se puso a citar a Bécquer intentando vendernos unos CDs de música de la India, y nos reímos y la cerveza estaba fea, amarga, de esas veces que mejor no haberte tomado nada.
Volvimos a casa y ahí está otra cosa de los aniversarios, algo que no entiendo pero que se hace de todas maneras de forma instintiva: el sexo. Porque claro, el sexo de aniversario es como el sexo de cumpleaños o San Valentín: hay que esforzarse. Hay que esforzarse y intentar engañar al otro, jugar a que somos mucho mejores de lo que somos realmente, como si el otro no lo supiera ya. Como si no llevases un año acostándote con él, como si no te conociera.
Te conoce, claro que te conoce, y esa es la mejor parte.
Pero después, justo antes de dormir, te olvidás que se supone que es tu aniversario y hacés lo mismo que el resto de las noches: te ponés la misma camiseta arrugada, te abrazás de la misma manera, decís la misma frase justo antes de darte la vuelta y acomodarte en el hueco del cuerpo de la otra persona.
Y ahí es cuando te das cuenta.
Un aniversario no es celebrar un año de estar juntos.
Un aniversario es mirar atrás y darte cuenta de que a pesar de las cosas malas, y de las peleas, y de los errores, y teniendo en cuenta las horas de estudio, peli, series, comida, cocina, convivencia compartidas, las risas, los paseos, las cenas fuera, los regalos sorpresa, las bromas internas, los mensajes nocturnos y los pequeños fragmentos de los que está hecha una relación, no querrías estar en otro lugar ahora mismo.
Que si de ahora en más todos los días fuesen nuestros días normales, sin arreglarnos ni cenar fuera ni esforzarnos para intentar hacer creer al otro que somos quienes ya saben que no somos, estaría bien.
Que seríamos felices despertándonos con el despertador de su móvil, pasando el día en nuestra vida y después volver a "nuestra" vida, mientras inventamos alguna receta y miramos 'Buenafuente', justo antes de ponernos en nuestra postura para dormir.

28.1.11

Crux.

De todas las cosas aparentemente pequeñas que extraño (los piropos, los sandwiches de miga, la multitud de golosinas de chocolate y dulce de leche, el sentido del humor), la que más extraño y que apenas me había dado cuenta de ello es la Cruz del Sur.
Durante años levanté la cabeza y ahí estaba ella. Cinco estrellas que indicaban el sur, cinco estrellas que sorprendentemente se veían a pesar de la contaminación lumínica de Buenos Aires.
Cinco estrellas que tomaba como algo permanente, casi lo único que podía reconocer en ese cielo lleno de luces sin nombre.
Pero en Europa no se ve la Cruz del Sur.

27.1.11

Make yourself.

Mi papá me dio muchas lecciones a lo largo de mi vida.
Cuando era chica, trabajaba para un molino harinero. Había trabajado ahí desde los 16 años. El trabajo le obligaba a estar separado de nosotros de lunes a viernes, todos los meses, durante cuatro o cinco años.
Para un Día del Padre, le hice un portarretratos con una foto de mi hermano y de mí, para que lo ponga sobre su escritorio y pueda vernos todos los días. Nunca se lo llevó.
Un día, llegando a casa, le pregunté por qué no quería nuestra foto estando a 700 km casi todos los días. Me dijo que si llevaba una foto nuestra y la ponía sobre su escritorio, su jefe pensaría que estaba cómodo en su puesto, que había puesto una foto de sus hijos porque sentía que ese lugar era permanente, y que si era así nunca lo trasladarían a Buenos Aires y seguiría viajando cada viernes por la noche a casa y de vuelta al trabajo cada domingo por la tarde.

Unos años más tarde, después de que lo trasladaran a Buenos Aires, decidió dejar el trabajo y empezar a trabajar en un negocio familiar. Ganaba un poco menos, tenía muchas más preocupaciones y obligaciones, pero era su propio jefe. Y puso una foto nuestra.

2003. Viene a España, solo, a encontrar trabajo, casa e instalarse. Después de mucho buscar, encontró un trabajo que le gustaba y para el que estaba capacitado. Pero no ganaba lo suficiente, así que trabajaba en la Fundación por la tarde, y de madrugada hacía pan en una panificadora y después lo repartía. Estuvo meses durmiendo de 21 a 3 y de 10 a 12, trabajando el resto.
Por la mañana volvía a casa con roscas que había hecho él mismo, con quemaduras del horno e historias sobre pueblos imposibles con caminos tortuosos.
El horario nocturno era demasiado para él, con sus casi 50 años. Además, después de un año de vivir solo en un país extraño, finalmente estábamos ahí... pero casi no nos veía.
Empezó a trabajar en una fábrica de embutido. Le aumentaron las horas en la Fundación. Se dedicó a ser asesor de empresas en riesgo de quiebra. Lo ascendieron en la Fundación. Dejó la fábrica de embutido. Más horas en la Fundación. Dejó algunas empresas. Lo volvieron a ascender.
Ahora es el director de una empresa especialista en formación. No su empresa, la de otro. Tiene muchas preocupaciones, poco tiempo libre, un humor de perros.
Ni una sola vez tuvo una foto nuestra en ninguno de esos trabajos.
Ninguno le gustó lo suficiente.
En ninguno estuvo cómodo.
En ninguno quiso quedarse.
Pero lo hizo por nosotros. Y lo sigue haciendo.

24.1.11

"Siempre fui mejor amante que marido; se me hace más romántico añorar lo perdido que agarrarme a lo que tengo, me gusta rescatar tesoros de galeones hundidos y bucear por las bodegas de carga, aunque sepa que esos barcos no volverán a surcar los mares, y también tengo por costumbre poner trabas en la aduana a quien intenta amarrar de buenas a primeras su velero cuando el viento lo trae a mi muelle."
El Cable Azul


Gracias.

21.1.11

Off.

Acabo de volver de pasar una semana en Lausanne (Suiza), disfrutando de la Erasmus que nunca tuve ni tendré.
Estuve en un país extraño, con unas costumbres rarísimas, unos horarios diminutos, un idioma que no entiendo. Me relacioné con gente de todo el mundo, todos ellos músicos, siendo una especie de observador imparcial, alguien que mira todo desde fuera pero que realmente no importa.
Estar lejos de mi familia, mis amigos, mi pareja, el país que adopté como propio, mi idioma, mis calles, mis códigos comunes, comunicándome en un idioma que no era ni el mío ni el suyo, ajustándome a nuevas maneras de vivir, hizo que me diese cuenta más que nunca que tengo que salir de acá.
Salir de esto, de estas calles, de esta ciudad, de este país.
Alejarme, coger perspectiva, reencontrarme, cambiar.
No soy de ningún lado y por eso puedo ser de todos, por eso necesito ser de todos.

Me aterroriza que este año termine.
Me aterroriza alejarme de esta rutina de clases y trabajos, de prácticas y enseñanza, de adquirir conocimiento que ya apenas me interesa adquirir. De este circo que es la Universidad, mi Universidad, mi facultad, mi clase. De esta ciudad que fue mi ciudad durante cinco años, de estas rutinas, estos viajes en bus, estas compras, cinco años en el mismo supermercado, con los mismos cajeros, con la misma gente en sus colas, con sus mismos productos.
Me aterroriza alejarme de lo conocido y enfrentarme al futuro que ni sé si existe, pero lo necesito.
Necesito tener retos, necesito alejarme de esta conformidad que se instaló en mí con 23 años, alejarme de lo que yo misma creé para mí. Dejar de ser quien dije que soy durante todo este tiempo, ver si en realidad no soy otra, no quiero otras cosas.

"No has estudiado una carrera para..." Quizás sí. Quizás he estudiado esta carrera porque me gusta, porque era lo único que me interesaba y no me llevaba directa a la enseñanza, porque me gusta vivir en este mundo, aunque sepa que es casi imposible ser parte de este mundo. Así que quizás sí estudié esta carrera para trabajar de dependienta, para cuidar los hijos de otros en un país extranjero, para viajar lo que pueda, para no establecerme nunca.
Quizás debería intentar no pensar en lo que se supone que debería hacer con mi título una vez que termine, no pensar en buscar trabajo "en el sector", no montar nada con amigos, no matarme por entrar en algún canal de televisión de los que actualmente hablo mal, porque quizás mi felicidad no está en eso.
Quizás lo mío es otra cosa. Quizás lo mío sólo es huir, pero mirando atrás.
Quizás esta es la enfermedad de mi generación: empezar cosas que nunca terminamos, terminar cosas sólo porque es lo que tenemos que hacer, hacer la escala "bachillerato, Selectividad, carrera, trabajo, piso, familia" y sonreír mientras tanto porque eso es lo que nos dijeron que era lo correcto, lo que cualquiera desearía.
Quizás sólo necesito un año.

Un año. Otro país. Pensar. Decidir.
O quizás sólo escapar.

9.1.11

Pampa.

Quiero absorber las llanuras infinitas con mis ojos,
para reemplazar estos paisajes de montañas, sierras y olivos.

4.1.11

Nuestras conversaciones son distintas, más adultas.
Él me confiesa que quiere tener una relación, sentar cabeza, pero no encuentra con quién.
Yo le hablo del miedo a quedar destrozada cuando esto acabe.
Hablamos en voz baja, dando vueltas por un barrio cuyas casas vimos nacer, mientras cae la niebla e intentamos contener las lágrimas uno, convencerse de que sigue igual el otro.

30.12.10

Creo que debería volver a aclarar algo.
No vivo en el pasado. Escribo sobre el pasado, que no es lo mismo.
Mi presente es sólo mío. Mío y de la persona con la que lo comparto, que en un alarde de originalidad he nombrado El Novio.
A lo largo de este blog están desparramados Hobbit, Osezno, E.D.M (o S. M), Mr. Big, Chicomar, El primo. Pero él es el único El Novio.
Mi pasado es sólo mi pasado. Mi pasado son recuerdos, quietos, inmóviles, sin vida.
Pasados a través de la invención de Morel.
Pero mi presente está vivo, y me hace sonreír, y me crea tal cantidad de endorfinas como para parar un tren (y evitar que mi muy maltrecho cuerpo enferme).
Mi presente es simple y suave, cercano. Mi presente no me genera angustia ni ansiedad. Mi presente no hace que me duerma llorando.
Mi presente está conmigo todos los días, y eso no es un problema (lo que es un problema, pero porque me gusta ser complicada). Mi presente incluye comida para dos y ponerle pasta de dientes a otro dentífrico. Mi presente tiene su foto enmarcada en mi habitación, en su habitación, en nuestra habitación. Mi presente me cuida y protege, me hace sentir segura, permite que deje de luchar por todo. Ya no más pelear con la distancia, con las diferencias, con las voluntades ajenas.
Mi presente es sólo mío.
Mi presente será pasado en algún momento, y entonces podré nombrarlo, explicarlo, contarlo.
Pero hasta que ese momento llegue, juego con recuerdos, escribo sobre recuerdos, escribo sobre otras personas, otros tiempos y otros lugares, porque no quiero compartir lo que es mío, no quiero que nadie me desgaste estos momentos, estas caricias, estas conversaciones.
Porque esta paz y esta calma son sólo mías

28.12.10

Sam.

Me acordé de cómo gruñías y me atacabas, de tu respiración entrecortada en mi oreja, de tu cara sobre mí.
Me acordé de como poco a poco tu cara se fue transformando, se hizo más suave, cuando empecé a llorar. Y simplemente me abrazaste.

27.12.10

Una de las cosas que más feliz me hizo, además de ver aparecer su cabeza llena de rizos en el marco de mi puerta, fue saber que él me sigue considerando alguien a quien merece la pena sorprender en su casa una mañana de Navidad.

Yo también te quiero.

25.12.10

Duda.

¿Debería salir a buscar aventuras extraordinarias, vidas extraordinarias, amores extraordinarios?
¿O vivir con la felicidad simple, sencilla, real?

13.12.10

¿Cuántas veces más me ignorarás al cruzarnos?
¿Cuánto tiempo más vas a evitar trabajar conmigo?
¿Cuánto más hasta que podamos vivir en la misma ciudad?

Casi un año después, doy el primer paso.

"Hola".

Fin de año.

"Algún día, todo esto será nuestro.

Nosotros seremos los profesores, los técnicos, los redactores, los creativos, los organizadores, los dependientes, los maestros, los traductores, los arquitectos, los ingenieros, los cocineros, los escritores, los abogados, los pintores.
Seremos los que se levanten a las 7 de la mañana y hagan girar al mundo. Los que le solucionen la vida a los demás. Los que vivan su propia vida.

Este no es el momento de salir todas las noches, arruinarnos el hígado y el bolsillo, matar neuronas, perder el tiempo.
Es el momento de investigar, de conocer cosas nuevas, de abrir la mente, de leer, de trabajar, de pensar.

Cuando tengamos 23 o 24 años y nuestro título en la mano recordaremos las horas pasadas haciendo trabajos kilométricos, presentaciones tediosas y almacenando información (inútil en su mayoría); los días en la facultad, las noches sin dormir, esos dos meses mortales de exámenes.
Y ese va a ser el momento de cumplir con nuestro horario laboral y después, vivir.
De no llegar a casa pensando en el proyecto que tenemos entre manos y dormirnos pensando en él y despertarnos pensando en él.
De viajar, de conocer, de disfrutar.
De gastar nuestro dinero en lo que queramos.

Así que espero fumando.
Espero mientras hago malabares con el trabajo de investigación, las dos reseñas de libros y las dos prácticas que tengo por hacer, mientras los apuntes se acumulan a mi lado.
Espero mientras veo a otros salir todos los jueves, espero mientras vienen con sus historias divertidas y surrealistas, espero mientras los envidio un poco.

Espero fumando con un libro en la mano y un ordenador en otra.
Espero mientras hago números y veo que no, que no llego a fin de mes y me preocupo por la beca y el aumento del bonobús y por lo maruja que me estoy volviendo.

Espero fumando mientras planeo proyectos personales, cámara en mano y con pasión aunque sin tiempo ni energía.
Espero contando los días para que termine este año, para empezar el siguiente, para lanzarme al mundo.
Espero fumando con amigos, con rollos, con novios, con compañeras de piso, con desconocidos que conozco una tarde en algún sitio.
Espero mientras miro exposiciones, mientras participo en ellas, mientras me muevo inquieta por esta ciudad que no es la mía pero que también lo es.

Porque, como me dijeron la otra vez, el tiempo no es un factor importante.
"


18/06/08
Hace dos años parecía tenerlo todo más claro.

Mashup.

Es mi primer muchas cosas: primera familia política a la que viajo a conocer, primero del que pongo una foto en mi habitación en un marco bonito, primero con el que no me agobia pasar tanto tiempo juntos.

Fue la primera vez que fui a un hotel como una adulta. Sin viajes de fin de curso, sin familia. Sólo nosotros y la habitación 117, desde cuya cama se veía el mar.
Las cortinas blancas, la ducha conjunta, las toallas que no se secaban, mis pies lastimados, descubrir todo un mundo nuevo.

Al despertarnos, primero me daba un beso a mí, y después a mi marca de nacimiento. Al acostarnos primero se lo daba a mi marca de nacimiento.

Hablé 10 horas seguidas con él. Diez horas seguidas.

La primera mañana que nos despertamos juntos, abrazados y con mariposas en el estómago, fue la mañana más clara y brillante de mis cinco años en Sevilla. E intentar mantener el secreto fue divertido los tres días que duró.

Me hizo sentir deseada, realmente deseada, por primera vez en mucho tiempo. Fue el primero en el que me fijé cuando llegué, y dos años y pico después, el primero con el que me acosté.

Mushy.

Me acostumbré a dormir desnuda.
Ahora termino quitándome el piyama. Me pica, me molesta, me resulta incómodo. No puedo dormir vestida.
Y eso me hace echarlo más de menos.

6.12.10

Audrey.

Esta canción para mí siempre será verano, humo de porro, calor, sudor, sexo, cortinas marrones, cama revuelta, paseos en moto, encuentro furtivo detrás de unos servicios, miedo, emoción, besos, caricias, primeras veces, pudor, luz tenue, risas, conversaciones, saliva, abrazos, soñar con otras vidas, tirarme en la cama a mirar el infinito, Osezno, cuerpos desnudos, nuevo.


5.12.10

Bitch Club. Life Member.

Volví a ser la chica de 15 años que se ponía camisetas con frases provocadoras en colores flúo, la que te desafiaba a que la miraras, la que necesitaba que le dieses una excusa para odiarte.
Pero ahora lo hago con un gorro con orejas de gato.

1.12.10

Larvae.

Insomne me dijo que estaba muy bien saber que todo lo que necesito para salir corriendo está en mi mochila.
No es así.
Estoy demasiado atada, enredada en esta realidad y en esta vida, como para dejar todo y escapar. No puedo cortar ciertos lazos.
Lazos de sangre, lazos de amor, lazos de costumbre, lazos de tiempo, lazos de experiencias.
No puedo deshacer lo que está hecho, romper lo que está unido, viajar con poco equipaje.

Siempre llevo demasiado peso.
Siempre llevo demasiado peso para una persona que es Ciudadana del Mundo, que no tiene un lugar propio, que es de todos lados.
Pero ¡ah pequeña!, te olvidaste de un detalle: las mayores ataduras no son los lugares, son las personas.
Así que por más que seas una Ciudadana del Mundo, por más que puedas sentirte en casa en cualquier lugar, siempre tendrás que volver a los que querés. Siempre podrás volver a los que querés. Siempre necesitarás volver a los que querés.


El peso crece por momentos. Crece con cada encuentro, con cada vivencia. Y llegará un momento en el que no podré escapar, en el que estaré atada a un lugar y a unas relaciones para siempre.
Y eso sólo me da más ganas de salir corriendo.

El mundo es cada vez más complicado. Mi mundo, al menos. Por cada eslabón que se agrega en mi cadena aparecen más problemas, más complicaciones, más razones por las que huir sin mirar atrás.

Déjenme ser libre. Déjenme huir de mis problemas, ser irresponsable, saltar de sitio en sitio, volver a empezar. Déjenme reinventarme.
Porque cuando tuve la oportunidad, cuando realmente empecé de nuevo, no supe apreciarlo. Seguí siendo la misma, demasiado aferrada a mis propios pájaros en la cabeza, a mi supuesta grandeza, a lo que siempre me dijeron.

Podría haber sido cualquiera, y elegí ser yo, una yo que se fue alejando cada vez más de lo que era en realidad, para transformarse en esta larva cobarde y vaga que no se atreve a romper cosas, a hacer ruido, a lograr que alguien se dé cuenta de que existe.
Esta larva que dejó toda su magia por el camino y que ni siquiera puede keep her sh*t together.

Ojalá pudiese cargar todo mi peso en una mochila.
Ojalá pudiese ser tan libre.
Ojalá pudiese salir corriendo de verdad.
Pero estoy trabada acá.

29.11.10

Evolución.

Me corté las uñas.
Me corté el pelo.
Mis faldas ahora son más largas.
Dejé de forzarme para usar zapatos de tacón.
Los vestidos ya no son tan ajustados.
Dejé de alisarme el pelo todos los fines de semana.
Estoy más cómoda saliendo con un vaquero y una camiseta.
Ya no me maquillo tanto.

Me volví práctica. Las zapatillas son mis amigas. Estoy siempre lista para salir corriendo, para cargar equipo, para trabajar.
Me volví práctica. Me volví cómoda. Me volví menos llamativa. Me volví menos provocadora.
Me volví más adulta.

22.11.10

Dejar de ser.

Hace tiempo escribí que lo que más miedo me daba era perder los recuerdos.
Por eso escribo todo, clasifico todo, fecho todo. Para poder recordar mi vida y quién fui, porque sin recuerdos no soy nadie.

A mi abuela le acaban de diagnosticar Alzheimer.

9.11.10

Stick.

Cuando me lo contaste tenía demasiado alcohol en sangre como para darme cuenta de lo que realmente estabas diciendo.
Pero ayer me di cuenta: Capullo, me dejaste por otra.

8.11.10

Lick.

Ser la última persona con la que alguien se acostó me hace sentir orgullosa.
Es raro, pero saber que nadie más que vos estuvo tan cerca de él en todo ese tiempo... Es casi como si todavía pudiese sentir mi saliva sobre él.

29.10.10

Entre una montaña de otras cosas olvidadas, tu fotografía.

27.10.10

Septiembre.

Cuando volvés a un sitio, y todo es igual pero a la vez diferente.
Cuando volvés a una persona, y todo es diferente pero a la vez igual.

10.10.10

Fact XXV.

Lo quiero porque me hace feliz.

3.10.10

"With my hands open and my eyes open I just keep hoping that your heart opens"

Podría escribir nuestra historia mil veces, de mil maneras distintas. Podría escribirla entera, de golpe, o ir contando trozos a lo largo de los años.
Pero la verdad, la verdad desnuda de nuestra relación, permanece alejada de lo que soy capaz de contar con palabras.
Somos amigos, fuimos amantes, somos parte del otro, nos hacemos cruzar el límite mutuamente, volvemos al punto de partida varias veces, nos miramos a los ojos y hay más de lo que dicen las palabras, vivimos a través de nuestros olores, pasamos horas pensando en el otro y hablando con el otro, competimos en el terreno académico y audiovisual (y siempre gana él), vivimos varias vidas imaginadas, seguimos intentando algo imposible.
Anoche, un septiembre más, hablamos de pie en medio de la Feria. Esta vez no pudieron ser horas. Tuvimos que conformarnos con bastante menos.
Anoche las frases incompletas significaron mucho más.
Anoche finalmente dijimos directamente lo que los dos sabíamos y sabíamos que el otro sabía.
Nosotros somos así. Y por más que ya no podamos tener la misma relación que antes, no podemos evitar mirarnos a los ojos y saber que hay mucho más. Pero también sabemos que no hay nada más.
Que nunca tendremos una relación normal, que nunca tendremos una relación propiamente dicha. Porque él es como es y yo soy como soy y él es como es.
Así que ya no cuento la historia del amor de mi vida, porque lleva mucho sin ser el amor de mi vida. Porque encontré otros amores de mi vida que sí quieren serlo.
Porque nunca quisimos lo mismo, pero aún así nos queremos.
Así que seguimos siendo nosotros, y ocultando al mundo lo que somos, porque desde fuera parece una locura, una insensatez, algo malo y que hace daño.
Y no lo es.
Nos queremos y deseamos lo mejor para el otro. Somos parte de su sistema de apoyo. Nos divertimos y nos hacemos reír. Tenemos mucha historia juntos, y eso va a ser así siempre.
Simplemente, no es algo convencional, porque nosotros no lo somos.

Y aunque sé todo esto, no pude evitar sentir que una era se acababa. La era donde todavía fingíamos que podíamos tener todo lo que queríamos.

28.9.10

Pastillitas rosas.

Mi problema ahora es que como casi siempre estoy feliz, cuando tengo un día malo es MUY malo.

22.9.10

Cuando nos alejamos, cuando me alejo de él y de sus ojos y de su voz y de sus manos, todo empieza a resultarme pesado.
El estar todo el tiempo juntos, el sentirme obligada a mantener el contacto diario, el hacer planes tan a futuro.
El anillo que me regaló me molesta para dormir: me aprieta o se me clava o me resulta incómodo.
Cuando salgo de la atmósfera intoxicante que nos creamos, vuelvo a ser la de antes, la de los miedos y los agobios.
Por suerte, en cuatro días volvemos a ser nosotros. Y entonces podré disfrutar del momento, y no sentirme mal porque pienso que él me quiere más de lo que yo lo quiero a él.

15.9.10

Círculo.

El sábado pasado me encontré en el mismo día con mi primer ex español y con el último.
Seis años entre ellos. Cuatro relaciones, una de ellas realmente seria. Varios rollos menores. Tres amores.
Toda una vida.

8.9.10

Auchan.

Hace unos días fui a un hipermercado.
Fue como viajar en el tiempo.
Nuestra rutina de los sábados por la mañana era esa: ir al hipermercado de cerca de su piso, comprar comida para la semana, productos de limpieza, pasear por góndolas sin ánimo de comprar nada, mirar menaje, bebés en sus carritos, animales en la tienda de animales que todo hiper tiene, ponernos tiernos debajo del muérdago de la sección de carnicería, reírnos al ir a pagar.
Vivir una vida adulta, pensando que teníamos 30 años y una casa y una relación para siempre, teniendo 18 y 19, viviendo de nuestros padres y fingiendo que éramos más adultos de lo que éramos.
Nos gustaba vivir esa fantasía, nos divertida jugar entre góndolas a que todo era real.
Y parte de nosotros se quedó ahí, atrapada en un hipermercado eterno, lista para recogerla al entrar.

29.8.10

Mr. Big.

Después de tantos años, seguís poniéndome tonta al hablar. O al mirarme. O al existir.
Y no hay nada que me guste menos que ese poder que tenés sobre mí.
Y a la vez, no hay nada que me guste más que todavía tenerte en mi vida.

16.8.10

No es un adiós, sino un hasta luego.

Mi primer día de clases en España es un borrón. Incluso a la semana no podía recordar más que fragmentos.
Sé que la gente me miraba al hablar, y me miraba los pantalones insistentemente (en Argentina ya no se usaban los pantalones de campana y mis vaqueros eran rectos).
Recuerdo a una chica toda vestida de rosa ("Mini-María", dijeron mis nuevas amigas al unísono cuando se los conté), otra chica que me trajo una silla (la siempre amable Cristina) y unos chicos que creía que eran mellizos pero que ahora los miro y no se parecen en nada.
Y lo que más claramente recuerdo fue mi última hora de clase. Educación Física. Yo no sabía mi horario, así que no llevaba ropa adecuada para hacer deporte (odio la ropa adecuada para hacer deporte). Miguel, nuestro profesor, me sentó con los que tampoco podían hacer deporte: Raquel, que tenía las cervicales lastimadas, y Kike, que se había torcido la muñeca esquiando la semana anterior.
Me senté con ellos en el suelo, al lado del aro de baloncesto. Raquel me hacía preguntas, mientras Kike escuchaba y dibujaba.
Kike era una masa de rizos castaños, unas gafas increíblemente gordas y deformes y un jersey azul que tendría durante años. Así lo recuerdo ese día. Rizos, gafas, y mucho azul.

A los dos meses, la rotación de compañeros de banco hizo que me sentara con Kike durante los dos últimos meses de clases. No hablábamos demasiado. Veíamos graffitis por internet, nos reíamos de nuestro profesor de Lengua, nos enterábamos un poco de la vida del otro.
Un día llegué a clase, fui a mi sitio y había un chico sentado ahí. Lo volví a mirar y no era un chico, era Kike, pero sin su maravillosa pelambrera rizada. Fue raro acostumbrarse, pero al final...

Los años pasaron. Nos hicimos amigos, salimos por la noche, jugamos a rol, nos contamos vida y obra, nos fuimos a estudiar a la misma ciudad, nos liamos, nos enamoramos, hicimos vida en común, cocinó para mí, las cosas se pusieron feas, me dejó, me rompió el corazón, escribí todo lo que tenía que escribir sobre él, nos seguimos viendo, siguió siendo la persona que me calmaba cuando todo iba mal, después ya no, me invitó a tarta y charlas en su piso, estuvo ahí a la distancia y un día me enteré de que se iba a México durante un año.

Y no pude estar más feliz por él. Es una persona que va a llegar lejos, y es una persona que aprovecha al máximo cada oportunidad. Se lo merece más que nadie.
Pero en parte también siento que es mi hijito, y que México está muy lejos y que lo conozco lo suficientemente bien como para saber que no querrá volver cuando llegue el momento.

Hace dos días vino a despedirse de mí. Y cuando entró por la puerta, ahí estaban: sus rizos habían vuelto. Se dejó crecer el pelo de nuevo, y volvió a ser mi Kike de 16 años.
Hace tiempo que cambió las gafas por unas nuevas, unas que no le hacen los ojos de rana que tanto me gustaban y tanta ternura me provocaban.
Hace tiempo que ya no tiene 16 años.
Hace tiempo que ya no dibuja lo que antes dibujaba: lo suyo ahora son los edificios.
Hace tiempo que dejó de ser mío, al menos como lo era cuando tenía 16 o 18.
Pero durante 20 minutos, mientras miraba sus rizos nuevos, volvió a ser el chico que me ignoró y no me agobió el primer día de clases, mi compañero de banco, mi amigo.
Él, con sus gafas y sus rizos.

Él, que ahora mismo está en México.
Él, al que vi salir por la puerta con una sonrisa en la cara, mientras decía "Nos vemos en un año" y mi corazón se encogía un poquito.
Él.

Fact XXIV.

He viajado en varios medios de transporte, sobretodo autobuses de larga distancia, con botellas de vino, posters, trípodes, un cactus y un mini-rosal.
Just sayin'.

12.8.10

Siempre esperé una casualidad divina, una muestra del Destino, una señal. Un momento romántico, un beso bajo la lluvia, un "siempre supe que eras vos".
Pero quizás el amor es esto.
Compartir un litro de helado, encontrar pequeñas cosas que sabés que le van a gustar al otro, tener unos códigos propios. La rutina.

Sin flashes, sin descubrimientos extraordinarios, sin encuentros casuales que cambian tu vida. Growing to know each other y ya está. 
Y eso también está bien.

9.8.10

Memoris.

Desde los 13 años escribo un diario escrupulosamente. Todas las noches, antes de irme a dormir, escribía qué había hecho en el día. Y si esa noche no podía por lo que fuera, lo hacía al día siguiente.
Después empecé con el fotolog y el blog, que son prolongaciones de ese diario.
Guardaba los correos importantes y los no importantes, las cartas y notitas, las entradas del cine.
Registraba mis recuerdos, mis memorias, mi vida.
Al empezar la Universidad, tenía periodos en los que no escribía. Unos días, unas semanas, unos meses. Nada cambiaba, porque el mundo interactivo seguía registrando todo.

Pero llevo meses sin escribir de manera regular. Cerca de siete meses sin tocar mi diario, un par de meses actualizando el fotolog una vez por semana, escribiendo acá muy de vez en cuando...
Supongo que ahora no me dedico a registrar mi vida, sino a vivirla. Ya tendré tiempo de escribir mis memorias, ahora toca crearlas.
Así que vivo de manera furiosa y contemplativa, disfrutando el momento y el futuro ya se verá. Y el pasado poco importa.

5.8.10

He is a keeper.

Su familia me olisqueó y decidió que era de fiar. Me hicieron comer como si estuviese desnutrida. Di vueltas por su casa, toqueteando todo. Revisé álbumes de fotos familiares. Visité su antigua casa, su antigua habitación. Descubrí que, a 10.000 km de distancia, jugábamos con prácticamente el mismo ciempiés de peluche. Dormimos abrazados. Dormimos mucho, supongo que para recuperar las horas perdidas por el insomnio el mes anterior. Fue mi pinche de cocina, y mi fotógrafo personal. Me prestó libros y películas, me mostró los cuadros de su hermana la artista y me hizo sentir en mi casa. Recorrimos sus calles y sus historias. Conocí a sus amigos, que me preguntaron si podían morderme una teta y le dijeron que era más guapa de lo que parecía. Nos bañamos en su piscina de juguete. Creamos nuevos personajes, como Toby el perrito especial y su hermano Timmy, el torpe. Y Cara de Pene, con su vida tan penosa (ja). Pensamos nuevas historias Disney. Me pidió que fuera su rascadora oficial, pero todavía me debe el anillo. Planeamos nuestra boda ficticia, y mantuvimos esas absurdas conversaciones de mentira que cualquiera creería que son de verdad. Me metí con él, se metió conmigo. Me hizo reír hasta que apareció mi risa Pulgoso, recordando mi episodio con Pepito el caja. Exprimimos los días al máximo, para que cinco nos pareciesen diez, pero siempre nos falta tiempo.


He is a keeper.





Y ahora toca esperar.

18.7.10

Mei.

Eso es amor.
Eso es paz.
Flotar en una piscina, unidas por un flotador naranja, divagando sobre la vida y sobre el amor, espantando avispas, buscando el sol.

14.7.10

Mind-eraser.

Hoy recordé lo divertido que es el sexo estando borrachos.
Las lagunas mentales, el hablar de más, las luces demasiado brillantes, los movimientos ralentizados y acelerados alternativamente, el tacto surrealista de su piel, las decisiones apresuradas, el no saber qué hacés pero darte cuenta de que está bien hecho, las órdenes, no medir la fuerza, terminar atada y rota, reírse de cosas de las que nos vamos a arrepentir al día siguiente. Pero sobretodo, caer en la inconsciencia más profunda al terminar, y despertarte abrazada a él en cualquier postura, intentando recordar si finalmente le dijiste que querías casarte con él ahora o lograste contenerte, pensando en la corbata rota y en lo mucho que querés repetirlo todo de nuevo.

9.7.10

Simple.

Pasamos nuestro último día juntos.
Vimos series, nos reímos, fuimos al cine, caminamos de la mano, compramos la última tarrina de helado de chocolate de todo el supermercado, nos dimos sorpresas mutuamente, nos besamos, nos dormimos tarde, muy tarde, abrazados y hablando.
Y hoy lloré cuando me subía al autobús. A pesar de volver a verlo en un mes y medio.
Nunca me pasó de despedirme por tan poco tiempo (dentro de lo mucho que en realidad es).
Mis despedidas suelen ser hacia el infinito, sin fecha fija, sin límite.
Pero ya no dormiré con él pegado a mi espalda, ya no compartiré mi helado con nadie, ya no discutiremos sobre a quién le toca decidir.
Nuestra vida se acabó, aunque dentro de un mes y medio vuelva a ser su invitada, vuelva a quejarme de su termo que funciona raro y de su internet robado.
Supongo que todo se resume en dos palabras:

Lo quiero.

Y no, sé que no es para siempre.
Pero a los 22 años no busco un "para siempre", busco un "hasta que dure".

2.7.10

Hecho.

Soy escritora.
No lo soy por tener un alias rimbombante.
No lo soy por creerme escritora.
No lo soy por decirlo a los cuatro vientos.
Nadie hace documentales sobre mí.
No me pagan.
Nadie me publica.
Pero soy escritora.
Soy escritora porque necesito escribir.
Porque me expreso mejor con palabras.
Porque pienso en palabras.
Porque nunca deseé otra cosa.
Porque vivo de esto.
Simplemente, porque lo amo.

29.6.10

Tengo miedo de que cuando vuelva en septiembre ya no estemos juntos, y me encuentre su cepillo de dientes entre mis cosas.
Otra vez un cepillo de dientes hablando de abandono.

22.6.10

El principio del fin.

Soñar con tiempos felices y risas con una persona, despertarte a su lado y que todo siga igual.

Podemos retrasarlo, pero no frenarlo.
Un año más, toca mudanza.
Quitar las fotos de las paredes, descolgar los objetos, revisar que quiero y que no, que voy a necesitar en verano y que se puede quedar acá, meter todo en cajas, recordando en que caja va que, despedirme de los lugares, de las personas, de las paredes que fueron mi hogar durante nueve meses.
Salvo que esta vez es diferente.
Es la última mudanza que hago así.
La próxima vez que haga esto, voy a estar diciéndole adiós a esta ciudad, a esta etapa y a este modo de vida para siempre.
Y eso da mucho, mucho miedo.

20.6.10

El primo.

Hace más de un año, tuve el mejor polvo de una noche de mi vida.
Quedamos, hablamos, tomamos algo, me regaló un CD, vino a mi piso.
Nos besamos, nos acariciamos, nos reímos, hablamos.
Dormimos abrazados, y al despertarme me dijo que de madrugada había querido escribir sobre mi espalda pero no había encontrado un boli y después se le había olvidado lo que quería escribir.
Hicimos el amor.
Tenía la polla más perfecta y preciosa que había visto nunca.
Se despidió, llevándose su bicicleta, sus sonrisas con los ojos y su olor. Y un libro que le presté y todavía no me devolvió.
Me dejó con un "ha sido demasiado divertido y bonito estar contigo" y no volví a saber de él.
Todavía recuerdo el tacto de su piel y nuestro primer beso furtivo en Nochevieja.
De regalo, me dejó debajo de la almohada un condón que no puedo usar con nadie más.

Eso estaba ahí, y nunca sucedió. Podía haber sido algo más, pero no lo fue.
Y mejor así: prefiero que él sea mi mejor historia de una noche, precisamente porque me hubiese gustado que sea nada más que una noche.

12.6.10

Duermeme.

Me acostumbré a eso.
Dormir de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, encoger las rodillas, recibir besos en el hombro, cerrar los ojos, perderme en la inconsciencia, despertarme a medias cada vez que te movés, despertarme del todo cuando suena la canción elegida para ese día, volver a la cama donde vos no te moviste (o sí, pero no mucho), poner otro despertador, darte un beso, ponerme de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, estirar las rodillas, esta vez no hay beso, caricias en las manos, cerrar los ojos, apretarme contra vos, volverme a dormir.
Y esta noche no estarás y mañana tampoco.
Y dentro de un mes esto será lo que tendré, una cama vacía con un hueco detrás de mi espalda, y mover la boca para recibir un beso que nunca llegará cada vez que esté medio dormida.

3.6.10

Reboot.

Una vez más las paredes se cierran a mi alrededor.
Y es raro, porque la ventana está abierta, corre un viento capaz de despejar las ideas más oscuras, ayer fui al cine (y lo disfruté), hoy amanecí acompañada y feliz.
Pero en algún momento algo se torció.
Será el dormir más de la cuenta, el programa de edición que no funciona como debería, el seguir con un ordenador ajeno y sentirme culpable por ello, el tiempo que se me echa encima, la casa vacía, la luz que se extingue, mi caos de vida, el verano que se acerca amenazante, la regla que no me viene todavía, la falta de cosas que me motiven, las ganas de crear que no puedo escuchar.
Quiero salir corriendo.
Correr por el río, hacia la Giralda, que me abracen brazos que hace mucho que no lo hacen, caminar hasta que las piernas me duelan, comer chocolate a las tres de la mañana en un banco cualquiera, volver a casa con miedo, hablar con amigos, escuchar música mientras camino rápido y reflexiono sobre lápices labiales o si teñirme de nuevo o no.
Salir corriendo y alejarme de mí, que hace un tiempo que no soy yo, y ver si así consigo -finalmente- el equilibrio que se me escapa, eso que hace dos días pensaba que tenía, esa fuerza que algo misterioso me había dado.
Salir corriendo y extinguirme y volver a renacer. Nacer y renacer y volver a renacer.