22.4.11

Duda II.

A veces no sé cuántos de los cambios en mi vida son porque maduré y cuántos son porque estoy sobreviviendo en lugar de vivir.

3.4.11

Miedo.

A medida que crecemos, nuestros miedos crecen. Empezamos a darnos cuenta de la fragilidad de nuestros cuerpos, de nuestras emociones, de nuestra vida. Somos más temerosos: ya no trepamos, ya no damos volteretas, ya no hacemos nada que pueda hacernos daño. Ya no pensamos "lo intento, y si no funciona no pasa nada". Dejamos de arriesgar. Somos más conscientes del dolor físico, del daño emocional, de que no siempre se puede empezar de nuevo. Descubrimos que todas las experiencias nos dejan cicatrices, que todas las personas nos afectan, que hay cosas que no se pueden deshacer. Empezamos a temer al sufrimiento, al dolor, a la muerte, a la pérdida. Nos atemorizan las infinitas posibilidades que existen de perder a nuestra familia, amigos, a parte de nosotros. Tememos a los exámenes, a los huesos rotos, a las operaciones, a los embarazos y los partos, a la soledad, a los corazones rotos, a la inestabilidad laboral, al futuro. ¿Es posible no tener miedo? ¿Podemos vivir sin pensar en las consecuencias? ¿O sólo podemos intentar que el miedo no nos paralice?

28.3.11

Before sunrise.

"Si alguien me diera a elegir ahora entre no volver a verte y casarme contigo, me casaría contigo." Sin saberlo, dos años antes de ver esta película, yo pensé exactamente lo mismo. El primer día, sin que nadie supiese que estaba ahí, sin tener que dar cuentas a nadie, sin ningún sitio donde ir, sin ninguna ocupación real, lo conocí y nos conocí. Habría elegido eso. ¿Me habría equivocado? Probablemente. Pero no puedo evitar pensar que esos días fueron tan únicos, tan especiales, que dentro de 10 años seguirán siendo lo más romántico que he hecho jamás.

22.3.11

¿Dónde te voy a meter cuando todo esto se termine? ¿En una caja de qué tamaño? ¿Grande como Sevilla, donde somos más nosotros? ¿Grande como todos nuestros amigos? ¿Grande como nuestras habitaciones? ¿Grande como nuestras familias? ¿Grande como nuestro amor? ¿Dónde?

15.3.11

Ira.

Últimamente siempre estoy inclinada a mandar todo a la mierda. A las situaciones, a los trabajos, a las relaciones, a las personas.
Personas cercanas, lejanas, intermedias.
Alejar a todos y todo antes de explotar, como el hombre-nuclear de "Heroes".
Porque estoy enojada, enfadada, cabreada, molesta.
Porque no sé hacia dónde voy, porque la gente me reemplazó en sus vidas, porque mi ahijado tiene una enfermedad horrible y yo no puedo hacer nada, porque ya no sé quién soy, porque mantener una relación larga (eterna) es cada vez más complicado, porque siento que debería estar en otro lugar, porque cada vez me siento más sola aunque esté rodeada de palabras virtuales que antes me hacían sentir acompañada.
Ahora esas palabras virtuales no son nada, no son ni caricias ni cosquillas ni abrazos. Son personas de las que estoy lejos, de las que me siento lejos, que antes eran todo y ahora no son nada, ocupados con vidas donde yo no tengo lugar, con personas que sí están ahí.
Ahora todos los sentimientos son falsos, los recuerdos son robados, la que era nuestra historia es de otra.
Ahora no soy y no estoy.
Estoy enojada, enfadada, cabreada, molesta porque nada es lo que quiero, porque no quiero nada más que esta burbuja, porque la persona que está a mi lado no sabe ni como tratarme, intentando esquivar mis tarascadas, intentando no hablar, no decir, no pensar, pero a la vez sin aprender, sin entender, sin dejarme ser.
Me enojo por todo y por todos.
Me enfada este momento, este ostracismo.
Me cabreo conmigo, porque no me entiendo.
Me molesto. Me molesta. Me molesta molestar y cabrear y enfadar y enojar.
Pero no puedo evitarlo. Porque esto sube y sube y no puedo parar y entonces grito, lloro, pateo, chillo, coloco a gente en una lista negra imaginaria que cada vez es más larga, intento respirar pero me ahogo, la furia me ahoga, me obliga a no ser yo, a dejar de sonreír, a sacar a la persona que conseguí enterrar con 15 años, a esa que sólo tenía gente que le tenía miedo, a esa que todo contestaba con sarcasmo, a esa cuyas amigas admiraban por ser borde, por ser cruel, por ser odiosa.
Mary Fuckin' Sunshine.

13.3.11

Él.

Cambian las cosas.
Cómo cambian las cosas.
Cambian para bien y para mal. Cambian para bien y para mejor.
Cambian por el tiempo, pero también cambian por las experiencias.
Las miradas son las mismas, pero no son iguales.
El escalofrío sigue ahí, en la punta de los dedos, en la base de la nuca. La electricidad de su tacto, el silencio que se hace cuando me mira. El magnetismo que nos une y que procuramos evitar porque no, no se puede, no ahora, no con todos estos cambios.
Con él soy yo y sólo yo. Me obliga a ser sincera, a confesar lo que no confesaría, a no mentirme ni a mi misma.
Pero ya no es igual. Ahora somos diferentes, ahora crecimos, ahora ya nunca será padre. Ahora pide ser padrino. Pide ser padrino y estar en mi boda y yo me pregunto si alguna vez el magnetismo se acabará, si dejaré de levitar hasta él, si seré capaz de casarme con él detrás, mirándome y sabiendo que me mira, si podremos superar eso como superamos todo lo demás. Si algo no se perderá cuando lo superemos.
Nuestro futuro es distinto. Distinto al que supongo que teníamos, a los muchos futuros alternativos que fuimos eliminando con nuestras acciones. Porque podríamos habernos olvidado, podría haberme herido de muerte, podría haberme usado y tirado, podría haberse enamorado de mí, podríamos haber perdido el contacto, podríamos ser algo que olvidar, podríamos...
Pero no. Somos lo que somos ahora, que es lo que seremos en ese futuro que los dos sabemos que tenemos. Él seguirá siendo al que llame cuando necesite oír su voz grave para sentir que todo está bien. Yo seguiré siendo a la que le puede decir lo que no puede decirse a si mismo.
Nunca seremos la idea original, lo que con 16 años pensaba que seríamos. Y eso está bien.

Como él dice, "somos nosotros gracias a lo que no somos."

26.2.11

Bon voyage.

Mañana, una de mis mejores amigas parte hacia Francia a trabajar de enfermera durante un año.
Fue algo sorpresivo, que se decidió hoy a las 9 de la mañana, y que nos descolocó a todos.
Pensábamos que teníamos más tiempo, que llegaríamos a Carnavales juntos.
Hoy también me enteré que otras dos grandes amigas mías se van a Escocia e Italia el curso que viene de Erasmus.
Y no puedo con todo eso.
Porque no sólo yo estaré sola y encerrada ahora que no van a estar ninguna de las tres, si no que esto es el principio del fin.
De ahora en más será más difícil vernos, estaremos más repartidos por el país y el mundo, nuestras vacaciones ya no coincidirán, dejaremos de ser quienes somos.
Durante estos últimos cinco años, sabíamos que íbamos a estar todos juntos en Navidades, Semana Santa y el verano (aunque últimamente coincidíamos todos sólo una semana o dos).
Ahora no.
Ahora hay contratos de trabajo, más aeropuertos y menos autobuses, más kilómetros, más fronteras, más distancia.
Se acabaron las piscinas, las noches de zumos y risas, las noches de alcohol y risas, los viajes semi-improvisados a través de Extremadura, las fiestas en los campos, nuestra idea de sobrevivir sólo nosotros, alejados de todos, en nuestra mini-comuna autosuficiente.
Sólo nos quedarán una o dos veces al año, intentar hacer como que no estamos incómodos y ver la vida de los demás a la distancia: rupturas, relaciones, viajes, mudanzas, trabajos, bodas, hijos.

La vida sigue.
No me gusta que la vida siga.

22.2.11

Otro ciclo, otra droga.

"El pronóstico no es bueno, pero él está bien."
Eso no me sirve. Eso no me sirve y nunca me sirvió.
Necesito que el pronóstico sea bueno, necesito que esté bien.
No puedo recibir esa llamada, y llorarlo a la distancia, y ver morir algo mío pero que nunca fue mío a la vez.

Pedí por él en la Catedral de Lausanne. No fue mucho, sólo un post-it con su nombre en una pared de oraciones. Todo lo que mi maltrecha fe me dejó hacer sin sentirme una hipócrita, sin tener que recurrir a esas oraciones gastadas y vacías que me enseñaron hace mucho tiempo.
Un pequeño post-it. Pequeño como él.
Como las caritas que me miran desde ese portarretrato que me armó mi mamá con sus fotos, pero que me dijo que no lo mirase cuando estaba mal, para mandarle sólo energía positiva.
Ya no necesita energía positiva, ni que yo llore, ni drogas por vía oral (también).
Necesita un milagro.
Y yo no puedo hacer nada.
Ni estar ahí.



Fuck.

5.2.11

Respirar hondo y saltar.

Ese miedo infinito que da el enfrentarse a una cama fría y vacía.
Casi tanto como saltar a una piscina desde un trampolín.
Un salto al vacío.

3.2.11

Aniversarios.

Hace unos días hice mi primer año con alguien. Con cualquier persona, de hecho.
Nunca nadie me había soportado tanto tiempo. Nunca yo había soportado a nadie tanto tiempo.
Así que ese día nos pusimos guapos para el otro, y salimos en una "cita de verdad". Eso es algo que no entiendo, lo de las "citas de verdad": es como si intentásemos hacer olvidar al otro que ese día nos levantamos juntos y estábamos despeinados, todas las veces en las que nos vimos en un estado penoso, los resfriados y las montañas de pañuelos usados, la comida entre los dientes, todas esas cosas que hace la convivencia con el querer gustarle al otro.
Esa noche nos arreglamos como si no nos hubiésemos despertado juntos y como si no nos hubiésemos visto unas horas antes para prestarle unos apuntes, con ojeras y el pelo recién lavado. Me maquillé, me peiné, me puse ropa nueva, pasé a buscarlo.
Fuimos a un buffet libre al que llevábamos desde septiembre queriendo ir. Nada de italianos, nada de velas, nada de cosas "bonitas". Mucha comida y un sitio al que queríamos ir.
Nos pasamos por nuestro bar para recordar viejas épocas, y el bar había cambiado. Incluso la música era diferente, mejor. Y eso de alguna manera era un poco triste. Nuestra primera noche ahí, nuestra primera noche, estuvieron poniendo canciones de los '80, y sólo dejamos de besarnos cuando empezamos a reírnos de la rima de 'No hay marcha en Nueva York'.
Y ahora estaban los Beatles y eso está muy bien, mejor incluso, pero no era lo mismo.
Un hombre se puso a citar a Bécquer intentando vendernos unos CDs de música de la India, y nos reímos y la cerveza estaba fea, amarga, de esas veces que mejor no haberte tomado nada.
Volvimos a casa y ahí está otra cosa de los aniversarios, algo que no entiendo pero que se hace de todas maneras de forma instintiva: el sexo. Porque claro, el sexo de aniversario es como el sexo de cumpleaños o San Valentín: hay que esforzarse. Hay que esforzarse y intentar engañar al otro, jugar a que somos mucho mejores de lo que somos realmente, como si el otro no lo supiera ya. Como si no llevases un año acostándote con él, como si no te conociera.
Te conoce, claro que te conoce, y esa es la mejor parte.
Pero después, justo antes de dormir, te olvidás que se supone que es tu aniversario y hacés lo mismo que el resto de las noches: te ponés la misma camiseta arrugada, te abrazás de la misma manera, decís la misma frase justo antes de darte la vuelta y acomodarte en el hueco del cuerpo de la otra persona.
Y ahí es cuando te das cuenta.
Un aniversario no es celebrar un año de estar juntos.
Un aniversario es mirar atrás y darte cuenta de que a pesar de las cosas malas, y de las peleas, y de los errores, y teniendo en cuenta las horas de estudio, peli, series, comida, cocina, convivencia compartidas, las risas, los paseos, las cenas fuera, los regalos sorpresa, las bromas internas, los mensajes nocturnos y los pequeños fragmentos de los que está hecha una relación, no querrías estar en otro lugar ahora mismo.
Que si de ahora en más todos los días fuesen nuestros días normales, sin arreglarnos ni cenar fuera ni esforzarnos para intentar hacer creer al otro que somos quienes ya saben que no somos, estaría bien.
Que seríamos felices despertándonos con el despertador de su móvil, pasando el día en nuestra vida y después volver a "nuestra" vida, mientras inventamos alguna receta y miramos 'Buenafuente', justo antes de ponernos en nuestra postura para dormir.

28.1.11

Crux.

De todas las cosas aparentemente pequeñas que extraño (los piropos, los sandwiches de miga, la multitud de golosinas de chocolate y dulce de leche, el sentido del humor), la que más extraño y que apenas me había dado cuenta de ello es la Cruz del Sur.
Durante años levanté la cabeza y ahí estaba ella. Cinco estrellas que indicaban el sur, cinco estrellas que sorprendentemente se veían a pesar de la contaminación lumínica de Buenos Aires.
Cinco estrellas que tomaba como algo permanente, casi lo único que podía reconocer en ese cielo lleno de luces sin nombre.
Pero en Europa no se ve la Cruz del Sur.

27.1.11

Make yourself.

Mi papá me dio muchas lecciones a lo largo de mi vida.
Cuando era chica, trabajaba para un molino harinero. Había trabajado ahí desde los 16 años. El trabajo le obligaba a estar separado de nosotros de lunes a viernes, todos los meses, durante cuatro o cinco años.
Para un Día del Padre, le hice un portarretratos con una foto de mi hermano y de mí, para que lo ponga sobre su escritorio y pueda vernos todos los días. Nunca se lo llevó.
Un día, llegando a casa, le pregunté por qué no quería nuestra foto estando a 700 km casi todos los días. Me dijo que si llevaba una foto nuestra y la ponía sobre su escritorio, su jefe pensaría que estaba cómodo en su puesto, que había puesto una foto de sus hijos porque sentía que ese lugar era permanente, y que si era así nunca lo trasladarían a Buenos Aires y seguiría viajando cada viernes por la noche a casa y de vuelta al trabajo cada domingo por la tarde.

Unos años más tarde, después de que lo trasladaran a Buenos Aires, decidió dejar el trabajo y empezar a trabajar en un negocio familiar. Ganaba un poco menos, tenía muchas más preocupaciones y obligaciones, pero era su propio jefe. Y puso una foto nuestra.

2003. Viene a España, solo, a encontrar trabajo, casa e instalarse. Después de mucho buscar, encontró un trabajo que le gustaba y para el que estaba capacitado. Pero no ganaba lo suficiente, así que trabajaba en la Fundación por la tarde, y de madrugada hacía pan en una panificadora y después lo repartía. Estuvo meses durmiendo de 21 a 3 y de 10 a 12, trabajando el resto.
Por la mañana volvía a casa con roscas que había hecho él mismo, con quemaduras del horno e historias sobre pueblos imposibles con caminos tortuosos.
El horario nocturno era demasiado para él, con sus casi 50 años. Además, después de un año de vivir solo en un país extraño, finalmente estábamos ahí... pero casi no nos veía.
Empezó a trabajar en una fábrica de embutido. Le aumentaron las horas en la Fundación. Se dedicó a ser asesor de empresas en riesgo de quiebra. Lo ascendieron en la Fundación. Dejó la fábrica de embutido. Más horas en la Fundación. Dejó algunas empresas. Lo volvieron a ascender.
Ahora es el director de una empresa especialista en formación. No su empresa, la de otro. Tiene muchas preocupaciones, poco tiempo libre, un humor de perros.
Ni una sola vez tuvo una foto nuestra en ninguno de esos trabajos.
Ninguno le gustó lo suficiente.
En ninguno estuvo cómodo.
En ninguno quiso quedarse.
Pero lo hizo por nosotros. Y lo sigue haciendo.

24.1.11

"Siempre fui mejor amante que marido; se me hace más romántico añorar lo perdido que agarrarme a lo que tengo, me gusta rescatar tesoros de galeones hundidos y bucear por las bodegas de carga, aunque sepa que esos barcos no volverán a surcar los mares, y también tengo por costumbre poner trabas en la aduana a quien intenta amarrar de buenas a primeras su velero cuando el viento lo trae a mi muelle."
El Cable Azul


Gracias.

21.1.11

Off.

Acabo de volver de pasar una semana en Lausanne (Suiza), disfrutando de la Erasmus que nunca tuve ni tendré.
Estuve en un país extraño, con unas costumbres rarísimas, unos horarios diminutos, un idioma que no entiendo. Me relacioné con gente de todo el mundo, todos ellos músicos, siendo una especie de observador imparcial, alguien que mira todo desde fuera pero que realmente no importa.
Estar lejos de mi familia, mis amigos, mi pareja, el país que adopté como propio, mi idioma, mis calles, mis códigos comunes, comunicándome en un idioma que no era ni el mío ni el suyo, ajustándome a nuevas maneras de vivir, hizo que me diese cuenta más que nunca que tengo que salir de acá.
Salir de esto, de estas calles, de esta ciudad, de este país.
Alejarme, coger perspectiva, reencontrarme, cambiar.
No soy de ningún lado y por eso puedo ser de todos, por eso necesito ser de todos.

Me aterroriza que este año termine.
Me aterroriza alejarme de esta rutina de clases y trabajos, de prácticas y enseñanza, de adquirir conocimiento que ya apenas me interesa adquirir. De este circo que es la Universidad, mi Universidad, mi facultad, mi clase. De esta ciudad que fue mi ciudad durante cinco años, de estas rutinas, estos viajes en bus, estas compras, cinco años en el mismo supermercado, con los mismos cajeros, con la misma gente en sus colas, con sus mismos productos.
Me aterroriza alejarme de lo conocido y enfrentarme al futuro que ni sé si existe, pero lo necesito.
Necesito tener retos, necesito alejarme de esta conformidad que se instaló en mí con 23 años, alejarme de lo que yo misma creé para mí. Dejar de ser quien dije que soy durante todo este tiempo, ver si en realidad no soy otra, no quiero otras cosas.

"No has estudiado una carrera para..." Quizás sí. Quizás he estudiado esta carrera porque me gusta, porque era lo único que me interesaba y no me llevaba directa a la enseñanza, porque me gusta vivir en este mundo, aunque sepa que es casi imposible ser parte de este mundo. Así que quizás sí estudié esta carrera para trabajar de dependienta, para cuidar los hijos de otros en un país extranjero, para viajar lo que pueda, para no establecerme nunca.
Quizás debería intentar no pensar en lo que se supone que debería hacer con mi título una vez que termine, no pensar en buscar trabajo "en el sector", no montar nada con amigos, no matarme por entrar en algún canal de televisión de los que actualmente hablo mal, porque quizás mi felicidad no está en eso.
Quizás lo mío es otra cosa. Quizás lo mío sólo es huir, pero mirando atrás.
Quizás esta es la enfermedad de mi generación: empezar cosas que nunca terminamos, terminar cosas sólo porque es lo que tenemos que hacer, hacer la escala "bachillerato, Selectividad, carrera, trabajo, piso, familia" y sonreír mientras tanto porque eso es lo que nos dijeron que era lo correcto, lo que cualquiera desearía.
Quizás sólo necesito un año.

Un año. Otro país. Pensar. Decidir.
O quizás sólo escapar.

9.1.11

Pampa.

Quiero absorber las llanuras infinitas con mis ojos,
para reemplazar estos paisajes de montañas, sierras y olivos.

4.1.11

Nuestras conversaciones son distintas, más adultas.
Él me confiesa que quiere tener una relación, sentar cabeza, pero no encuentra con quién.
Yo le hablo del miedo a quedar destrozada cuando esto acabe.
Hablamos en voz baja, dando vueltas por un barrio cuyas casas vimos nacer, mientras cae la niebla e intentamos contener las lágrimas uno, convencerse de que sigue igual el otro.

30.12.10

Creo que debería volver a aclarar algo.
No vivo en el pasado. Escribo sobre el pasado, que no es lo mismo.
Mi presente es sólo mío. Mío y de la persona con la que lo comparto, que en un alarde de originalidad he nombrado El Novio.
A lo largo de este blog están desparramados Hobbit, Osezno, E.D.M (o S. M), Mr. Big, Chicomar, El primo. Pero él es el único El Novio.
Mi pasado es sólo mi pasado. Mi pasado son recuerdos, quietos, inmóviles, sin vida.
Pasados a través de la invención de Morel.
Pero mi presente está vivo, y me hace sonreír, y me crea tal cantidad de endorfinas como para parar un tren (y evitar que mi muy maltrecho cuerpo enferme).
Mi presente es simple y suave, cercano. Mi presente no me genera angustia ni ansiedad. Mi presente no hace que me duerma llorando.
Mi presente está conmigo todos los días, y eso no es un problema (lo que es un problema, pero porque me gusta ser complicada). Mi presente incluye comida para dos y ponerle pasta de dientes a otro dentífrico. Mi presente tiene su foto enmarcada en mi habitación, en su habitación, en nuestra habitación. Mi presente me cuida y protege, me hace sentir segura, permite que deje de luchar por todo. Ya no más pelear con la distancia, con las diferencias, con las voluntades ajenas.
Mi presente es sólo mío.
Mi presente será pasado en algún momento, y entonces podré nombrarlo, explicarlo, contarlo.
Pero hasta que ese momento llegue, juego con recuerdos, escribo sobre recuerdos, escribo sobre otras personas, otros tiempos y otros lugares, porque no quiero compartir lo que es mío, no quiero que nadie me desgaste estos momentos, estas caricias, estas conversaciones.
Porque esta paz y esta calma son sólo mías

28.12.10

Sam.

Me acordé de cómo gruñías y me atacabas, de tu respiración entrecortada en mi oreja, de tu cara sobre mí.
Me acordé de como poco a poco tu cara se fue transformando, se hizo más suave, cuando empecé a llorar. Y simplemente me abrazaste.

27.12.10

Una de las cosas que más feliz me hizo, además de ver aparecer su cabeza llena de rizos en el marco de mi puerta, fue saber que él me sigue considerando alguien a quien merece la pena sorprender en su casa una mañana de Navidad.

Yo también te quiero.

25.12.10

Duda.

¿Debería salir a buscar aventuras extraordinarias, vidas extraordinarias, amores extraordinarios?
¿O vivir con la felicidad simple, sencilla, real?

13.12.10

¿Cuántas veces más me ignorarás al cruzarnos?
¿Cuánto tiempo más vas a evitar trabajar conmigo?
¿Cuánto más hasta que podamos vivir en la misma ciudad?

Casi un año después, doy el primer paso.

"Hola".

Fin de año.

"Algún día, todo esto será nuestro.

Nosotros seremos los profesores, los técnicos, los redactores, los creativos, los organizadores, los dependientes, los maestros, los traductores, los arquitectos, los ingenieros, los cocineros, los escritores, los abogados, los pintores.
Seremos los que se levanten a las 7 de la mañana y hagan girar al mundo. Los que le solucionen la vida a los demás. Los que vivan su propia vida.

Este no es el momento de salir todas las noches, arruinarnos el hígado y el bolsillo, matar neuronas, perder el tiempo.
Es el momento de investigar, de conocer cosas nuevas, de abrir la mente, de leer, de trabajar, de pensar.

Cuando tengamos 23 o 24 años y nuestro título en la mano recordaremos las horas pasadas haciendo trabajos kilométricos, presentaciones tediosas y almacenando información (inútil en su mayoría); los días en la facultad, las noches sin dormir, esos dos meses mortales de exámenes.
Y ese va a ser el momento de cumplir con nuestro horario laboral y después, vivir.
De no llegar a casa pensando en el proyecto que tenemos entre manos y dormirnos pensando en él y despertarnos pensando en él.
De viajar, de conocer, de disfrutar.
De gastar nuestro dinero en lo que queramos.

Así que espero fumando.
Espero mientras hago malabares con el trabajo de investigación, las dos reseñas de libros y las dos prácticas que tengo por hacer, mientras los apuntes se acumulan a mi lado.
Espero mientras veo a otros salir todos los jueves, espero mientras vienen con sus historias divertidas y surrealistas, espero mientras los envidio un poco.

Espero fumando con un libro en la mano y un ordenador en otra.
Espero mientras hago números y veo que no, que no llego a fin de mes y me preocupo por la beca y el aumento del bonobús y por lo maruja que me estoy volviendo.

Espero fumando mientras planeo proyectos personales, cámara en mano y con pasión aunque sin tiempo ni energía.
Espero contando los días para que termine este año, para empezar el siguiente, para lanzarme al mundo.
Espero fumando con amigos, con rollos, con novios, con compañeras de piso, con desconocidos que conozco una tarde en algún sitio.
Espero mientras miro exposiciones, mientras participo en ellas, mientras me muevo inquieta por esta ciudad que no es la mía pero que también lo es.

Porque, como me dijeron la otra vez, el tiempo no es un factor importante.
"


18/06/08
Hace dos años parecía tenerlo todo más claro.

Mashup.

Es mi primer muchas cosas: primera familia política a la que viajo a conocer, primero del que pongo una foto en mi habitación en un marco bonito, primero con el que no me agobia pasar tanto tiempo juntos.

Fue la primera vez que fui a un hotel como una adulta. Sin viajes de fin de curso, sin familia. Sólo nosotros y la habitación 117, desde cuya cama se veía el mar.
Las cortinas blancas, la ducha conjunta, las toallas que no se secaban, mis pies lastimados, descubrir todo un mundo nuevo.

Al despertarnos, primero me daba un beso a mí, y después a mi marca de nacimiento. Al acostarnos primero se lo daba a mi marca de nacimiento.

Hablé 10 horas seguidas con él. Diez horas seguidas.

La primera mañana que nos despertamos juntos, abrazados y con mariposas en el estómago, fue la mañana más clara y brillante de mis cinco años en Sevilla. E intentar mantener el secreto fue divertido los tres días que duró.

Me hizo sentir deseada, realmente deseada, por primera vez en mucho tiempo. Fue el primero en el que me fijé cuando llegué, y dos años y pico después, el primero con el que me acosté.

Mushy.

Me acostumbré a dormir desnuda.
Ahora termino quitándome el piyama. Me pica, me molesta, me resulta incómodo. No puedo dormir vestida.
Y eso me hace echarlo más de menos.

6.12.10

Audrey.

Esta canción para mí siempre será verano, humo de porro, calor, sudor, sexo, cortinas marrones, cama revuelta, paseos en moto, encuentro furtivo detrás de unos servicios, miedo, emoción, besos, caricias, primeras veces, pudor, luz tenue, risas, conversaciones, saliva, abrazos, soñar con otras vidas, tirarme en la cama a mirar el infinito, Osezno, cuerpos desnudos, nuevo.


5.12.10

Bitch Club. Life Member.

Volví a ser la chica de 15 años que se ponía camisetas con frases provocadoras en colores flúo, la que te desafiaba a que la miraras, la que necesitaba que le dieses una excusa para odiarte.
Pero ahora lo hago con un gorro con orejas de gato.

1.12.10

Larvae.

Insomne me dijo que estaba muy bien saber que todo lo que necesito para salir corriendo está en mi mochila.
No es así.
Estoy demasiado atada, enredada en esta realidad y en esta vida, como para dejar todo y escapar. No puedo cortar ciertos lazos.
Lazos de sangre, lazos de amor, lazos de costumbre, lazos de tiempo, lazos de experiencias.
No puedo deshacer lo que está hecho, romper lo que está unido, viajar con poco equipaje.

Siempre llevo demasiado peso.
Siempre llevo demasiado peso para una persona que es Ciudadana del Mundo, que no tiene un lugar propio, que es de todos lados.
Pero ¡ah pequeña!, te olvidaste de un detalle: las mayores ataduras no son los lugares, son las personas.
Así que por más que seas una Ciudadana del Mundo, por más que puedas sentirte en casa en cualquier lugar, siempre tendrás que volver a los que querés. Siempre podrás volver a los que querés. Siempre necesitarás volver a los que querés.


El peso crece por momentos. Crece con cada encuentro, con cada vivencia. Y llegará un momento en el que no podré escapar, en el que estaré atada a un lugar y a unas relaciones para siempre.
Y eso sólo me da más ganas de salir corriendo.

El mundo es cada vez más complicado. Mi mundo, al menos. Por cada eslabón que se agrega en mi cadena aparecen más problemas, más complicaciones, más razones por las que huir sin mirar atrás.

Déjenme ser libre. Déjenme huir de mis problemas, ser irresponsable, saltar de sitio en sitio, volver a empezar. Déjenme reinventarme.
Porque cuando tuve la oportunidad, cuando realmente empecé de nuevo, no supe apreciarlo. Seguí siendo la misma, demasiado aferrada a mis propios pájaros en la cabeza, a mi supuesta grandeza, a lo que siempre me dijeron.

Podría haber sido cualquiera, y elegí ser yo, una yo que se fue alejando cada vez más de lo que era en realidad, para transformarse en esta larva cobarde y vaga que no se atreve a romper cosas, a hacer ruido, a lograr que alguien se dé cuenta de que existe.
Esta larva que dejó toda su magia por el camino y que ni siquiera puede keep her sh*t together.

Ojalá pudiese cargar todo mi peso en una mochila.
Ojalá pudiese ser tan libre.
Ojalá pudiese salir corriendo de verdad.
Pero estoy trabada acá.

29.11.10

Evolución.

Me corté las uñas.
Me corté el pelo.
Mis faldas ahora son más largas.
Dejé de forzarme para usar zapatos de tacón.
Los vestidos ya no son tan ajustados.
Dejé de alisarme el pelo todos los fines de semana.
Estoy más cómoda saliendo con un vaquero y una camiseta.
Ya no me maquillo tanto.

Me volví práctica. Las zapatillas son mis amigas. Estoy siempre lista para salir corriendo, para cargar equipo, para trabajar.
Me volví práctica. Me volví cómoda. Me volví menos llamativa. Me volví menos provocadora.
Me volví más adulta.

22.11.10

Dejar de ser.

Hace tiempo escribí que lo que más miedo me daba era perder los recuerdos.
Por eso escribo todo, clasifico todo, fecho todo. Para poder recordar mi vida y quién fui, porque sin recuerdos no soy nadie.

A mi abuela le acaban de diagnosticar Alzheimer.

9.11.10

Stick.

Cuando me lo contaste tenía demasiado alcohol en sangre como para darme cuenta de lo que realmente estabas diciendo.
Pero ayer me di cuenta: Capullo, me dejaste por otra.

8.11.10

Lick.

Ser la última persona con la que alguien se acostó me hace sentir orgullosa.
Es raro, pero saber que nadie más que vos estuvo tan cerca de él en todo ese tiempo... Es casi como si todavía pudiese sentir mi saliva sobre él.

29.10.10

Entre una montaña de otras cosas olvidadas, tu fotografía.

27.10.10

Septiembre.

Cuando volvés a un sitio, y todo es igual pero a la vez diferente.
Cuando volvés a una persona, y todo es diferente pero a la vez igual.

10.10.10

Fact XXV.

Lo quiero porque me hace feliz.

3.10.10

"With my hands open and my eyes open I just keep hoping that your heart opens"

Podría escribir nuestra historia mil veces, de mil maneras distintas. Podría escribirla entera, de golpe, o ir contando trozos a lo largo de los años.
Pero la verdad, la verdad desnuda de nuestra relación, permanece alejada de lo que soy capaz de contar con palabras.
Somos amigos, fuimos amantes, somos parte del otro, nos hacemos cruzar el límite mutuamente, volvemos al punto de partida varias veces, nos miramos a los ojos y hay más de lo que dicen las palabras, vivimos a través de nuestros olores, pasamos horas pensando en el otro y hablando con el otro, competimos en el terreno académico y audiovisual (y siempre gana él), vivimos varias vidas imaginadas, seguimos intentando algo imposible.
Anoche, un septiembre más, hablamos de pie en medio de la Feria. Esta vez no pudieron ser horas. Tuvimos que conformarnos con bastante menos.
Anoche las frases incompletas significaron mucho más.
Anoche finalmente dijimos directamente lo que los dos sabíamos y sabíamos que el otro sabía.
Nosotros somos así. Y por más que ya no podamos tener la misma relación que antes, no podemos evitar mirarnos a los ojos y saber que hay mucho más. Pero también sabemos que no hay nada más.
Que nunca tendremos una relación normal, que nunca tendremos una relación propiamente dicha. Porque él es como es y yo soy como soy y él es como es.
Así que ya no cuento la historia del amor de mi vida, porque lleva mucho sin ser el amor de mi vida. Porque encontré otros amores de mi vida que sí quieren serlo.
Porque nunca quisimos lo mismo, pero aún así nos queremos.
Así que seguimos siendo nosotros, y ocultando al mundo lo que somos, porque desde fuera parece una locura, una insensatez, algo malo y que hace daño.
Y no lo es.
Nos queremos y deseamos lo mejor para el otro. Somos parte de su sistema de apoyo. Nos divertimos y nos hacemos reír. Tenemos mucha historia juntos, y eso va a ser así siempre.
Simplemente, no es algo convencional, porque nosotros no lo somos.

Y aunque sé todo esto, no pude evitar sentir que una era se acababa. La era donde todavía fingíamos que podíamos tener todo lo que queríamos.

28.9.10

Pastillitas rosas.

Mi problema ahora es que como casi siempre estoy feliz, cuando tengo un día malo es MUY malo.

22.9.10

Cuando nos alejamos, cuando me alejo de él y de sus ojos y de su voz y de sus manos, todo empieza a resultarme pesado.
El estar todo el tiempo juntos, el sentirme obligada a mantener el contacto diario, el hacer planes tan a futuro.
El anillo que me regaló me molesta para dormir: me aprieta o se me clava o me resulta incómodo.
Cuando salgo de la atmósfera intoxicante que nos creamos, vuelvo a ser la de antes, la de los miedos y los agobios.
Por suerte, en cuatro días volvemos a ser nosotros. Y entonces podré disfrutar del momento, y no sentirme mal porque pienso que él me quiere más de lo que yo lo quiero a él.

15.9.10

Círculo.

El sábado pasado me encontré en el mismo día con mi primer ex español y con el último.
Seis años entre ellos. Cuatro relaciones, una de ellas realmente seria. Varios rollos menores. Tres amores.
Toda una vida.

8.9.10

Auchan.

Hace unos días fui a un hipermercado.
Fue como viajar en el tiempo.
Nuestra rutina de los sábados por la mañana era esa: ir al hipermercado de cerca de su piso, comprar comida para la semana, productos de limpieza, pasear por góndolas sin ánimo de comprar nada, mirar menaje, bebés en sus carritos, animales en la tienda de animales que todo hiper tiene, ponernos tiernos debajo del muérdago de la sección de carnicería, reírnos al ir a pagar.
Vivir una vida adulta, pensando que teníamos 30 años y una casa y una relación para siempre, teniendo 18 y 19, viviendo de nuestros padres y fingiendo que éramos más adultos de lo que éramos.
Nos gustaba vivir esa fantasía, nos divertida jugar entre góndolas a que todo era real.
Y parte de nosotros se quedó ahí, atrapada en un hipermercado eterno, lista para recogerla al entrar.

29.8.10

Mr. Big.

Después de tantos años, seguís poniéndome tonta al hablar. O al mirarme. O al existir.
Y no hay nada que me guste menos que ese poder que tenés sobre mí.
Y a la vez, no hay nada que me guste más que todavía tenerte en mi vida.

16.8.10

No es un adiós, sino un hasta luego.

Mi primer día de clases en España es un borrón. Incluso a la semana no podía recordar más que fragmentos.
Sé que la gente me miraba al hablar, y me miraba los pantalones insistentemente (en Argentina ya no se usaban los pantalones de campana y mis vaqueros eran rectos).
Recuerdo a una chica toda vestida de rosa ("Mini-María", dijeron mis nuevas amigas al unísono cuando se los conté), otra chica que me trajo una silla (la siempre amable Cristina) y unos chicos que creía que eran mellizos pero que ahora los miro y no se parecen en nada.
Y lo que más claramente recuerdo fue mi última hora de clase. Educación Física. Yo no sabía mi horario, así que no llevaba ropa adecuada para hacer deporte (odio la ropa adecuada para hacer deporte). Miguel, nuestro profesor, me sentó con los que tampoco podían hacer deporte: Raquel, que tenía las cervicales lastimadas, y Kike, que se había torcido la muñeca esquiando la semana anterior.
Me senté con ellos en el suelo, al lado del aro de baloncesto. Raquel me hacía preguntas, mientras Kike escuchaba y dibujaba.
Kike era una masa de rizos castaños, unas gafas increíblemente gordas y deformes y un jersey azul que tendría durante años. Así lo recuerdo ese día. Rizos, gafas, y mucho azul.

A los dos meses, la rotación de compañeros de banco hizo que me sentara con Kike durante los dos últimos meses de clases. No hablábamos demasiado. Veíamos graffitis por internet, nos reíamos de nuestro profesor de Lengua, nos enterábamos un poco de la vida del otro.
Un día llegué a clase, fui a mi sitio y había un chico sentado ahí. Lo volví a mirar y no era un chico, era Kike, pero sin su maravillosa pelambrera rizada. Fue raro acostumbrarse, pero al final...

Los años pasaron. Nos hicimos amigos, salimos por la noche, jugamos a rol, nos contamos vida y obra, nos fuimos a estudiar a la misma ciudad, nos liamos, nos enamoramos, hicimos vida en común, cocinó para mí, las cosas se pusieron feas, me dejó, me rompió el corazón, escribí todo lo que tenía que escribir sobre él, nos seguimos viendo, siguió siendo la persona que me calmaba cuando todo iba mal, después ya no, me invitó a tarta y charlas en su piso, estuvo ahí a la distancia y un día me enteré de que se iba a México durante un año.

Y no pude estar más feliz por él. Es una persona que va a llegar lejos, y es una persona que aprovecha al máximo cada oportunidad. Se lo merece más que nadie.
Pero en parte también siento que es mi hijito, y que México está muy lejos y que lo conozco lo suficientemente bien como para saber que no querrá volver cuando llegue el momento.

Hace dos días vino a despedirse de mí. Y cuando entró por la puerta, ahí estaban: sus rizos habían vuelto. Se dejó crecer el pelo de nuevo, y volvió a ser mi Kike de 16 años.
Hace tiempo que cambió las gafas por unas nuevas, unas que no le hacen los ojos de rana que tanto me gustaban y tanta ternura me provocaban.
Hace tiempo que ya no tiene 16 años.
Hace tiempo que ya no dibuja lo que antes dibujaba: lo suyo ahora son los edificios.
Hace tiempo que dejó de ser mío, al menos como lo era cuando tenía 16 o 18.
Pero durante 20 minutos, mientras miraba sus rizos nuevos, volvió a ser el chico que me ignoró y no me agobió el primer día de clases, mi compañero de banco, mi amigo.
Él, con sus gafas y sus rizos.

Él, que ahora mismo está en México.
Él, al que vi salir por la puerta con una sonrisa en la cara, mientras decía "Nos vemos en un año" y mi corazón se encogía un poquito.
Él.

Fact XXIV.

He viajado en varios medios de transporte, sobretodo autobuses de larga distancia, con botellas de vino, posters, trípodes, un cactus y un mini-rosal.
Just sayin'.

12.8.10

Siempre esperé una casualidad divina, una muestra del Destino, una señal. Un momento romántico, un beso bajo la lluvia, un "siempre supe que eras vos".
Pero quizás el amor es esto.
Compartir un litro de helado, encontrar pequeñas cosas que sabés que le van a gustar al otro, tener unos códigos propios. La rutina.

Sin flashes, sin descubrimientos extraordinarios, sin encuentros casuales que cambian tu vida. Growing to know each other y ya está. 
Y eso también está bien.

9.8.10

Memoris.

Desde los 13 años escribo un diario escrupulosamente. Todas las noches, antes de irme a dormir, escribía qué había hecho en el día. Y si esa noche no podía por lo que fuera, lo hacía al día siguiente.
Después empecé con el fotolog y el blog, que son prolongaciones de ese diario.
Guardaba los correos importantes y los no importantes, las cartas y notitas, las entradas del cine.
Registraba mis recuerdos, mis memorias, mi vida.
Al empezar la Universidad, tenía periodos en los que no escribía. Unos días, unas semanas, unos meses. Nada cambiaba, porque el mundo interactivo seguía registrando todo.

Pero llevo meses sin escribir de manera regular. Cerca de siete meses sin tocar mi diario, un par de meses actualizando el fotolog una vez por semana, escribiendo acá muy de vez en cuando...
Supongo que ahora no me dedico a registrar mi vida, sino a vivirla. Ya tendré tiempo de escribir mis memorias, ahora toca crearlas.
Así que vivo de manera furiosa y contemplativa, disfrutando el momento y el futuro ya se verá. Y el pasado poco importa.

5.8.10

He is a keeper.

Su familia me olisqueó y decidió que era de fiar. Me hicieron comer como si estuviese desnutrida. Di vueltas por su casa, toqueteando todo. Revisé álbumes de fotos familiares. Visité su antigua casa, su antigua habitación. Descubrí que, a 10.000 km de distancia, jugábamos con prácticamente el mismo ciempiés de peluche. Dormimos abrazados. Dormimos mucho, supongo que para recuperar las horas perdidas por el insomnio el mes anterior. Fue mi pinche de cocina, y mi fotógrafo personal. Me prestó libros y películas, me mostró los cuadros de su hermana la artista y me hizo sentir en mi casa. Recorrimos sus calles y sus historias. Conocí a sus amigos, que me preguntaron si podían morderme una teta y le dijeron que era más guapa de lo que parecía. Nos bañamos en su piscina de juguete. Creamos nuevos personajes, como Toby el perrito especial y su hermano Timmy, el torpe. Y Cara de Pene, con su vida tan penosa (ja). Pensamos nuevas historias Disney. Me pidió que fuera su rascadora oficial, pero todavía me debe el anillo. Planeamos nuestra boda ficticia, y mantuvimos esas absurdas conversaciones de mentira que cualquiera creería que son de verdad. Me metí con él, se metió conmigo. Me hizo reír hasta que apareció mi risa Pulgoso, recordando mi episodio con Pepito el caja. Exprimimos los días al máximo, para que cinco nos pareciesen diez, pero siempre nos falta tiempo.


He is a keeper.





Y ahora toca esperar.

18.7.10

Mei.

Eso es amor.
Eso es paz.
Flotar en una piscina, unidas por un flotador naranja, divagando sobre la vida y sobre el amor, espantando avispas, buscando el sol.

14.7.10

Mind-eraser.

Hoy recordé lo divertido que es el sexo estando borrachos.
Las lagunas mentales, el hablar de más, las luces demasiado brillantes, los movimientos ralentizados y acelerados alternativamente, el tacto surrealista de su piel, las decisiones apresuradas, el no saber qué hacés pero darte cuenta de que está bien hecho, las órdenes, no medir la fuerza, terminar atada y rota, reírse de cosas de las que nos vamos a arrepentir al día siguiente. Pero sobretodo, caer en la inconsciencia más profunda al terminar, y despertarte abrazada a él en cualquier postura, intentando recordar si finalmente le dijiste que querías casarte con él ahora o lograste contenerte, pensando en la corbata rota y en lo mucho que querés repetirlo todo de nuevo.

9.7.10

Simple.

Pasamos nuestro último día juntos.
Vimos series, nos reímos, fuimos al cine, caminamos de la mano, compramos la última tarrina de helado de chocolate de todo el supermercado, nos dimos sorpresas mutuamente, nos besamos, nos dormimos tarde, muy tarde, abrazados y hablando.
Y hoy lloré cuando me subía al autobús. A pesar de volver a verlo en un mes y medio.
Nunca me pasó de despedirme por tan poco tiempo (dentro de lo mucho que en realidad es).
Mis despedidas suelen ser hacia el infinito, sin fecha fija, sin límite.
Pero ya no dormiré con él pegado a mi espalda, ya no compartiré mi helado con nadie, ya no discutiremos sobre a quién le toca decidir.
Nuestra vida se acabó, aunque dentro de un mes y medio vuelva a ser su invitada, vuelva a quejarme de su termo que funciona raro y de su internet robado.
Supongo que todo se resume en dos palabras:

Lo quiero.

Y no, sé que no es para siempre.
Pero a los 22 años no busco un "para siempre", busco un "hasta que dure".

2.7.10

Hecho.

Soy escritora.
No lo soy por tener un alias rimbombante.
No lo soy por creerme escritora.
No lo soy por decirlo a los cuatro vientos.
Nadie hace documentales sobre mí.
No me pagan.
Nadie me publica.
Pero soy escritora.
Soy escritora porque necesito escribir.
Porque me expreso mejor con palabras.
Porque pienso en palabras.
Porque nunca deseé otra cosa.
Porque vivo de esto.
Simplemente, porque lo amo.

29.6.10

Tengo miedo de que cuando vuelva en septiembre ya no estemos juntos, y me encuentre su cepillo de dientes entre mis cosas.
Otra vez un cepillo de dientes hablando de abandono.

22.6.10

El principio del fin.

Soñar con tiempos felices y risas con una persona, despertarte a su lado y que todo siga igual.

Podemos retrasarlo, pero no frenarlo.
Un año más, toca mudanza.
Quitar las fotos de las paredes, descolgar los objetos, revisar que quiero y que no, que voy a necesitar en verano y que se puede quedar acá, meter todo en cajas, recordando en que caja va que, despedirme de los lugares, de las personas, de las paredes que fueron mi hogar durante nueve meses.
Salvo que esta vez es diferente.
Es la última mudanza que hago así.
La próxima vez que haga esto, voy a estar diciéndole adiós a esta ciudad, a esta etapa y a este modo de vida para siempre.
Y eso da mucho, mucho miedo.

20.6.10

El primo.

Hace más de un año, tuve el mejor polvo de una noche de mi vida.
Quedamos, hablamos, tomamos algo, me regaló un CD, vino a mi piso.
Nos besamos, nos acariciamos, nos reímos, hablamos.
Dormimos abrazados, y al despertarme me dijo que de madrugada había querido escribir sobre mi espalda pero no había encontrado un boli y después se le había olvidado lo que quería escribir.
Hicimos el amor.
Tenía la polla más perfecta y preciosa que había visto nunca.
Se despidió, llevándose su bicicleta, sus sonrisas con los ojos y su olor. Y un libro que le presté y todavía no me devolvió.
Me dejó con un "ha sido demasiado divertido y bonito estar contigo" y no volví a saber de él.
Todavía recuerdo el tacto de su piel y nuestro primer beso furtivo en Nochevieja.
De regalo, me dejó debajo de la almohada un condón que no puedo usar con nadie más.

Eso estaba ahí, y nunca sucedió. Podía haber sido algo más, pero no lo fue.
Y mejor así: prefiero que él sea mi mejor historia de una noche, precisamente porque me hubiese gustado que sea nada más que una noche.

12.6.10

Duermeme.

Me acostumbré a eso.
Dormir de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, encoger las rodillas, recibir besos en el hombro, cerrar los ojos, perderme en la inconsciencia, despertarme a medias cada vez que te movés, despertarme del todo cuando suena la canción elegida para ese día, volver a la cama donde vos no te moviste (o sí, pero no mucho), poner otro despertador, darte un beso, ponerme de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, estirar las rodillas, esta vez no hay beso, caricias en las manos, cerrar los ojos, apretarme contra vos, volverme a dormir.
Y esta noche no estarás y mañana tampoco.
Y dentro de un mes esto será lo que tendré, una cama vacía con un hueco detrás de mi espalda, y mover la boca para recibir un beso que nunca llegará cada vez que esté medio dormida.

3.6.10

Reboot.

Una vez más las paredes se cierran a mi alrededor.
Y es raro, porque la ventana está abierta, corre un viento capaz de despejar las ideas más oscuras, ayer fui al cine (y lo disfruté), hoy amanecí acompañada y feliz.
Pero en algún momento algo se torció.
Será el dormir más de la cuenta, el programa de edición que no funciona como debería, el seguir con un ordenador ajeno y sentirme culpable por ello, el tiempo que se me echa encima, la casa vacía, la luz que se extingue, mi caos de vida, el verano que se acerca amenazante, la regla que no me viene todavía, la falta de cosas que me motiven, las ganas de crear que no puedo escuchar.
Quiero salir corriendo.
Correr por el río, hacia la Giralda, que me abracen brazos que hace mucho que no lo hacen, caminar hasta que las piernas me duelan, comer chocolate a las tres de la mañana en un banco cualquiera, volver a casa con miedo, hablar con amigos, escuchar música mientras camino rápido y reflexiono sobre lápices labiales o si teñirme de nuevo o no.
Salir corriendo y alejarme de mí, que hace un tiempo que no soy yo, y ver si así consigo -finalmente- el equilibrio que se me escapa, eso que hace dos días pensaba que tenía, esa fuerza que algo misterioso me había dado.
Salir corriendo y extinguirme y volver a renacer. Nacer y renacer y volver a renacer.

26.5.10

Cada vez que veo la luna llena a través de la ventana de esta habitación,
recuerdo la primera noche que no dormí con vos en mi cama,
en nuestra cama,
ocho meses atrás.
Cada vez que veo la luna llena a través de la ventana de esta habitación,
recuerdo mis lágrimas y mi llanto desgarrado por no tenerte,
y me siento sola,
más sola aún.

11.5.10

A veces te hacen sentir amada, te acarician durante horas, juegan con tus caderas por el hecho en sí mismo...




Y después tiene que venir una estúpida novela para adolescentes a recordarte qué y cuál es el amor verdadero.

5.5.10

Small.

"En fin"
"Serafín"
"¡No vuelvas a nombrar a otro hombre mientras estás en la cama conmigo!"
"¿Cómo sabés que estoy en la cama?"
"Preciosa, te conozco lo suficiente como para saber que estás en la cama..."

"Vaaaaaale, estoy en la cama..."

Gracias.

Y cuando mi mundo se derrumba, él sigue estando ahí.

Y me dice "No llores, que ya estoy aquí". Y así es. Está aunque no esté, está aunque lleve meses sin estar.
Y aunque daría lo que fuera porque pudiese abrazarme, aprendí a amar sus abrazos metafóricos, la manera en la que su voz me acaricia la cabeza y sus palabras me sostienen hasta que me calmo.

Y sé que ahí está él, la persona que cree en mí aunque yo no lo haga, el que ve lo que puedo dar y me empuja a darlo, el que me quiere feliz y entera.

Y quién sabe. Quizás visite su habitación con mar. Quizás podamos recordar juntos el día que llevaba plumas en la cabeza y comimos solos y nos tiramos en el suelo de la plaza del Ayuntamiento y nos gritamos y nos llovió encima y lo quise mucho mucho mucho. O quizás lo tenga para siempre ahí, justo del otro lado, listo para acariciarme sin tocarme y besarme sin hablar.

2.5.10

Tres.

De repente, me despierto un día y resulta que estoy en una relación.
Algo sospechaba yo ya.

27.4.10

Nos despertamos. Son las once de la mañana de un domingo cualquiera. El sol tiñe mi habitación de naranja, o quizás es el reflejo de la luz en mis sábanas.
Dormidos todavía, nos besamos. Nos vamos despertando mutuamente, lentamente, porque es domingo y por primera vez en muchísimo tiempo, nadie nos espera a ninguna hora.
Damos vueltas y vueltas, hablamos y nos reímos, y el mundo puede desaparecer que no nos enteraremos.
De a poco volvemos a dormirnos, porque no hay nada mejor que hacer, nada más que nosotros y la cama y mi habitación.
Dormimos entrelazados, hasta que tengo demasiado calor y me giro. Él se gira conmigo, y cuando retiro el pelo de la almohada para que no le moleste me da besos en la espalda y la nuca, y yo estoy segura de que sigue dormido.
Nos volvemos a despertar, y esta vez son casi las cuatro y nos repetimos que nos tenemos que levantar, que ya es hora, que tenemos que comer, pero la cama y nuestros cuerpos nos lo impiden y ahí seguimos, enredados.

A veces perder el tiempo es la mejor manera de ganarlo.

Cortometraje.

Expectación.
Esa es la palabra.
Como antes de una boda, de mi graduación, de Selectividad, de mi primer día de clases en la Universidad.
Es el sentir todas las células electrizadas, esa imposibilidad de dormir y el forzarte a dormir la siesta, el tener muchas cosas y muy poco tiempo, el repasar la lista mental de cosas que llevar una y otra vez, el organizar todo compulsivamente, en carpetas, por colores, por orden de importancia y marcados con post its.
Saber que mañana empieza todo.
Porque por esto sí que es el primer día del resto de mi vida.

23.4.10

"Me pasan cosas"

Ya no tenemos ese amor.

A los trece años, el tiempo se detuvo durante tres minutos cuando el chico del que estaba enamoradísima me preguntó si quería ser su novia.
Estuve ahí, parada en un semáforo, durante tres minutos mientras el semáforo cortaba y volvía a abrir, y la gente pasaba a mi alrededor sin rozarme, sin mirarme, como se hace en las grandes ciudades con el que hace algo fuera de lo normal.
El tiempo se detuvo y mi cuerpo se descontroló. Veía borroso, el corazón me latía a mil y estoy casi segura de no respirar demasiado durante ese tiempo.
Dos años después, el fenómeno se repetía. El día de mi graduación del IVA. Salía de la sala dónde estábamos ensayando nuestra perfomance "de graduación" y entre la marea de gente lo vi en medio del patio. Acababa de llegar. 250 personas y lo miré a los ojos, me miró a los ojos y de repente todo tuvo sentido: que sea el día de mi graduación y el último día que pisaba el sitio que me hizo ser quién soy, que no lo iba a ver más, que le fuese a dejar mi cactus para mudarme a 13.000 km. Éramos él y yo, y el mundo había enmudecido.

Ya no tenemos ese amor.
Ya no hay mariposas en el estómago, ya no se detiene el tiempo, ya no me mareo al mirar al otro a los ojos.
Aprendí a relajarme.
Me endurecí.
¿Me endurecí?
Tras tantos amores y romances fallidos, sé que va a salir mal incluso antes de empezar. Ya no tengo esperanza apenas conozco a alguien, ya no me enamoro total y completamente antes incluso de conocerlo bien.
Maduré, supongo.
Ese amor adolescente desapareció, y fue reemplazado por un sentimiento más calmado, más suave. Menos divertido.
Ahora todo va más rápido, es menos platónico y más físico, y no suelo pasarme meses mirándolo a la distancia.

No digo que no sienta cosquilleos cuando conozco a alguien que me gusta, o que no se me ponga cara de tonta, ni sonría al teléfono cuando hablo con un él.

Pero ya no es igual. Ya no es igual y me gustaría que lo fuese.
Enamorarme hasta las trancas, hasta las cejas, con cada célula de mi cuerpo, con una necesidad física e imperiosa de tocarlo, de mirarlo.

19.4.10

'Save the cheerleader, save the World'

Voy juntando pedacitos, trozos de él y míos, y los uno como el Hiro del futuro une los trozos temporales para descubrir cómo salvar el mundo.

Algo dentro de su cabeza le dijo que me haría ilusión tener una varita mágica con forma de estrella, así que me regaló una.
Lleva el móvil en el bolsillo trasero para no quedarse estéril.
Deja que le cambie mi nombre en su móvil cada vez que quiero.
Echa de menos que me queje de todo cuando pasamos tiempo sin vernos.
Me pide perdón por ser un capullo cuando ni siquiera se acerca a ser un capullo.
No piensa ningún futuro conmigo, y acepta todas mis otras vidas.

Lo miraba en la oscuridad. "Yo no esperaba esto. Esto no debía pasar". Pero pasó y ya veremos qué hacemos con ello. Si es que tenemos que hacer algo.

17.4.10

Se había acabado.
Juro que se había acabado.
Pero entonces me llama dos veces en la misma semana, y me dice que una canción llamada "Veneno" le hace acordar a mí y me encuentro dentro del baño de una desconocida, susurrándole al teléfono que yo también lo echo de menos y entonces lo sé.
Nada se termina.

31.3.10

Guido.

Hace un tiempo me preguntaba quién sería el amor de mi vida.
Y creo que ya lo sé.

Me di cuenta de que todos los chicos que me gustaron de verdad, a primera vista y locamente, son diferentes versiones de mi mejor amigo, y amor de la infancia.
Lo conocí con 7 años. La primera imagen que tengo de él es de uno de los primeros días de clase en mi colegio nuevo. Se bajaba del coche del padre, llevaba un guardapolvo inmaculado y el sol le daba en el pelo rubio.
Me gustó desde el principio, y estuve enamorada de él hasta los 10 u 11 años. Se convirtió en mi gran amigo, el que siempre estaba, mi compañero permanente de trabajos prácticos.
Fuimos al Leloir juntos, él siguiendo mis pasos.
Nos sentábamos juntos y dividimos el banco en dos para que cada uno pudiese escribir lo que quisiese pero en su parte. Le pasaba las respuestas en el exámen de Inglés, él a mí en el de Matemáticas. Nos pasábamos las clases hablando, sobre todo las de Inglés. Me hacía las cuentas porque sabía que no me salían. Compartíamos un par de guantes y nos dábamos la mano libre para mantener las manos calientes en invierno. Siempre me preguntaba si no me había "comido" a nadie y lo odiaba por eso. Cantábamos canciones por lo bajito y me abrazaba cuando se lo pedía, sin preguntar por qué.
Hablábamos durante horas por teléfono, e incluso hacíamos la tarea via telefónica. Cada vez que iba a su casa a comer la madre me servía algo que no me gustaba, pero me daba igual porque me encantaba ir a su casa. Nos encerrábamos en su habitación a trabajar y estoy segura de que la madre creía que estábamos juntos o algo.
Me regaló un corset precioso para mi cumpleaños de 15. Venía a dormir a casa y daba igual todo. Mis amigas estaban enamoradas de él, y a mí me molestaba porque era mío y de nadie más.
Lo quería como a nadie más, como a nadie antes. Sabía mis problemas amorosos y aunque daba unos consejos horribles, los escuchaba igual.
La última época intenté, en uno de mis movimientos recurrentes, alejarme de él haciéndole daño para no partirme en pedazos cuando tuviese que venirme. Aún así estuvo ahí, me aguantó como nadie y un par de días antes de subirme al avión vino a verme a casa de mi abuela, comiendo helado de dulce de leche. Cuando tuvimos que despedirnos... Lo abracé, lo besé y no miré atrás.
Nunca miré atrás cuando me despedí de mis amigos. Intentaba que no me viesen colapsarme, que les fuese más fácil dejarme ir, pero me rompía el corazón cada vez que los abrazaba por última vez. Sigue haciéndolo al recordarlo.
Vino a verme hace dos años. Y no lo aproveché bien. Me castigo por eso siempre que puedo.
Dormíamos juntos, hablábamos hasta quedarnos dormidos, salía con mis amigos, hacíamos turismo. Pero de alguna manera sentía que invadía mi espacio al juntarse mis dos mundos. Fui una egoísta y desperdicié una oportunidad increíble de tener a una persona a la que adoro cerca.
A pesar de eso cada momento fue único.
Dios, como lo quiero.

Nunca encontraré a nadie como él.

27.3.10

Sé que estás ahí, pero no puedo verte ni tocarte.
Sé que respiramos el mismo aire, pero no te encuentro.
Te siento del otro lado, pero te seguís escondiendo.

Tu vida no se toca con la mía, tus fotos son las fotos de un extraño y seguís empeñado en no entenderme, en no creerme lo que te digo, como si todavía te sorprendieses de dónde estamos.

Entonces hacemos planes independientes, planes lejos del otro, cada vez más lejos. Hacemos como que no nos importa, como que no hay un sentimiento de abandono cada vez que hablamos de cosas que nos alejarán.

Y ahora necesito alejarme de eso, porque si sigo pensando en todo esto...

23.3.10

Mensaje de amor.

Reniego de tu nombre entero. Me parece de señor, de pipa y butacón, de bigote espeso y peinado con gomina, de bigotera como Poirot.
En cambio sos mi niñochico con mil voces, dedos largos y sonrisa perenne, un ser con el nombre reducido, con nombre inventado, con una sensación más que un nombre.
Y entonces te quiero. No, no, "entonces" no. Y por eso te quiero.
Intentaba dormir, con la luz encendida y mirando al techo -a veces pasa que tengo que tener una sensación particular antes de intentar dormir de verdad- cuando recordé frases y momentos, y supe que.. ¿qué supe? Quizás que ahora mismo vos dormías como yo, desnudo, a 1.745 kilómetros. O que algo cálido y suave se me instala en el pecho cuando pienso en vos.
Me enamorás con cada frase. Y eso que sabemos que no hay manera, que no hay lugar, que no hay tiempo, que no hay posibilidades para nosotros. O quizás precisamente porque sabemos eso.
Quizás porque nunca hubo especulación, nunca hablamos sobre el tema, nunca nos dijimos lo que nos pasaba con el otro hasta que nos llovió encima y nos sentimos vivos.
Porque me sentí viva.

22.3.10

Pequeñeces primaverales.

La primavera está llegando.
Huelo a azahar desde mi sexto piso, a través de la ventana abierta.
El aire es tibio.
Duermo desnuda bajo el edredón.
Tengo una cicatriz ligeramente curvada en el dorso de la mano, debajo del meñique de la mano izquierda.
Como chocolate, pero ya me apetece más yogur con cereales.

21.3.10

Kamikaze emocional.

Intenté refrenarme, dejar de publicar intimidades, dejar de dar munición, dejar de preocupar al personal, dejar de mostrar.
Pero no puedo.
Hace unas semanas me preguntaron a quién había que creerle, a la que escribe acá o a la que habla fuera. Es como preguntarse a qué parte del perro hay que hacer caso: a los ladridos o a la cola moviéndose.
A las dos. La respuesta es a las dos.

Y en estas semanas pasaron cosas, claro que pasaron cosas.
Tuve conversaciones importantes.
Trabajé en proyectos que me gustan.
Dormí muchas noches fuera de casa.

Tuve un aniversario. Un año desde la primera vez que vi los ojos transparentes de Chicomar mirándome desde el andén de la estación de autobuses, yo con camiseta y uñas rojas, él con su camiseta de los Thundercats.
Es increíble lo rápido que pasa el tiempo. Pero, sobretodo, lo mucho que cambié desde ese día.
Releí los mensajes que nos mandamos el día antes de que fuese y en el viaje de vuelta, y volví a oler el olor a azahar y a sentir el calor de la vuelta, a las 9 de la mañana. Y también lo vacía que me sentí al entrar en mi habitación, al mirarme los moretones y rasguños en el espejo, al oler el salitre que todavía llevaba en la piel, y al ducharme y eliminar todo rastro de él de mi cuerpo.
Como lloré esos días. Como lloré en los meses siguientes. Como me imaginaba su cuerpo cada noche detrás del mío.
Y acá estamos, un año después. Tan distintos. Tan distinto.

Mis planes para el año que viene se arruinaron. Es muy probable que me quede donde estoy. Y eso no es tan malo. De no ser porque ya me había hecho ilusiones y había imaginado mi vida allá. Cerca de él y de ellos. Cerca de mis raíces más próximas. En un sitio donde estoy realmente cómoda, por primera vez en bastante tiempo.
Ahora tengo que pensar un nuevo futuro, y eso se complica. Un nuevo sitio donde vivir, nuevos compañeros de piso... y decidir qué hago con lo que ya tengo.

No duermo sola. Y en menos de dos meses me lancé a una especie de relación demasiado cercana, demasiado pegada, demasiado asfixiante... con la que estoy extrañamente cómoda.
Nos vemos todos los días y eso no es un problema. No era un problema. No al menos mientras pensaba que tenía fecha de caducidad, hasta que supe que iba a estar acá el año que viene.
Porque ahora ya no sé. No quiero cometer más errores, no con él. No quiero que se transforme en otro EDM. No quiero hacerle daño, ni quiero perder la vida que tuve hasta ahora.
Estoy bien. Bien con él. Pero no con la situación. Eso de que todos nos consideren un pack, de poner incómodos a amigos comunes, de no cumplir ninguna responsabilidad porque esa cama nos absorbe, de no relacionarme con mis compañeras de piso y que me odien más de lo normal.
Y su cara al besarme. Y su manía de tener detallitos como regalarme una varita mágica, o escribirme en un documento de Word por qué me regala cada canción que me regala, o preocuparse de más cuando estoy un poco triste, o acariciarme hasta que me vuelva a dormir aunque él ya no tenga sueño, y dormirse conmigo cuando le digo que si él no duerme yo tampoco.
Todas esas cosas que me hacen sospechar que realmente no sabe dónde se metió, que me hacen creer que tiene esperanza de terminar felices y comer perdices, y eso no va a pasar, porque nunca pasa, y menos conmigo. Pero me desconcierta lo poco que le preocupan ciertas tendencias mías, ciertos mensajes y comentarios y acciones. Lo poco que le parece importar mis sentimientos hacia otras personas y cosas que me alejan o alejarán de él.

Todo pasa ahora. Todo pasa en este momento, porque la vida pasa siempre.
Pero necesito hacer un parón, poder pensar con claridad, decidir qué hacer con mi vida y con mi corazón. Fuera de esta ciudad, de estos amigos, de estas responsabilidades, de este dejarse llevar que me tortura desde hace años.
Necesito volver a mí.

10.3.10

La era virtual.

A veces olvido que hay personas de cuyas vidas ya no formo parte. Personas para las que ya no significo nada.
Por suerte, Facebook está ahí para recordármelo.
Lamentablemente, yo lo sigo intentando.

8.3.10

El cristal por dentro.

Como de esto:
La punta de tus dedos es la nariz de un gato, las alas de una bolboreta.
Se pasa a
esto:
La punta de tus dedos es la nariz de un gato mientras recorrés mi cuerpo, las alas de una bolboreta cuando rozás mi cintura al caminar.

Cosas que nunca publiqué VI.

Creo que todo empezó cuando dejé de creer en la magia.

Cosas que nunca publiqué V.

Mi naturaleza me lleva a no estar sola, pero sólo estando sola puedo definir quién soy, porque cuando estoy con alguien me defino por él. ¿Debería estar sola? ¿Debería mantenerme alejada de las personas para descubrir quién soy y ser esa?
Hace una semana hablaba de lo orgullosa que estaba de mí misma por no depender de nadie, por estar madurando. Y ahora dejo que una opinión de alguien nuevo en mi vida influya mi manera de ser.

Cosas que nunca publiqué IV.

Me curaste y me envolviste en una capa protectora.
Invisible, eso sí, pero que llevaba siempre encima.

Cosas que nunca publiqué III.

"Es raro. Ahora lo que más recuerdo son las cosas aburridas"

Russell, Up.

Cosas que nunca publiqué II.

Me encantó la combinación mallas de camuflaje con camiseta de leopardo. Le unís el pelo amarillo y tenés una chati de manual.


(Autobús Sevilla-Coruña, 18 de marzo del 2009)

Cosas que nunca publiqué I.

La cara de estúpida que se me quedó cuando Amaro Ferreiro pasó por al lado mío y la manera en la que me miró. Como bailo cuando me pruebo vestidos. Las últimas veces. La sensación de calidez de un abrazo en concreto. El sabor de un alimento al pensar en él.

Cosas que no debo decir.

Hay cosas que no digo.
Como que ya no recuerdo tu cara al follar (y me gustaría).
Como que no hay nada peor que semen en el teclado del móvil.
Como que este equilibrio raro de no pensar en el futuro me marea.
Como que de una respuesta dependen tres vidas.
Como que te echo de menos.
Como que estoy en una relación con fecha de caducidad.
Como que me gustaría liarme con vos. Sí, sé que no sos un chico. ¿Y?

3.3.10

Una persona que te dice, totalmente de la nada "fue preciosa la manera en que me besaste aquella noche, Ana" y "me importaría un carajo que no distingas un clarinete de una trompa o no distingir a Bergman de Lars von Trier si pudiera tenerte en mi cama todas las noches" te enamora totalmente.
Y más si en el medio alaba tu manera de escribir y recuerda el título de algo que escribiste hace meses y que tuviste que googlear para saber a qué se refería.

21.2.10

Fortuito.

Es raro encontrárselo así, de improviso, a las cuatro de la tarde, como parte de mi vida cotidiana.
Sin prepararme mentalmente, sin estar ni medio guapa, con mi papá al que sé que le molesta como nos abrazamos, él con su cara de dormido y con este mismo sentimiento de no saber qué hacer.
Ahora huelo a él y me había olvidado de lo bien que olía y de lo mucho que me gusta oler a él. Los recuerdos, las sensaciones que eso despierta, sorprendentemente ninguna sexual.
Sigue siendo él, esos ojos, esos labios y ahora sí es sexual.
Sexual y amoroso, tierno y salvaje, como todo lo que él me despierta aunque no quiera, aunque él no quiera ni yo lo quiera y aunque a la distancia ya no lo haga.
Pero me lo encuentro de casualidad y me trastoca la tarde.

20.2.10

New beginning.

Ciertas cosas se establecen como una rutina y dan miedo, pero también calma.
Sé que estoy donde debo estar en ese minuto, y después ya se verá.
No me rendí, no claudiqué, simplemente seguí mi camino.
Acompañada.
Y hay cierta calma, cierta paz, cierta felicidad que hacía mucho que no sentía. Y eso está bien. No lo analizo porque siento que traiciono a alguien, a muchos alguienes que esperaban cosas que no eran, que creían cosas que no son, que pensaban que yo era de cierta manera.
Soy como soy.
Y ahora elijo mi vida. Una vida donde no duermo en mi cama, donde me permito ser moña, donde aceptan que el mar me ponga triste porque lo relaciono con una persona a la que quiero mucho, donde no evitan los problemas ni intentan solucionarlos, donde hay cada vez más vida en el exterior y menos dentro de este ordenador.

Estoy bien.

15.2.10

Hace falta muy poco para volver todo a su lugar.
Viajar con unos pollos alcohólicos.
Comer patatas rellenas en La Caleta, y tarta de chocolate mientras ves pasar los disfraces más bonitos y graciosos del mundo.
Aparecer en fotos, sonriente y congelada.
Ver un pregón de Carnaval y reírme a veces.
Acordarme de mis compañeras de piso pasadas.
Disfrazarme por fases.
Encontrarme con los personajes de Shrek.
Beber cuando veo a un chico disfrazado de mujer.
Caminar y caminar y delirar y hablar y que te vitoreen cuando besás a alguien.
Conversaciones con amigos.
Llegar a casa y desmaquillarte en la cocina mientras comés pan y todos tienen cara de sueño.
Meterme en la cama con mi piyama de franela.
Despertarme con un monólogo sobre nuestras opciones y no entender nada porque estoy todavía dormida.
Comer filetes con salsa roquefort, cortesía de una Madre.
Paseo por el mar, y el ánimo raro porque, bueno, es raro estar en el mar sin Chicomar.
Caminar por La Viña, donut relleno, chirigotas ilegales.
Beso a escondidas, pedir perdón mutuamente por el ánimo.
Road-trip escuchando canciones horribles y cantando Shakira.
Patatas, gominolas, pizza y los Goya.
Aprender lo que es un "esquijama". Soñar con comprarme uno.
Mi mamá "¿¡Pero cómo que estás viendo los Goya!? Decime que estás en una orgía o consumiendo drogas, pero no me digas que estás viendo los Goya. ¡Yo no te eduqué para esto! Ni se te ocurra poner nada en el Facebook, no quiero que familiares en común lo sepan, que me da vergüenza".
Entender el discurso completo de Luis Tosar.
Intentar dormirme y no dormirme, despertarme a las 13 pensando que son las 8, escuchar detrás de la puerta la banda sonora de Anatomía de Grey.
Sentirme querida.

12.2.10

And upon us, chaos.

Ahora es cuando me asusto y empiezo a dudar de todo.
Pero esta vez no sólo dudo de mi vida sentimensexual, sino de mis amigos, de mi capacidad para decidir lo que quiero y lo que no y mi propia inteligencia.
Hoy aprendí algo de mí misma que me gustaría no haber aprendido. Y desde ese momento, hace 12 horas, una alarma gigante en mi cabeza no para de sonar. Y esa alarma fue haciendo sonar otras, y mi cabeza es un caos, y ya no sé ni si mis amigos quieren que esté donde estoy, si realmente me apetece hacer cierto viaje programado, si no debería cortar por lo sano y dejarlo antes de empezar, si no estoy mejor sola, la Vieja de los Gatos pero sin gatos, jugando a ser Juan Palomo, sin nadie que me ayude nunca jamás, porque en una semana escasa dejé de saber cómo ayudarme a mí misma y si de verdad quiero lo que digo que quiero, o si es él el que quiere eso.

Realmente necesito dormir 20 horas y no salir de mi habitación durante días, pero la vida no me va a esperar. Y tengo esta sensación de angustia permanente y estoy paralizada, paralizada. Esta vez no es de miedo, es de agobio. La vida sigue y yo me dejo llevar y entonces me doy cuenta de lo que hice y ya no hay marcha atrás y me perdí.
Me perdí a mí misma, me perdí en mí misma.
No sé ni lo que sabía la semana pasada, y todo esto me sobrepasa y me dan ganas de mandar todo a la mierda y que le den por culo a los Carnavales, a la entrega del trabajo, a terminar la práctica de Iluminación, a ser responsable y entregar todos los documentos, a reservar plató, a comer sano, a hacer algo con mi vida, a relacionarme con seres humanos.
Porque ya no puedo más.
Ya no.

11.2.10

Descanso.

Llevo 24 horas fuera del mundo.
Corté lazos con todos.
Me escondí en un cama calentita, hablé, me reí y dormité.
Pero todavía no estoy lista para volver.

9.2.10

Olvidar y perdonar.

Me maravilla cómo supero situaciones que pensaba que nunca iba a superar.

Ignoro a Mr. Big. No a propósito, no como parte de una venganza infantil, sino porque me sale así. Me sale decirle que si no lo llamo es porque no quiero, me sale no mirar las fotos que sube al Tuenti, me sale no sonreír como una tonta cuando me habla. Me sale decirle que su problema es que me quiere y eso le da miedo, pero que ya da igual. Me sale no hablar de futuro, de sexo, porque no va a haber nada de eso.
No extraño a EDM. Para nada. Pensé que me iba a doler más, que me iba a hacer más falta, que iba a necesitarlo. No es así.
Ya no me duele el distanciamiento con Hobbit. El tener que hacer presión para verlo, el pensar en lo que pudo ser y no fue. Porque en realidad nada pudo ser desde el principio. No me di cuenta de lo distintos que somos hasta que no lo vi a la distancia. Lo quiero, me quiere, pero nunca lo hicimos como el otro necesitaba que lo hiciésemos. Así estamos bien.
En cuanto a Osezno... Fue divertido el pequeño reencuentro que tuvimos. Cerró el ciclo. El poder se traspasó a quien debía. Todo lo malo pasó hace demasiado tiempo como para doler, y el presente... en el presente no tenemos nada en común salvo nuestro pasado.

Obviamente que hay cabos sueltos. Gente que me hace sentir cosas que no debería, gente que me hace llorar, gente a la que extraño y a la que no tengo.
Pero también hay nuevas personas en mi vida. Y estas me hacen sonreír, me mandan mensajes bonitos cuando estoy triste y me llaman para despertarme.
Y todo encuentra su equilibrio.