14.5.09

Pobre niña rica.

Puede que no tenga derecho a quejarme, o puede que sí.
Pero en algún momento pasó algo. No sé exactamente cuándo. ¿Cuando llegué a España, quizás?
Culpemos al acento, eso es. Al acento, a la fama de mis paisanas y al misterio.
Pues entonces, gracias/por culpa de la fama ajena, el misterio y el acento, soy incapaz de tener amigos.
Yo los tengo. Y los quiero. Como siempre hice con Gastón, o con Guido. Con Guido... nos queríamos con locura. ¿Nos queremos con locura?. Quizás ahora sólo nos queremos y punto. Un punto muy gordo y oceánico. Pero eso ahora da igual.
Como iba diciendo, tengo amigos, y los quiero, y los trato como iguales. Y ellos también, al menos en apariencia.
Pero de alguna manera todo termina complicándose y hay sentimientos que no debería haber y en algún momento el alcohol o el bajón o las estrellas que se alinean o la puta madre que los parió hace que yo cruce el límite. Y ellos están ahí, dispuestos a recibirlo.
Y entonces ya no hay nada. Queda un agujero negro en nuestra historia, una Nada, un sitio que es imposible mirar porque si lo intentás los ojos se desvían.
Y a veces podemos saltar esa Nada y seguir. Asumiendo o negando lo que pasó, da igual. Hablando del tema o no, reforzados o como siempre, después de vivir historias intensas, historias que pudieron ser intensas si las circunstancias hubiesen sido otras, besos furtivos al amparo de la noche o eternos desencuentros que hacen que nos queramos más.
Y a veces nos quedamos estancados y empezamos un bucle, en el que ellos quieren y yo no, o yo quiero y ellos no, o ellos niegan lo que quieren o yo niego lo que quiero o quién sabe, pero lo arruinamos. Y empezamos a tener secretos para el resto, secretos para nosotros, secretos entre nosotros. Y ya no hablamos, o lo hacemos a la defensiva o bordeamos temas o evitamos comentarios.
Así que no sé. Puedo quejarme. Puedo quejarme de eso que no entiendo que hace que no pueda tener amigos, y puedo también quejarme de eso que sí entiendo que hace que no pueda evitar intentarlo cada vez. Un chico tras otro, un abrazo demasiado cerca del límite.

2 comentarios:

  1. Pero es que es inevitable planteárselo. Cuando conoces a una chica con la que vas pasando más tiempo, ves que te llevas razonablemente bien, la persona te atrae -o digamos, no te deja de atraer-, estás en el momento oportuno, uno muestra interés hacia el otro... y sucede.

    Lo malo es no entender qué ha sucedido y no saber qué hacer al respecto, supongo.

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  2. Ayer estaba hablando con una chica que me decía que pobrecito un amigo suyo, que se enrolló con una tía que luego no le dejaba en paz. Y me dan ganas de decir que, qué diablos. Las acciones tienen consecuencias. Piensa en con quién te enrollas antes de hacerlo, que luego pasan estas cosas xD

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