22.9.10

Cuando nos alejamos, cuando me alejo de él y de sus ojos y de su voz y de sus manos, todo empieza a resultarme pesado.
El estar todo el tiempo juntos, el sentirme obligada a mantener el contacto diario, el hacer planes tan a futuro.
El anillo que me regaló me molesta para dormir: me aprieta o se me clava o me resulta incómodo.
Cuando salgo de la atmósfera intoxicante que nos creamos, vuelvo a ser la de antes, la de los miedos y los agobios.
Por suerte, en cuatro días volvemos a ser nosotros. Y entonces podré disfrutar del momento, y no sentirme mal porque pienso que él me quiere más de lo que yo lo quiero a él.

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