30.4.09

Ay ay ay ay ay.

El bloqueo del escritor.
El miedo a la página en blanco.
El odio hacia una tarea en concreto.
Nada de eso y todo eso.
Sólo sé que ni siquiera soy capaz de poner un simple "Buenos días, queridos oyentes".
Y se supone que debo hacer magia.
Magia.

29.4.09

Posesión(es)

Las personas son posesivas con cosas que no les pertenecen. Los asientos de autobuses u otras personas.
Me gustan las personas que no te ponen mala cara si te sentás donde ellos siempre se sientan en clase, o si te encuentran acostado fumando en la acera de enfrente de su casa.
Prohibamos los pronombres posesivos.

22.4.09

Somnos.

Dormíamos entrelazados. Piernas anudadas unas con las otras, brazos recorriéndolo todo, espaldas atravesables, hombros amigos. Nuestras respiraciones mezcladas, una sola, única. Su frente en la mía, mi frente en la suya. De repente un beso, los ojos cansados, párpados cerrados.
Dormíamos entrelazados y eso lo era todo. Formábamos nuestra cáscara, nuestra coraza, nuestro mundo. Y ya podía pasar lo que sea que nosotros seguíamos así, entrelazados.

A pesar de eso, antes de dormir no nos recuerdo entrelazados. Me recuerdo de lado, él pegado a mi espalda, sus brazos protegiéndome, mis brazos protegiendo a los suyos, la parte posterior de mis rodillas sentada en las suyas. Y yo sintiendo cada célula de su cuerpo contra el mío.

Así, todas las noches duermo con su abrazo.

20.4.09

Kate Holmquist.

"You are the original. But so hard to know. You offer different versions of yourself to different people. With me, you're always behaving like a flirtatious mother. Then I see you going off to meet Foster with all the innocence of a little girl and...in his bed, well-I'd say you're somebody else then too."

                                                        The Glass Room

Fact XVII.

Podría escribir un libro entero sobre vos, conque sólo me dieses un mes.

Fact XVI.

No quiero estar embarazada sin vos.
Una persona totalmente vestida en la playa. Una persona que camina en mi dirección. Sonríe. Colores oscuros, marrón, bordó, azul oscuro. Y también turquesa, y blanco, y rosa y antiguorubio. Puntiagudo y redondo. Suave y duro. Grande y pequeño. El mar a nuestra izquierda, mis casas soñadas a la derecha, el cielo lampiño sobre nuestras cabezas, la arena con hojas de eucalipto a nuestros pies. Mis pies descalzos y él se sigue acercando. Sonríe. Y dentro mío las ganas de tocarlo, el sentirlo echado de menos y la certeza de que podría vivir de esa sonrisa siempre.

Hablando con el padrenovio.

Quise contarte cuánto había cambiado. Cómo en estos tres meses crecí de golpe.
Me acosté con un chico que no me llamó. No es la primera vez que me pasa, pero sí la primera que no me lo esperaba. Vos tampoco te lo esperarías si te dijese quién es. Tenía la polla más bonita que había visto nunca, y ahora también tiene un libro que le presté.
Decidí olvidarme de S. No de él en sí, sino de cómo lo veía en ese momento. Ya sabés cómo, vos también lo sufriste. Decidí hacerlo y lo hice, así de fácil. Igual que me olvidé de C. en su momento.
Me subí en un bus con destino incierto, habiéndolo decidido 10 horas antes. Y me bajé en un mundo de posibilidades.
Y no nos olvidemos del principio de todo: di por primera vez una segunda oportunidad, y terminamos dándonos la ruptura que nos merecíamos. Y esta vez sí lloré por mí. Por las oportunidades perdidas, por todo lo que dejé pasar, por no poder abrirme hasta que era demasiado tarde.

Fact XV.

Debería usar labial rojo oscuro más seguido.

Diálogo que nunca ocurrió.

-Esa foto es de Coruña
-Entonces...
-Sí. Digamos que me gustan las relaciones complicadas.

16.4.09

Apagón.

Hoy leí esto en el blog de Uralita, y recordé algo a lo que le estuve dando vueltas hace un tiempo.
Así era: durante un tiempo hubo cortes de luz cada pocos meses.
Y entonces todos seguíamos una rutina.
Encendíamos la luz de otra habitación, por si era algo de la habitación en la que estábamos.
Agarrábamos una linterna (todos sabíamos cómo encontrar una linterna en la oscuridad)
Revisábamos si eran los fusibles.
Cruzábamos el pasillo y nos fijábamos si eran los fusibles de la casa en general.
Mirábamos hacia fuera para ver si había luz.

Una vez determinada la magnitud del corte, volvíamos a casa.
Uno de los dos (mi hermano o yo) nos subíamos a la silla y sacábamos el candelabro dorado de encima del mueble grande del comedor.
Íbamos a la cocina, buscábamos fósforos, encendíamos las 4 velas del candelabro. Lo poníamos en el centro de la mesa del comedor.
Y seguíamos con nuestra vida.
Leíamos, cocinábamos, comíamos, nos duchábamos.
Con velas por toda la casa, velas itinerantes, velas viajeras.
Y con esa sensación de irrealidad tan perfecta y preciosa. Esa sensación de estar en otra época, ese silencio que describe Urala, esa unión entre todos.
Éramos más familia.
Ojalá acá se cortara la luz más a menudo.

Y vuelve la burra al trigo.

-¿Se empalma cada vez que se lían?
-Mmmm... no me fijo. Pero si no lo hiciese, me sentiría ofendida.








-Es que yo, cuando estoy sola en casa, no hago el amor. Yo follo.
-...
-Es que puedo gritar.






A través de los años, todo se reduce a lo mismo.

Haruki Murakami (III)

   - Mi novio, es decir, mi ex novio, no podía soportar un montón de cosas. Odiaba que yo llevara faldas demasiado cortas, que fumara, que me emborrachara, que dijera groserías, que criticara a sus amigos... Si hay algo de mí que no te gusta, dímelo con franqueza. Y si puedo corregirlo, lo haré.
 -No hay nada que no me guste. -Negué con la cabeza tras reflexionar unos instantes-. Nada.
 -¿De verdad?
 -Me gusta la ropa que llevas, me gusta lo que haces, lo que dices, cómo andas, cómo te emborrachas. Todo.
 -¿Te gusta como soy?
 -No sé cómo cambiarías, así que ya me va bien como eres.
 -¿Cuánto te gusto?
 -Como para convertir en mantequilla todos los tigres de las junglas del mundo entero.
 -¡Ah! -Midori pareció satisfecha-. ¿Me abrazas otra vez?
Nos abrazamos sobre la cama de su dormitorio. Entre las sábanas, oyendo cómo caía la lluvia, unimos nuestros labios y hablamos de todo lo imaginable, desde la formación del universo hasta cómo nos gustaban los huevos duros.

                                                           Tokio blues
                                                               Norwegian Wood

Emanación.

Abrí la caja en la que te guardo.
Había encontrado otro trozo tuyo en mi habitación.
Pero cuando la abrí, supe que no debía haberlo hecho. El olor a almizcle lo llenó todo. Y entonces recordé. Recordé la noche en la que me lo diste, cómo estábamos en la cama, cómo seguíamos una rutina, nuestra rutina.
Y supe que de ahora en más todo serían recuerdos.

14.4.09

<3

Te quiero, te quiero un montón y me gustas tal y como eres
incluso aunque eso implique que me calces una patada en la boca de cuándo en cuándo
y NO TE COMAS LA OLLA por mí
me tienes aquí, aquí es donde quiero estar
y si quisiera irme, ya me hubiera ido, pero no es el caso

(Esto, entre otras lindezas)

Haruki Murakami (I)

   -Tus problemas no tienen por qué durar toda la vida. -Posé mi mano en su espalda-. Algún día acabarán. Y cuando todo haya terminado, bastará con que reconsideremos el asunto. Bastará con que pensemos qué debemos hacer a partir de entonces. Y ese día tal vez seas tú quien me ayude a mí. No tenemos por qué vivir haciendo balance. Si tú ahora me necesitas a mí, me utilizas sin más. ¿Por qué eres tan terca? Relájate. Estás tensa y por eso te lo tomas así. Si te relajas, te sentirás más ligera.

Haruki Murakami (intermission)

   -¿Por qué dices eso? -La voz de Naoko sonó muy seca.
Al oírla, comprendí que acababa de pronunciar las palabras equivocadas.

Haruki Murakami (II)

   -¿Por qué? -repitió Naoko con la vista clavada en el suelo-. Si te relajas, te sientes más ligero, eso también lo sé yo. No hace ninguna falta que me lo recuerdes. Pero si ahora me relajo me haré pedazos. Desde hace tiempo he sido incapaz de vivir de otra manera, y todavía lo soy. Si bajara la guardia, aunque fuera una sola vez, sería incapaz de recomponerme a mí misma. Me haría pedazos y éstos volarían con un soplo de viento. ¿Cómo puede ser que no lo entiendas? ¿Cómo puedes decir que cuidarás de mí si no comprendes eso?

                                                      Tokio blues
                                                         Norwegian Wood

Cuesta abajo y sin frenos.

Pude ser casi cualquier cosa, y elegí estudiar esto.
Pero ahora voy a la facultad porque no tengo nada mejor que hacer, y ni siquiera entro en clase. Es como si viese venir un coche hacia mí en cámara lenta y no pudiese apartarme.
Y desde acá puedo ver la trayectoria, el golpe. Puedo ver los efectos, las consecuencias.
Pero aún así sigo en el mismo sitio, sin poder moverme, sin poder salir de ahí, directa al choque.
Esperando.

Perderse de a dos es menos perderse.

Fue ahí, recostados en el césped de San Pedro, cuando sentí que realmente me dejabas entrar dentro tuyo. Y también cuando me sentí impotente. Quizás la manera de no sentirnos perdidos sea estar perdidos
juntos.
Te veo a contraluz, tocándome las puntas de los dedos, diciéndome que te gustan mis historias, y llamándome por mi nombre, con lo raro que eso me resulta. Y recuerdo haberme dado cuenta de lo raro que sonaba que te importase que volviese a Sevilla por él, porque implicaba un tiempo en el que yo no había pensado, igual que no había pensado que te molestase verme feliz con otros. Y quizás sí éramos dos personas deambulando que coincidimos en un punto, sólo para regalarnos unos besos y caricias y palabras.

The perfect moment, the exact time.

Supe que te quería cuando volvía del mar. A través del alcohol, pude ver tu sonrisa. O quizás fue justo antes, cuando decidiste ir al Milk porque a mí me apetecía, aunque vos querías irte a casa. O justo después, cuando tomaste el control y me llevaste de la mano, y me preguntaste si estaba segura sin ánimo de condescendencia.

13.4.09

Bump.

Cuando las embarazadas me persiguen, es mala señal. Significa que mi útero se siente más vacío de la cuenta.
Pero cuando una embarazada en particular me persigue... no sé qué pensar.

Fact XIV.

Por suerte, el placer no se mide en orgasmos.
No puedo, no debo recordar su erección contra la parte baja de mi espalda.

11.4.09

Duermevela.

Lo hice porque te quiero.
No suena bien, ¿no?

Mi psicólogo soy yo misma, y me beso contra un espejo. Sabe bien.

Si cierro los ojos es como si fuese él.

Suave, suave, suave, manos parecidas.

Realmente no fue así.

Recordarte a través de otros.

10.4.09

Regret.

Lo supe hace tres días.
Pero aún así fui, como un cerdo al matadero. Dejándome llevar, anulando mi voluntad, sin tomar ninguna decisión. Porque si la hubiese tomado, no sería esa.
Y lo que más me jode es saber que no sería esa.

8.4.09

Cross my heart (and hope to die).

Algo cambió en mí. No sé muy bien cuándo. Quizás todo empezó hace 3 años, cuando tuve que respetar las intimidades ajenas. O hace uno, cuando me sentía observada y juzgada por amigos de. O quizás hace un par de meses, o un par de semanas.
Pero lo importante es que cambió.
Y que ahora me gusta mantener parte de mi vida privada.
Se me hace raro. Siempre lo conté todo, para bien o para mal.
Pero ahora no quiero. Me niego a banalizar ciertas cosas, a convertirlas de dominio público y así vulgarizarlas.
No tienen nada de vulgar, ni de banal. Son cosas preciosas, delicadas, con alas.
Entonces me callo. Entonces no digo lo que antes diría. No cuento conversaciones, detalles, sensaciones.
Es todo mío. Y así seguirá siendo.

Más que amigos.

Me jode un montón pensar algo que no es.
Pero una ya tiene unos años y, por muy tonta que sea, ve algunas señales.
Y lleva ya mucho tiempo liándose con quién no debería.

7.4.09

Chico Fabuloso.



Cada vez que abro tu blog
y leo cualquier entrada, casi
me dan ganas de postear sólo para decirte que te quiero.

6.4.09

Máscaras.

Durante un segundo, tuve miedo.
Quizás esta fuese esa vez en la que llegaba demasiado lejos, en la que cruzaba la línea y terminaba escaldada.
Pero entonces algo pasó en tu cara y supe que seguía siendo un juego. Y que debajo de todo eso, debajo de todo esto, seguías cuidándome.
Mientras más ropa, más difícil es recordar al otro desnudo.
Estamos en primavera.

Flash.

Ayer, a las 20.43, recordé que te hacía gracia que me hiciese un nudo en el pelo.

5.4.09

Miss.

A veces me canso de sentir que estoy donde no debo, de extrañar siempre algo, de tener un huequito vacío.

Pero, ¿sabés qué?
Si extraño algo es porque sé lo que es tenerlo.

Así que lloro por las noches porque sé lo que es dormirme con tus besitos somnolientos. Porque sé lo que es contarte cuentos y que estés atento. Porque sé lo que es despertarme con tus ojos ahí. Porque sé lo que es escucharte contarme anécdotas que ya me contaste. Porque sé lo que es poder acariciarte. Porque sé lo que es asombrarme de lo fácil que es todo. Porque sé lo que es vernos desde fuera y que me dé envidia y asco. Porque sé lo que es aprender algo nuevo a cada momento. Porque sé lo que es mostrarte cosas que hasta ahora no habías visto. Sé lo que es sentir que me das cosas que no tengo y te doy cosas que no tenés.

Hay personas que nunca descubrirán eso. 

3.4.09

Tiny, little, sweet scars.

Tengo la cara interna de las rodillas rugosa. Como si tuviese miles de cascaritas invisibles. Desarrollé la costumbre de tocármelas compulsivamente.
Ahora que todos los moratones desaparecieron, es lo único que queda en mí que dice que todo eso fue real.

Jonathan Tropper.

No hacía más de un mes que salíamos en serio, y la cosa ya había tomado vida propia: largas e íntimas conversaciones al teléfono que se iba apagando en susurros a medida que iba oscureciendo, rosas y flores, y bonitos correos electrónicos en el trabajo, dándonos el lote durante horas en su coche antes de que ella se fuera a casa.
  Los días que salíamos, Hailey iba al trabajo en coche en lugar de tomar el Metro-North, supuestamente porque no quería coger el tren tan tarde. Pero el coche, aparcado junto a la boca de incendios que quedaba enfrente de mi edificio, se convirtió en el lugar perfecto para nuestras interminables buenas noches; mucho más cómodo que meternos mano en el hueco de mi escalera que, además de estar muy mal aislado, olía a pies y a leche agria. Yo no podía recordar la última vez que me había pasado tanto tiempo sólo besando a alguien. Siempre había tenido la impresión de que cualquier besuqueo que no pasara a los preliminares y se despelotara en diez minutos acababa en naufragio por falta de un rumbo fijo. Pero Hailey y yo podíamos tirarnos horas, hasta tener los labios hinchados y agrietados, la lengua entumecida y la mandíbula trabada. Y después, yo subía a mi apartamento para ponerme cubitos de hielo en las pelotas doloridas, con su sabor deliciosamente alojado en el fondo de mi garganta reseca, su aroma aspirado con tal pasión que me subía a la cabeza, justo detrás de los ojos, como una explosión de lavanda. La verdad es que parecía algo infantil, un hombre de mi edad sin llegar apenas a la segunda fase, pero también había en ello algo indiscutiblemente excitante. Y aunque sabíamos que el sexo era algo inevitable, que era el motor que impulsaba todo el proceso, el hecho de estar saliendo con una madre soltera me hacía sentir especialmente responsable de introducir ese factor en la relación antes de saber si quería comprometerme. Además, ella era una mujer muy guapa que había estado con el tipo de hombres que suelen acostarse con mujeres guapas y, sinceramente, yo tenía miedo de no dar la talla.
  Pero la calentura innata que todos llevamos dentro siempre se acaba imponiendo, y muy pronto acabamos desnudos y sudados en mi cama, dando rienda suelta a todo un mes de deseo contenido en una sesión salvaje y sin precedentes que no dejó piedra sobre piedra en la cantera del sexo. Cuando finalmente terminamos, nos tumbamos inmóviles y jadeantes, uno junto al otro, en lo que quedaba de mis sábanas, mientras el sudor se enfriaba y se secaba sobre nuestra piel, como dos soldados heridos abandonados en el campo de batalla.
  -Oh, Dios mío -dijo Hailey con un ligero bufido, con los ojos muy abiertos e incrédulos, en la tenue luz de mi habitación.
  -¿Cómo podías imaginarlo? -coincidí.
  -Bueno, yo tenía mis sospechas -dijo ella, girando la cabeza para lamerme el sudor del cuello.
  La busqué con las manos y ella rodó hasta mí con soltura, colocó su muslo sobre el mío y dejó reposar la cabeza sobre mi pecho.
  -Encajamos perfectamente -dijo ella, y mientras le besaba el cabello, sentí cómo las lágrimas acudían inexplicablemente a mis ojos. Yo sabía, porque había estado en el otro lado, que llorar después de hacerlo puede ser una mala señal. Así que cerré los ojos y esperé que Hailey no alzara la vista. Ella pareció darse cuenta, pero en lugar de interrogarme, apretó sus labios contra mi pecho y dejó reposar su mano abierta sobre la línea de vello que marcaba el ecuador de mi estómago. Y después de un minuto dijo:
  -¿Estás bien?
  -Sólo estoy un poco más enamorado de lo que creía -dije, sorprendiéndonos a los dos. Primero las lágrimas y ahora esto. Casi podía sentir cómo la testosterona se me evaporaba por los poros.
  Ella hizo un gesto de comprensión y me volvió a besar el pecho de una forma que me hizo temblar.
  -No dejes que eso te asuste.
  -Sólo si tú tampoco lo haces.
Me miró con una amplia sonrisa.
  -Después de lo que me hizo pasar Jim, haría falta mucho para asustarme.
  -¿Te apetece explicármelo?
Ella acomodó la cabeza en el hueco de mi codo.
  -Nuestra historia empieza con una bola de vello púbico en la papelera -recitó suavemente, como Alistair Cooke.
  -Como suelen hacerlo este tipo de historias -dije yo, y ella me dio un empujoncito juguetón, y los dos reímos. Y fue fantástico.

Mi vida sin Hailey

2.4.09

No.

Porque puede que vos seas Mr. Big y seas todo lo especial que vos quieras, pero él es Chicomar y eso ahora es mucho más.
Esta podría haber sido esa vez en la que no sabía de quién estaba embarazada.
Lucky it's not.
Mi pueblo huele a invierno en primavera. Raro.
Voy con jersey grueso pero oscurece a las 20.30. Raro.
No tengo internet en casa y eso me hace sentir aún más atrapada. Raro.

30.3.09

"Voy a investigar"

Los dedos de sus pies son pequeños y rechonchos, de esos con los que te apetece jugar a los cinco cerditos. Sus pies son más delicados que los míos, más blandos, más suaves.
Tiene pantorrillas finas y rodillas puntiagudas, muslos poderosos, caderas pequeñas. Un ombligo como un agujero negro, costillas masticables, pecho cómodo, hombros redondos, espalda segura y reconfortante. Brazos cálidos, manos prolijas, dedos largos. Un cuello lleno de recovecos, orejas con balcón blanco, nariz única, deforme y preciosa, cicatrices que me recuerdan la suerte de tenerlo, boca suave y saborizada, ojos sobrenaturalmente trasparentes. Piel acariciable, terciopelosa.
Todo él es acariciable, suave, cálido, cómodo, masticable, seguro, reconfortante, único, grande pero pequeño pero grande.
A veces pierdo nuestro reflejo en el espejo.
Traspapelo los besos, extravío las miradas.
A veces olvido tus ojos, veo borrosas tus imágenes.
A veces sólo tengo un video para recordarte.

29.3.09

Placer - Displacer.

A ambos nos sorprendía pasar de un extremo a otro con tanta facilidad.
A él más que a mí.
Porque hace mucho que entendí, leyendo a Platon, que son los dos extremos de la misma cuerda.
Que dentro de uno está el otro.
Porque si no estuviesen esa ternura, esas caricias, el otro extremo dejaría de ser divertido.

28.3.09

Desde otra ciudad miraré el pasado y entonces...

Cuando llegué a Sevilla por primera vez, todo tenía un brillo especial, a promesa, a futuro, a nuevo. De a poco eso se fue perdiendo con el día a día.
Pero a veces el sol brilla de cierta manera y hace determinada temperatura y casi casi parece que tengo todo el futuro por delante.
"Cuando vibra el móvil y no eres tú, me decepciona un poco. (Fact XIV?)"


Una persona que recuerda por qué Fact voy (aunque yo no lo haga nunca), que me llama aunque sea para decirnos buenas noches sabiendo que terminará durmiéndose una hora y media más tarde de lo que debería, que me incita a ser yo misma rabiosamente, que fomenta mis locuras y me dice que me quiere cuando le pregunto si las neuronas sudan, que quiere saber todo lo que hay que saber sobre mí, que es a quien me gustaría contarle todo lo que hago en cada momento, que me entiende mejor de lo que esperaba, una persona así hace que aunque llueva el día no sea gris, que valga la pena dormirse más tarde esperando a que venga a casa, que sonría cuando alguien dice 42.
Una persona así es más de lo que me esperaba encontrar ahora mismo.
Una persona así.

27.3.09

Fact XIII.

A mí no me gustan los rubios o los morenos: me gustan los que sonríen con los ojos.
Recién ahora descubrí la mirada ajena en mí.

26.3.09

Casi como un acto reflejo,

...con una naturalidad pasmosa. Y sí, da mucho vértigo, mucho más que asomarse al balcón desde un noveno, estar hablando en la oscuridad en mi caso, en una cama ajena en el tuyo, en voz baja en los dos.

24.3.09

Dani dixit.

Ahora vas y te enamoras, gilipollas.

Anti-higiene.

Al entrar a la ducha, lo supe.
Todo se había terminado de verdad.
Porque una vez que estuviese debajo del agua, todos sus rastros se perderían.
Ya no tendría olor a sal en la piel.
Ya no tendría epiteliales suyas.
Ni saliva.
Ni nada.
Estaría sola en una ducha gigante, viendo cómo se pierden por el desagüe todo rastro físico de su existencia en mí.

23.3.09

Chicomar.

Chicomar es un cielo y un sol. Chicomar me llevó de la mano a ver el mar y me dijo "ahí está el mar". Chicomar cambió de cara en cinco días. Chicomar me buscó un parque con "lago" y que se llame San-algo. Chicomar sonreía con los ojos y con toda la cara. Chicomar hizo una lista de cosas por las cuales yo era guay entre beso y beso. Chicomar me explicó miles de cosas. Chicomar me hizo daño. Chicomar me compró sandwiches de miga. Chicomar no se quejó cuando ponía a parir a su (otro) idioma (e incluso me tradujo y me enseñó algunas palabras). Chicomar entendió. Chicomar me ayudó a romper barreras y dejarme ir. Chicomar tampoco se explicaba cómo podía ser todo tan fácil. Chicomar me sostenía el bolso y me miraba con ternura mientras yo me metía en el agua helada del mar, borracha y nocturna. Chicomar tiene el mismo concepto de "sexo" que yo. Chicomar recuerda cada momento de los dos a pesar de tener una memoria horrible para otras cosas. Chicomar también piensa que esta mesa es demasiado grande. Chicomar habla de krakens. Chicomar me miente y yo le creo a pies juntillas. Chicomar disfruta conmigo de mis descubrimientos sobre el lugar. Chicomar es curioso. Chicomar es directo. Chicomar me besó por primera vez en el autobús A1, entre edificios bonitos y justo antes del almanaque de setos. Chicomar me hizo reír para no verme llorar desde la ventana del autobus. Chicomar me llevó a visitar cafés. Chicomar me dijo "te quiero" primero para que yo no tenga que hacerlo. Chicomar me mostró su ciudad y no la de todos. Chicomar dice que hay que mirar hacia arriba o te perdés los ángeles (y siento que eso tiene un significado oculto que no consigo descifrar). Chicomar se rie cuando bailo para él. Chicomar no me puede dejar de mirar. Chicomar me creó un mapa mental de la ciudad porque supo que me gustaría. Chicomar me llevó a jugar a rol. Chicomar también piensa que deberíamos ver cuánto aguantamos en una habitación con una cama y comida. Chicomar es capaz de dejar de lado sus deseos para compartirme con otros. Chicomar también tiene problemas para encontrar las gafas de sol adecuadas. Chicomar va recogiendo cosas del suelo. Chicomar se sorprende de que le diga lo precioso que es. Chicomar me lleva como "objeto sorprendente" a su clase de creatividad. Chicomar me besa como se debe besar. Chicomar me dejó marcas y moratones. Chicomar es genial.
No sé cómo tuve el valor de subirme a ese autobús y sentarme en mi sitio sin bajar corriendo a refugiarme en esos brazos y si el autobús arranca y se lleva mi maleta, que lo haga, que me da igual, porque nada importaría más que estar donde siento que pertenezco.

Scars.

Toco y miro mis heridas de guerra y pienso en esos momentos, esa fuerza, esa ternura al hacerme daño, y no puedo evitar extrañarlo.

15.3.09

Descubrimientos.

Hacíamos un buen triángulo mis ojos, tus labios y su sonrisa.













(¿Cómo puedo evitar mirártelos así, si ahora sé lo suaves que son?)

14.3.09

Toc, toc.

Nunca lo supiste, pero ella era la única con la que querría hacer un trío.
Tres años tarde.

Things that matter.

(Play)

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Hormigas en el cuerpo
Lágrimas
Voces al teléfono
Apodos cariñosos
Chocolate
Caricias
Amistad
Familia
Cine
Cercanía
Y esta agradable sensación de sol interior.

(Y, por supuesto, todo esto)

13.3.09

Y mañana y mañana y mañana y el mar.

Y no es hora de tomar decisiones pero de a poco los carteles de neón van penetrando en mi cabecita y me sigo negando, pero después aparecen los cantos de sirena y no puedo evitar imaginar que y no, pero sí, pero no.
Porque no.
No.
No.
NO.

Tengo que parar esto.
Antes de que me encuentre frente al mar. Con la mano fría y vacía.

12.3.09

Desde el techo.

A veces lo pienso y no entiendo cómo pude estar con él. Si era prepotente y creído, si no me dejaba hablar, si parecía que nunca le importaba lo que decía, si todo era una lucha.
A veces lo pienso y no entiendo cómo no estuve con él desde antes. Si me hacía sonreír y reír desde que lo veía, si dejaba de lado a sus amigos para venir a verme cuando estaba mal, si compartíamos miles de gustos, si potenciaba mi parte creadora.

Estuve con él. Con la familia problemática, con el miedo que me daba a veces el pensar en su futuro, con su incapacidad de pedir ayuda, con todos los contras inimaginables.
Lo volvería a hacer. Una y otra vez. Como en el día de la marmota.
Porque cuando nos imagino por la noche, su pierna derecha sobre mi cadera, tirándole de los pelitos de las piernas mientras hablamos del día, de la vida, del futuro, mirándonos a oscuras, susurrando o no tanto, siento que ese era el momento y el lugar.
Pertenecía ahí, con él.

11.3.09

Ravelizada.

Y así estaba yo, con la luz apagada, mirando al techo con mis ojos de topo, pensando en fotografías y regalos y películas, mientras entraba la luz del puente por la ventana, con la música demasiado alta para ser las 2 de la mañana, cuando descubrí que en realidad sí me gusta la música clásica, y cuánto se puede sentir en la oscuridad.

Desde la cama.

Me gusta mirarte. Cuando te pones algo de ropa, cuando te paras y vas al baño, cuando cerras la puerta, cuando no la cerras. Mientras estas parado delante del lavatorio, acomodandote los calzoncillos.
Me gusta mirarte sin que lo sepas, admirar ese cuerpo que tanto me gusta y que fue mio durante unos minutos. Quisiera prolongar esos minutos eternamente, y que solo existamos nosotros dos y esa cama.
Que todo el Universo se reduzca a eso.
A una cama y dos cuerpos. Eternamente.


(05/08/06)

Lukas.

Y durante un segundo, pude entrever el diablo que lleva dentro. Solo durante el tiempo que le tomo al humo salir de su boca, pude ver el brillo de sus ojos, la mueca de su boca, y su expresion de maldad. Y aunque le venia diciendo que fumaba demasiado, quise decirle que siguiera fumando, solo para ver su verdadero yo.
Porque debajo de cada oveja se esconde un lobo.


(13/08/06)

9.3.09

Sleep well tonight.

Dormí con personas que se agarraban a mí como garrapatas. Personas que dormían pegadas a la pared y me dejaban todo el resto de la cama para mí. Personas que pegaban patadas o amanecían fuera de la cama. Personas que me metían mano dormidas (generando cosas maravillosas, por cierto). Personas que soñaban conmigo. Personas que usurpaban mi sitio y tenía que dormir con medio cuerpo fuera de la cama. Personas que me robaban el edredón. Personas que duermen con los ojos semi-abiertos. Personas con las que me acoplaba de maravilla. Personas con las que no podía dormir. Personas que me echaban todo el pelo a la cara. Personas a las que arropaba por las noches. Personas que lograban echarme de la cama a base de empujones y patadas. Personas con las que me acurrucaba en el centro por el frío. Personas con las que nos coordinábamos para girarnos. Muchas personas, diferentes personas de diferentes maneras.
Pero con la que mejor dormí nunca fue con Mei. Porque tiene la capacidad de crear una cama preciosa de la nada, porque nos movemos igual de poco, porque tiene el pelo tan corto que, aunque me asusta, no logra ahogarme con él, porque no le importa que ponga la mano en su cadera ni se incomoda porque lo haga.
Extraño las noches de Londres, en las que dormía con ella mientras Ana jugueteaba con mi pelo desde la otra cama.
Extraño las noches de Londres.

7.3.09

Tengo que alejarme de Galicia.

6.3.09

Day after day.

Me refugio en mi cueva de sábanas calentitas porque no tengo unos brazos donde hacerlo, duermo durante horas, me despierto y vuelvo a dormir varias veces, leo un libro por noche, lápiz en mano, suplico que haya sol antes de levantarme de la cama y comprobar que no lo hay, me mandan mensajes divertidos por las noches para ir juntos a clase, las sábanas huelen levemente a vos (¿o son mis recuerdos los que lo hacen?), fumo, quiero fumar con la misma placidez que Melanie mientras los pájaros se amotinan detrás de ella, la gente que fuma sigue pareciendo plena, lleno mis tardes con retos y películas para no sentir que estoy tirando mi vida a la basura. Y así voy, de a poco, sin notarlo, sintiendo ese silencio del dolor que dice un francés que dice otro que es la felicidad. Y me gusta.

5.3.09

Autobuses.

Hay personas a las que no les deberían permitir oler tan bien, ni llevar esa camisa celeste a rayas, ni tener esa barba de tres días, ni esos ojos profundos ni esa piel oliva, ni esos dedos tan largos y tan rectos y tan curvos que no puedo evitar pensar...

4.3.09

Y si te regalo una foto.

Nunca un hueco en una hoja me hizo sentir tan libre.

Adiós, hobbit, adiós.

Futuribles.

Vi tu futuro con la chica pelirroja.
Tenías un perro pequeño, color marrón.
No parecías feliz, pero tampoco triste.







(Me jode ver futuros ajenos pero nunca el propio)

3.3.09

Y así, como unos estúpidos, perdimos dos años en miraditas.

2.3.09

Los grandes amores van siempre en mayúscula.

Cuando Elián tenía un par de años, me llamaba Nana.
Todos estábamos sorprendidos de que pudiese pronunciar Pablo, pero Ana le costase.
Hoy descubrí tres cosas: que Jano me llama Nana, que me conoce y que me quiere.
Jano estuvo tres días internado con su cuarta quimio. Uno de esos días, le pregunto, para que no se olvide: ¿cómo se llama tu madrina?
-Nana, dice. Y después agrega:
-Elian e e mamá, Nano e e anina.
Traducción: "Elian es de mamá,Jano es de la madrina"


Nunca pensé que sentirse querida se sentía así.


(Súmenle un año, quiténle el pelo, cejas y pestañas por la quimio y tendrán a mi morrongo, El Pequeño Buda)

27.2.09

Y si muero antes de vivir.

¿Ya está?
¿El mundo se acabó acá?
¿Ya no más palabra escritas en mi espalda?
¿Ya no más mordiscos?
¿Ya no más inventar palabras?
¿Ya no?
Está bien.
Vos te lo perdés.

Harturas.

El día que desaparezca sin decir nada será el día que me harte de mi diarrea verbal, el día que me corte las uñas al ras y me rape a cero, el día que todo mi equipaje sea un cuaderno y una cámara, el día que decida viajar sin que nadie sepa dónde, el día que esté tan loca de dolor que nada importe.
Quiero un hombre que me pinte las uñas de los pies de rojo en la cama.

26.2.09

Y ahora ya no sólo es mío, ahora es del mundo.

No se puede describir.

Es imposible poner en palabras esa sensación.

La de tenerte tan cerca, la de poder, de hecho, estirar los dedos y tocarte, acercarme y besarte, poder morderte si quiero, o tocarte la barba, u olerte.

Nunca fue así. Nunca estuvimos tan cerca de espíritu (porque no es ni sentimentalmente, ni amistosamente, ni de pensamiento).

Nunca fui capaz de dejarme llevar cuando estaba cerca de vos, tan cerca físicamente como me dejás estar ahora.

Porque no. Porque había una gran barrera, autoimpuesta por mí, que nos mantenía alejados. No sabías lo que pensaba ni lo que sentía.

Y ahora lo sabés, y da igual. Porque da igual.

Por una vez me elegí a mí misma. Y me elegí en este momento. No pienso en el futuro. No pienso ni cuento los días que faltan para que nos vayamos de este tiempo muerto en el que vivimos.

No pienso en la distancia, en el después, en tu voz al teléfono, en perder esa cercanía.

Porque me niego. Me niego a volver a arrebatarme la felicidad. Me niego a dejar que mi raciocinio me arruine unos días de felicidad feroz, de flotar sin pensar.

Por primera vez no analizo. Y si no se lo cuento a nadie es para no analizar. Porque no quiero.

Quiero poder disfrutar de esto, de esta cercanía, de estos momentos, de estos besos.

Son los besos.

Me matan esos besos. Porque de repente estamos hablando y de repente me pedís que te bese y lo hago. O de repente quiero besarte y puedo, porque ya no hay nadie, porque somos sólo nosotros en este tiempo, en este momento.

Y esa es la sensación. De tenerte tan cerca como para sentir el aire que movés al respirar, de dejarme llevar de tu mano a sitios inexplorados, de libertad total y absoluta, de comer mandarinas al sol, de flotar por encima de todo y todos, de girar y girar pero sin marearme, de volver a tener 15 años y una cabeza loca, de no pensar en consecuencias estúpidas, de poder hacer lo que quiera cuando quiera, de probarse vestidos espectaculares que nunca vas a usar, de comer hasta que la lengua te arda porque no hay futuro, no hay mañana, todo da igual si este momento no existe.

Y por suerte, este momento existe.

Existe, y es nuestro. Tuyo y mío.

Y más allá de este momento no hay nada.

25.2.09

Como si la adorara.

24.2.09

Pacencia.

No sé esperar.
La primera vez que me acosté con alguien, fue la cuarta vez que me liaba con ese alguien.
Por eso fue todo un cambio esperar tanto tiempo, ir tan despacio, estar semanas quedando antes de que pase nada.

Lograron convencerme de que eso, el no tener paciencia, era un rasgo malo de mi personalidad. Lograron que no quiera ser así, que quiera ser la chica que espera hasta que está segura, la que le da mil vueltas, la que va poco a poco.
Pero no soy así.
Si hubiese sido así, no me lo hubiese pasado tan bien en ese verano. Ni habría tenido La Mejor Relación de Mi Vida. Ni me habría divertido tantísimo en esa noche tan borracha y tan porno.
Así que no, no me justifico. En mi vida me justifiqué por liarme con tal o con cual.
Seguiré siendo la chica que se acuesta con alguien en un servicio, la que pone en peligro todas sus relaciones de amistad, la que sale a ver qué pasa, la que se divierte porque puede y quiere.
La que soy.

23.2.09

Recordé.

Recorrer tus venas con mis uñas.
Y mientras lo miraba sonreír a esa sonrisa, unos asientos más adelante, recordé que fue eso lo que me hizo pensar en un futuro.
Que cumplía una de las cosas más importantes en mi lista "Cosas que debe tener el amor de mi vida": adorar a los niños, tanto como él los adora.

22.2.09

Volver a los 18.

Volvi a los besos furtivos, al foreplay como único fin, a apoyarse en coches ajenos en calles vacías, a los besos en el cuello, a confesiones a media voz, a secretismos infinitos, a pensar en besos al azar intentando reconstruir la noche, a tener ganas de llamarla y contárselo, a mis días de adolescencia en este pueblo polvoriento.

21.2.09

¿Y cómo contarte que sueño con sonrisas, con camas cálidas y de sábanas arrugadas, con tus ojos que imagino, con piel que asumo, con calidez sin precedentes, con vivir y dejar vivir, con un viaje, con un destino, con un verano que no sucederá, con una cara y una voz, con una mano, con fotos ajenas, con planes que no haré, con 7º mortales, con compartir un umbilical musical, con todo lo que no tengo?

Reel.

Se acabó tu vida y mi vida, juntos y revueltos, se acabó el mundo de Wayne.

Su saliva.

Ya no pincha.
Ya no duele.
Puedo tenerlo cerca, a centímetros, y no sentir nada.
Nada no.
No sentir lo mismo.
Puedo sonreír y reírme sin querer que me bese.
Puedo hablar sin mirarle la boca.
Puedo sentarme a su lado sin aguantar la respiración.
Aunque no puedo evitar reprimirme las ganas de tocarle el brazo o darle un beso cuando siento que lo necesita.
Aunque no puedo evitar las imágenes.
Nosotros en el 32, viéndonos reflejados en las gafas de sol del otro, riéndonos de nuestro propio reflejo, beso y rumbo al Rectorado.
Él encima de mí, moviéndose y sudando, todo ojos y piel y lunares.
Él en piyama, delante del portátil, fumando, gafas de niño chico (o de él cuando chico)
Él al lado de mí, viendo los adornos luminosos navideños de El Ronquillo o similar, mientras volvíamos a nuestro mundo particular.
Él agarrándome por la espalda, poniéndome la mano sobre la barriga y yo que empiezo a sentir esas cosquillitas tan familiares.

¿Dónde va todo eso?
¿Dónde va esa atracción, esa química, ese feeling, esas feromonas?
¿Dónde va el amor cuando el amor se acaba?
¿Dónde termina todo?
¿Dónde siguen los recuerdos?
¿Dónde seguiremos nosotros en unos años?

Sus gestos son sus gestos. Su olor es su olor. Sus ojos son sus ojos. Su perfil cuando sonríe es su perfil cuando sonríe. Su risa es su risa. Nuestro entendimiento mutuo es nuestro entendimiento mutuo.
Pero ya nada es igual.
Y me gusta y me entristece a la vez. Sobre todo cuando pienso que él es la medida con la que mido a todos. Y es difícil llegar hasta él. Mi ex-futuro, mi amigonovio, mi precioso hobbit, mi relación verdadera y adulta.

20.2.09

No estoy buscando un amor de mi vida.
Ni siquiera un clavo.
Estoy buscando un cuerpo caliente y divertido.
Y, que yo sepa, él está vivo y me hace reír.
That's enough.

18.2.09

Melody of a fallen tree.

No hace falta verte para saber que estás ahí.
En esa pantalla, hace tanto tiempo. O no tanto, y eso es lo malo.
Con cuernos de reno, arreglados, entregando regalos y poniendo caras para la cámara.
Bailando, saltando, sonriendo, hablando.
Hablando.
Todavía me cuesta entender cómo perdimos ese futuro.
Cómo esas sonrisas se transformaron en lágrimas tres días después.
Y cómo seguís ahí, en cada canción y cada video que veo.

17.2.09

Sobre la vida y la muerte.

Creo que nunca lo conté, o no por completo, pero tengo tres ahijados. Dos de ellos están muertos.

La primera, Tais, fue cuando tenía 14 años. Era amiga de Maribel desde que éramos chicas, porque nuestros hermanos iban juntos al jardín de infantes. Ella tenía unos 6 años más que yo, pero eso nunca fue problema para nosotras.
Su vida no fue nada fácil. Era discapacitada física, y la tuvieron que operar varias veces. A esto se sumaba una madre con claros problemas psicológicos.
Cuando yo tenía 12 0 13 años, se mudó a casa de su abuela, que vivía cerca de la mía, así que por lo menos una vez a la semana nos veíamos.
A los 20, se quedó embarazada de un chico mayor que ella. No sé cuánto de lo que me contó de él era verdad, porque había mucha fantasía en todo lo que contaba (de hecho, por eso dejamos de vernos. Pero eso pasaría años después).
Era una nena. Nos pasamos horas en su habitación, pensando y planeando. Ayudé a elegir el nombre. Tais. Me pidió que fuese la madrina, a lo que acepté encantada.
Vi las ecografías, y tocaba el pequeño bultito que se había formado en su barriga. Era mía ya.
Me fui de vacaciones a casa de mi madrina. Y un día, sucedió. Soñé que Maribel no la encontraba. Estábamos las dos en su casa, y yo veía como la llamaba pero no podía encontrarla.
Decidí esperar a Buenos Aires para comprarle la ropita que ya había visto.
Cuando volví, me lo dijo. La había perdido.

Mi madrina es la mejor amiga de mi mamá. Fueron juntas al secundario, e hicieron el profesorado a la vez, salvo que mi mamá ya no ejerce y mi madrina sigue siendo maestra (ahora, directora). Cuando tenían 17 o 18 años, mi mamá le prometió que sería la madrina del primer hijo que tuviera, así que cuando nací no hubo ni que pensarlo.
Cuando nació el primer hijo de mi madrina, le pidió a otra amiga suya que fuese la madrina, porque mi mamá ya tenía un ahijado.
Hace 3 veranos, estando en Manchester, mi madrina me pidió que fuese la madrina del hijo que estaba esperando, Jano. Me puse a llorar delante de la pantalla, y estuve over the moon un par de días. Cuando llamé a mi mamá para contárselo, me dijo que ya lo sabía, que mi madrina le había preguntado si no le molestaría que me lo pida a mí.
Y entonces me contó algo que no sabía. Hace 6 años, mi madrina perdió un bebé. Estaba de cinco meses, y tuvieron que provocarle el parto para poder sacar el cuerpo. Fue tremendamente triste para todos, pero especialmente para ella. Lo que en ese momento no supe era que mi madrina me iba a pedir que fuese la madrina de ese bebé. Un bebé sin nombre, casi sin cuerpo.

A lo que quiero llegar con todo esto (si es que realmente quiero llegar a algo y no escribo porque me guste el sonido de mi propia voz) es que la muerte no importa.
No importa realmente si estamos o no, si están o no.
Tanto Tais como Bebé siguen siendo mis ahijados, aunque no hayan llegado a nacer. Porque alguien les habló, alguien los imaginó, alguien los quiso.
Y de eso va todo esto. De querer.
No quiero morir, pero no me importaría. Sé que seguiría siendo parte de algo, de alguien. Sé que alguien me quiere, y que alguien me lloraría.
La muerte no es más que la continuación de la vida.
Y Jano... Jano vive, vive y es querido. Lo quiero. Lo quiero porque sé que es un ser físico, sé que lo conoceré, sé que es gordito y castaño claro. Sé que se ríe mucho, todo el tiempo. Sé que come tanto como su madrina y como la mía. Lo quiero porque es.
Pero si no fuese también lo querría.
Tais y Bebé son parte mía, parte de mi historia. Y cada vez que pienso en Jano me acuerdo de ellos, los que no pudieron ser, los que no llegaron a ser.

Y de repente, casi sin sospecharlo, saltás y te clavás en mí.

Esta vez quería que todo salga bien.
Quería que fuésemos felices, que nos riésemos, que se te formen arruguitas al lado de los ojos, que nos pasemos horas en la cama dormitando y hablando y follando, incluírme en tus planes de futuro, viajar, conocer(nos), ir por la calle de la mano mientras nada importa porque tengo tu mano en la mía, porque tenés mi mano en la tuya.
Así que pará.
Pará de saltarme agazapado cuando saco las cosas del escritorio y encuentro la tapita de la botella de agua de la 2º vez que fuimos a cenar a esa pizzería.
Pará de saltarme agazapado cuando limpio un pelo de encima de un CD y me doy cuenta de que era tuyo, y me dan ganas de buscarlo hasta encontrarlo y ¿hacer qué?
Pará de saltarme agazapado y aparecerte en mis sueños, diciéndome cosas que sé pero que no necesito saber, que no quiero saber, mientras me abrazás y me siento en casa porque estaba perdida oh tan perdida en ese Londres brutal con esas hienas que se ríen sin sentido y vos en bicicleta, a la distancia, pero cada vez más grande (aunque nunca demasiado) y entonces parás y sos vos y llorás y hablás pero no, no me abraces y no dejes que sienta tu calor ni tu olor.


Lloré al lado de la Catedral. Lloré sobre tu hombro mientras te contaba cosas que nunca te había contado, mientras te confesaba que me hacías sentir feliz y rara, y que no podía con esas mariposas y arcoiris, que yo no era así, que mi vida era más bien muerte y destrucción, que no iba a cambiar, que nada iba a cambiar.
Y el dolor, y el dolor, y el dolor.
No iba a parar.

16.2.09

Erre que erre.

Era todo claroscuro, sombras, tendones, muñecas, reloj, lunares, pelo, gestos, perfil, piel oscura, tensión.
Fibroso, menudo, pequeño.
Sonrisa, pestañas, barba.
Se toca el pelo, se lo mesa, sonríe, pone caras, escucha.
Yo no escucho.
Yo sólo puedo pensar megustamegustamegustamegustás
megustásmegustásmiramemiramebesamehablame
acercatedatecuentadequeexistomegustamegustamegustás
.

15.2.09

Would you be my Valentine?

Qué le voy a hacer...
Me esperaba un San Valentin distinto. Empalagoso y azucarado.
Mi primer San Valentin así.

Pero últimamente nada es lo que esperaba, ni lo que era, ni lo que quería.
Aunque no me quejo.
O lo hago, pero muy poquito.

De alguna manera, todo consiguió darse vuelta.
Y acá estoy, sonriendo por tonterías cibernéticas, estando tranquila, sin necesidad de llamar a nadie a las 2 de la mañana porque no puedo dormirme, recordando mucho a quien fue el principal pilar en mi vida hace un par de años y que ahora casi no existe, dejando de buscar the truth out there y buscándola más in here, sin saltar de cama en cama y de chico en chico, buscando quién sabe qué.
Porque lo quise, y fui feliz, pero ya...
Porque a él también lo quise, y fui feliz, y pensé en un futuro con libros, madera y Paloma.
Porque a él lo quiero y me resigno a olvidarlo, a alejarlo, a distanciarlo, a no seguir ahí, esperando algo que no va a llegar.
Porque lo quise, pero ahora ya ni lo veo, y cuando lo hago no queda nada, salvo esos momentos en los que sus ojos encuentran a los míos y me mira de esa manera.
Porque no los quise, ni me quisieron. No, no, no. Aunque me gustó creer que sí, que cada te quiero fue real, sentido. Pero no pueden compararse con lo que vino después, con ese deseo de integrarme dentro suyo, de poseerlo, de clavarme en él y no soltarlo, de vivir eternamente, de mordernos y morderme y morderlo y ser uno.
Porque me quiero y quiero quererme más. Porque necesito buscar mis caminos polvorientos, abrir ventanas y puertas y ventilar, desempolvar mis alas, encontrar mi deseo, recordar mi punto de equilibrio, explorar(me), sonreír aunque llueva, abandonar las botellas y las camas llenas pero vacías, ponerme en movimiento, pegar los trozos que tras años siguen rotos, pensar en una sola, alejarme de la pareja que anula, pararme a mirar, ser una antes de poder ser dos.

El amor lo es todo. Pero no es amor de dos sólo.
Es amor de uno y de muchos.
Y yo tengo que encontrar ese amor.


Feliz San Valentin, preciosa.

13.2.09

Miusik.

Creo que los mejores momentos que compartimos tienen que ver con la música.
Todo el tiempo había música en nuestra vida.
Mientras cocinábamos, mientras estudiábamos, mientras yo leía y él trabajaba, mientras yo trabajaba entre sus cosas y él no estaba, mientras lo hacíamos, mientras viajábamos, mientras caminábamos.
De repente uno de los dos se ponía a tararear. Solía ser yo. Y el otro escuchaba, seguía el ritmo con los dedos, empezaba a tararear también o lo ignoraba.

Uno de los recuerdos más vívidos es de incluso antes de empezar.
Verano. Campo. Piscina. Rol.
Nosotros dos y una amiga, sentados fuera, esperando.
IPod nuevecito.
Los dos conectados a él, cantando a pleno pulmón.

Estar unidos por ese cablecito, sabiendo que estamos escuchando lo mismo, que nos hace sentir cosas muy parecidas...



Ahora mismo, el mayor compromiso que puedo asumir es compartir unos auriculares.

(¿Te apetece?)

11.2.09

Semana en piyama.

A veces, la vida hace que te tropieces con determinadas personas. Hoy, agradezco el haberme tropezado con una en particular.
Es incluso más pequeña que yo. "Menuda", es como la definiría, pero como ella acaba de descubrir el significado de esa palabra, es mejor decirle pequeña.
Solía tener pelo. Un pelo castaño precioso, con ondas, largo.
Nos disfrazábamos de duendecitos sin querer.
Hablábamos muy alto, y lo seguimos haciendo.
Tiene un lenguaje particular, muy particular, que de poco voy adoptando.
Entiende las imágenes que tengo en mi cabeza aunque no sepa expresarlas, y las expresa por mí. Describimos la misma escena de la misma manera, con los mismos colores, con la misma ropa, aunque sea una escena que nos estamos inventando en el momento.
Ella escribe y me maravilla con su dominio de los atajos, yo le dicto con el ritmo muy cuidado.
Nos emborrachamos y hablamos sobre sexo a los gritos en un bar lleno, y estando sobrias nos da vergüenza. Pero siempre volvemos al mismo bar: se está bien, y así no hacemos el ridículo en todos los bares, sólo en ese.
Me deja incluirme en su vida, cuando no tengo una vida propia acá.
Los lunes son día de contarnos los últimos cotilleos, anécdotas y cosas vergonzosas que nos pasaron durante el fin de semana.
Y ahora acá estamos, discutiendo los maravillosos ojos cambiantes de mi ex, o por qué cierta persona no me llama de una vez, si ya leyó el mensaje.
La adoro.

10.2.09

Marta.

Tu cara sigue empapelando las paredes,
mientras nosotros sabemos que ya no hay esperanza.

9.2.09

Aparecer/reaparecer.

Lograste que toda una comunidad reaparezca en mi mundo.
Una comunidad que nunca debió irse de ahí, porque es parte mía.
Sos un mago.

NO.

Miro por encima de tu hombro.
Te empujo.
Me alejo.
Me suelto.
Te bloqueo.
Te lo digo.
¿Qué parte de no no entendés?

Burden.

Ya no me persigue tu fantasma en bicicleta.
Me libré de tu energía-niebla.
Soy libre.
Y la ciudad vuelve a pertenecerme.

Late.

Creo que es la primera vez que me alegro de no haberme acostado con nadie en dos meses.
Me hace respirar cada día.
Porque de Virgen tengo poco.

Coincidencias.

Fue la primera vez en días que no hablé con él.
También fue la primera vez en días que me sentí sola.

7.2.09

Recuerdo ese día.
El despertador sonó y él, como siempre, ni se inmutó. Me levanté, me vestí, todo en silencio y a oscuras.
40 minutos de clase, y en el bus de vuelta.
La habitación a oscuras, él un bulto en la cama. Zapatillas fuera, pantalón fuera, jersey fuera, camiseta fuera, sujetador fuera.
Su cuerpo me recibe sin despertarse. Cálido, intimo, mío. Su mano en mi ombligo, rodillas contra rodillas, su respiración en mi nuca. Se remueve, se acerca, me acerca.
Y era nuestro nido. Y todo era cálido y suave.
Y el mundo era esa cama.

6.2.09

Lo único que me consuela es saber que en algún momento, durante determinada cantidad de tiempo, alguien soportó mi montaña rusa emocional.
No, el amor no es suficiente para aguantar mis idas y venidas, subidas y bajadas, llantos y risas.
Pero en algún momento habrá alguien.
Alguien.

Goodbye, my lover/Goodbye my friend.

Éramos dos estatuas de sal, clavadas en el suelo.
Fuerzas opuestas nos inclinaban hacia fuera y hacia dentro.
Quedarse, irse.
No susurres las palabras que no quiero oír.

4.2.09

3 years ago.

Era un santo.
Todo este tiempo después y en plena entrega de trabajos y exámenes, me doy cuenta de que era un santo.
Apagaba fuegos informáticos cada día. Me ayudaba a estudiar. Me explicaba cosas de óptica. Cocinaba para los dos. Soportaba mis quejas y chillidos. Me hacía masajes. Me aguantaba cuando sólo sabía gritar en pleno ataque de nervios, cuando no sabía qué había hecho mal para perder todo el trabajo, cuando me ponía insoportable por la falta de sueño y el estrés.
Ahora, cuando me duele el trapecio de la tensión, cuando no tengo a nadie que me resuelva los problemas como por arte de magia, cuando nadie me habla en voz baja para calmarme, ni me mira como se mira a una niña chica con un berrinche, me doy cuenta de que era un santo.
Y de que lo extraño.

Espiando parejas felices.

Me giro y ahí están.
Él duerme, y ella está apoyada sobre su hombro, agarrando su brazo.
Los une el cable del MP3. Es rosa.
Ella tiene la mirada perdida, la mente en otro sitio, pero no suelta su brazo.
Delante de ellos se ven los mangos de dos paraguas. Violeta y marrón clarito.
Al rato, él se despierta. Discuten en voz baja cosas que imagino misteriosas y cotidianas.

A veces me gustaría querer algo así.

1.2.09

Viajera.

Su olor... era como estar en casa.
El problema es descubrir si quiero estar en casa o salir de viaje.
Viajar por el mar, por las cervezas, por los besos furtivos en esquinas, por la espera que desespera, por la emoción de algo nuevo, por las noches en soledad, por los desconocidos transformados en conocidos, por un nuevo mundo por descubrir.