14.3.09

Things that matter.

(Play)

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Y esta agradable sensación de sol interior.

(Y, por supuesto, todo esto)

13.3.09

Y mañana y mañana y mañana y el mar.

Y no es hora de tomar decisiones pero de a poco los carteles de neón van penetrando en mi cabecita y me sigo negando, pero después aparecen los cantos de sirena y no puedo evitar imaginar que y no, pero sí, pero no.
Porque no.
No.
No.
NO.

Tengo que parar esto.
Antes de que me encuentre frente al mar. Con la mano fría y vacía.

12.3.09

Desde el techo.

A veces lo pienso y no entiendo cómo pude estar con él. Si era prepotente y creído, si no me dejaba hablar, si parecía que nunca le importaba lo que decía, si todo era una lucha.
A veces lo pienso y no entiendo cómo no estuve con él desde antes. Si me hacía sonreír y reír desde que lo veía, si dejaba de lado a sus amigos para venir a verme cuando estaba mal, si compartíamos miles de gustos, si potenciaba mi parte creadora.

Estuve con él. Con la familia problemática, con el miedo que me daba a veces el pensar en su futuro, con su incapacidad de pedir ayuda, con todos los contras inimaginables.
Lo volvería a hacer. Una y otra vez. Como en el día de la marmota.
Porque cuando nos imagino por la noche, su pierna derecha sobre mi cadera, tirándole de los pelitos de las piernas mientras hablamos del día, de la vida, del futuro, mirándonos a oscuras, susurrando o no tanto, siento que ese era el momento y el lugar.
Pertenecía ahí, con él.

11.3.09

Ravelizada.

Y así estaba yo, con la luz apagada, mirando al techo con mis ojos de topo, pensando en fotografías y regalos y películas, mientras entraba la luz del puente por la ventana, con la música demasiado alta para ser las 2 de la mañana, cuando descubrí que en realidad sí me gusta la música clásica, y cuánto se puede sentir en la oscuridad.

Desde la cama.

Me gusta mirarte. Cuando te pones algo de ropa, cuando te paras y vas al baño, cuando cerras la puerta, cuando no la cerras. Mientras estas parado delante del lavatorio, acomodandote los calzoncillos.
Me gusta mirarte sin que lo sepas, admirar ese cuerpo que tanto me gusta y que fue mio durante unos minutos. Quisiera prolongar esos minutos eternamente, y que solo existamos nosotros dos y esa cama.
Que todo el Universo se reduzca a eso.
A una cama y dos cuerpos. Eternamente.


(05/08/06)

Lukas.

Y durante un segundo, pude entrever el diablo que lleva dentro. Solo durante el tiempo que le tomo al humo salir de su boca, pude ver el brillo de sus ojos, la mueca de su boca, y su expresion de maldad. Y aunque le venia diciendo que fumaba demasiado, quise decirle que siguiera fumando, solo para ver su verdadero yo.
Porque debajo de cada oveja se esconde un lobo.


(13/08/06)

9.3.09

Sleep well tonight.

Dormí con personas que se agarraban a mí como garrapatas. Personas que dormían pegadas a la pared y me dejaban todo el resto de la cama para mí. Personas que pegaban patadas o amanecían fuera de la cama. Personas que me metían mano dormidas (generando cosas maravillosas, por cierto). Personas que soñaban conmigo. Personas que usurpaban mi sitio y tenía que dormir con medio cuerpo fuera de la cama. Personas que me robaban el edredón. Personas que duermen con los ojos semi-abiertos. Personas con las que me acoplaba de maravilla. Personas con las que no podía dormir. Personas que me echaban todo el pelo a la cara. Personas a las que arropaba por las noches. Personas que lograban echarme de la cama a base de empujones y patadas. Personas con las que me acurrucaba en el centro por el frío. Personas con las que nos coordinábamos para girarnos. Muchas personas, diferentes personas de diferentes maneras.
Pero con la que mejor dormí nunca fue con Mei. Porque tiene la capacidad de crear una cama preciosa de la nada, porque nos movemos igual de poco, porque tiene el pelo tan corto que, aunque me asusta, no logra ahogarme con él, porque no le importa que ponga la mano en su cadera ni se incomoda porque lo haga.
Extraño las noches de Londres, en las que dormía con ella mientras Ana jugueteaba con mi pelo desde la otra cama.
Extraño las noches de Londres.

7.3.09

Tengo que alejarme de Galicia.

6.3.09

Day after day.

Me refugio en mi cueva de sábanas calentitas porque no tengo unos brazos donde hacerlo, duermo durante horas, me despierto y vuelvo a dormir varias veces, leo un libro por noche, lápiz en mano, suplico que haya sol antes de levantarme de la cama y comprobar que no lo hay, me mandan mensajes divertidos por las noches para ir juntos a clase, las sábanas huelen levemente a vos (¿o son mis recuerdos los que lo hacen?), fumo, quiero fumar con la misma placidez que Melanie mientras los pájaros se amotinan detrás de ella, la gente que fuma sigue pareciendo plena, lleno mis tardes con retos y películas para no sentir que estoy tirando mi vida a la basura. Y así voy, de a poco, sin notarlo, sintiendo ese silencio del dolor que dice un francés que dice otro que es la felicidad. Y me gusta.

5.3.09

Autobuses.

Hay personas a las que no les deberían permitir oler tan bien, ni llevar esa camisa celeste a rayas, ni tener esa barba de tres días, ni esos ojos profundos ni esa piel oliva, ni esos dedos tan largos y tan rectos y tan curvos que no puedo evitar pensar...

4.3.09

Y si te regalo una foto.

Nunca un hueco en una hoja me hizo sentir tan libre.

Adiós, hobbit, adiós.

Futuribles.

Vi tu futuro con la chica pelirroja.
Tenías un perro pequeño, color marrón.
No parecías feliz, pero tampoco triste.







(Me jode ver futuros ajenos pero nunca el propio)

3.3.09

Y así, como unos estúpidos, perdimos dos años en miraditas.

2.3.09

Los grandes amores van siempre en mayúscula.

Cuando Elián tenía un par de años, me llamaba Nana.
Todos estábamos sorprendidos de que pudiese pronunciar Pablo, pero Ana le costase.
Hoy descubrí tres cosas: que Jano me llama Nana, que me conoce y que me quiere.
Jano estuvo tres días internado con su cuarta quimio. Uno de esos días, le pregunto, para que no se olvide: ¿cómo se llama tu madrina?
-Nana, dice. Y después agrega:
-Elian e e mamá, Nano e e anina.
Traducción: "Elian es de mamá,Jano es de la madrina"


Nunca pensé que sentirse querida se sentía así.


(Súmenle un año, quiténle el pelo, cejas y pestañas por la quimio y tendrán a mi morrongo, El Pequeño Buda)

27.2.09

Y si muero antes de vivir.

¿Ya está?
¿El mundo se acabó acá?
¿Ya no más palabra escritas en mi espalda?
¿Ya no más mordiscos?
¿Ya no más inventar palabras?
¿Ya no?
Está bien.
Vos te lo perdés.

Harturas.

El día que desaparezca sin decir nada será el día que me harte de mi diarrea verbal, el día que me corte las uñas al ras y me rape a cero, el día que todo mi equipaje sea un cuaderno y una cámara, el día que decida viajar sin que nadie sepa dónde, el día que esté tan loca de dolor que nada importe.
Quiero un hombre que me pinte las uñas de los pies de rojo en la cama.

26.2.09

Y ahora ya no sólo es mío, ahora es del mundo.

No se puede describir.

Es imposible poner en palabras esa sensación.

La de tenerte tan cerca, la de poder, de hecho, estirar los dedos y tocarte, acercarme y besarte, poder morderte si quiero, o tocarte la barba, u olerte.

Nunca fue así. Nunca estuvimos tan cerca de espíritu (porque no es ni sentimentalmente, ni amistosamente, ni de pensamiento).

Nunca fui capaz de dejarme llevar cuando estaba cerca de vos, tan cerca físicamente como me dejás estar ahora.

Porque no. Porque había una gran barrera, autoimpuesta por mí, que nos mantenía alejados. No sabías lo que pensaba ni lo que sentía.

Y ahora lo sabés, y da igual. Porque da igual.

Por una vez me elegí a mí misma. Y me elegí en este momento. No pienso en el futuro. No pienso ni cuento los días que faltan para que nos vayamos de este tiempo muerto en el que vivimos.

No pienso en la distancia, en el después, en tu voz al teléfono, en perder esa cercanía.

Porque me niego. Me niego a volver a arrebatarme la felicidad. Me niego a dejar que mi raciocinio me arruine unos días de felicidad feroz, de flotar sin pensar.

Por primera vez no analizo. Y si no se lo cuento a nadie es para no analizar. Porque no quiero.

Quiero poder disfrutar de esto, de esta cercanía, de estos momentos, de estos besos.

Son los besos.

Me matan esos besos. Porque de repente estamos hablando y de repente me pedís que te bese y lo hago. O de repente quiero besarte y puedo, porque ya no hay nadie, porque somos sólo nosotros en este tiempo, en este momento.

Y esa es la sensación. De tenerte tan cerca como para sentir el aire que movés al respirar, de dejarme llevar de tu mano a sitios inexplorados, de libertad total y absoluta, de comer mandarinas al sol, de flotar por encima de todo y todos, de girar y girar pero sin marearme, de volver a tener 15 años y una cabeza loca, de no pensar en consecuencias estúpidas, de poder hacer lo que quiera cuando quiera, de probarse vestidos espectaculares que nunca vas a usar, de comer hasta que la lengua te arda porque no hay futuro, no hay mañana, todo da igual si este momento no existe.

Y por suerte, este momento existe.

Existe, y es nuestro. Tuyo y mío.

Y más allá de este momento no hay nada.

25.2.09

Como si la adorara.

24.2.09

Pacencia.

No sé esperar.
La primera vez que me acosté con alguien, fue la cuarta vez que me liaba con ese alguien.
Por eso fue todo un cambio esperar tanto tiempo, ir tan despacio, estar semanas quedando antes de que pase nada.

Lograron convencerme de que eso, el no tener paciencia, era un rasgo malo de mi personalidad. Lograron que no quiera ser así, que quiera ser la chica que espera hasta que está segura, la que le da mil vueltas, la que va poco a poco.
Pero no soy así.
Si hubiese sido así, no me lo hubiese pasado tan bien en ese verano. Ni habría tenido La Mejor Relación de Mi Vida. Ni me habría divertido tantísimo en esa noche tan borracha y tan porno.
Así que no, no me justifico. En mi vida me justifiqué por liarme con tal o con cual.
Seguiré siendo la chica que se acuesta con alguien en un servicio, la que pone en peligro todas sus relaciones de amistad, la que sale a ver qué pasa, la que se divierte porque puede y quiere.
La que soy.

23.2.09

Recordé.

Recorrer tus venas con mis uñas.
Y mientras lo miraba sonreír a esa sonrisa, unos asientos más adelante, recordé que fue eso lo que me hizo pensar en un futuro.
Que cumplía una de las cosas más importantes en mi lista "Cosas que debe tener el amor de mi vida": adorar a los niños, tanto como él los adora.

22.2.09

Volver a los 18.

Volvi a los besos furtivos, al foreplay como único fin, a apoyarse en coches ajenos en calles vacías, a los besos en el cuello, a confesiones a media voz, a secretismos infinitos, a pensar en besos al azar intentando reconstruir la noche, a tener ganas de llamarla y contárselo, a mis días de adolescencia en este pueblo polvoriento.

21.2.09

¿Y cómo contarte que sueño con sonrisas, con camas cálidas y de sábanas arrugadas, con tus ojos que imagino, con piel que asumo, con calidez sin precedentes, con vivir y dejar vivir, con un viaje, con un destino, con un verano que no sucederá, con una cara y una voz, con una mano, con fotos ajenas, con planes que no haré, con 7º mortales, con compartir un umbilical musical, con todo lo que no tengo?

Reel.

Se acabó tu vida y mi vida, juntos y revueltos, se acabó el mundo de Wayne.

Su saliva.

Ya no pincha.
Ya no duele.
Puedo tenerlo cerca, a centímetros, y no sentir nada.
Nada no.
No sentir lo mismo.
Puedo sonreír y reírme sin querer que me bese.
Puedo hablar sin mirarle la boca.
Puedo sentarme a su lado sin aguantar la respiración.
Aunque no puedo evitar reprimirme las ganas de tocarle el brazo o darle un beso cuando siento que lo necesita.
Aunque no puedo evitar las imágenes.
Nosotros en el 32, viéndonos reflejados en las gafas de sol del otro, riéndonos de nuestro propio reflejo, beso y rumbo al Rectorado.
Él encima de mí, moviéndose y sudando, todo ojos y piel y lunares.
Él en piyama, delante del portátil, fumando, gafas de niño chico (o de él cuando chico)
Él al lado de mí, viendo los adornos luminosos navideños de El Ronquillo o similar, mientras volvíamos a nuestro mundo particular.
Él agarrándome por la espalda, poniéndome la mano sobre la barriga y yo que empiezo a sentir esas cosquillitas tan familiares.

¿Dónde va todo eso?
¿Dónde va esa atracción, esa química, ese feeling, esas feromonas?
¿Dónde va el amor cuando el amor se acaba?
¿Dónde termina todo?
¿Dónde siguen los recuerdos?
¿Dónde seguiremos nosotros en unos años?

Sus gestos son sus gestos. Su olor es su olor. Sus ojos son sus ojos. Su perfil cuando sonríe es su perfil cuando sonríe. Su risa es su risa. Nuestro entendimiento mutuo es nuestro entendimiento mutuo.
Pero ya nada es igual.
Y me gusta y me entristece a la vez. Sobre todo cuando pienso que él es la medida con la que mido a todos. Y es difícil llegar hasta él. Mi ex-futuro, mi amigonovio, mi precioso hobbit, mi relación verdadera y adulta.

20.2.09

No estoy buscando un amor de mi vida.
Ni siquiera un clavo.
Estoy buscando un cuerpo caliente y divertido.
Y, que yo sepa, él está vivo y me hace reír.
That's enough.

18.2.09

Melody of a fallen tree.

No hace falta verte para saber que estás ahí.
En esa pantalla, hace tanto tiempo. O no tanto, y eso es lo malo.
Con cuernos de reno, arreglados, entregando regalos y poniendo caras para la cámara.
Bailando, saltando, sonriendo, hablando.
Hablando.
Todavía me cuesta entender cómo perdimos ese futuro.
Cómo esas sonrisas se transformaron en lágrimas tres días después.
Y cómo seguís ahí, en cada canción y cada video que veo.

17.2.09

Sobre la vida y la muerte.

Creo que nunca lo conté, o no por completo, pero tengo tres ahijados. Dos de ellos están muertos.

La primera, Tais, fue cuando tenía 14 años. Era amiga de Maribel desde que éramos chicas, porque nuestros hermanos iban juntos al jardín de infantes. Ella tenía unos 6 años más que yo, pero eso nunca fue problema para nosotras.
Su vida no fue nada fácil. Era discapacitada física, y la tuvieron que operar varias veces. A esto se sumaba una madre con claros problemas psicológicos.
Cuando yo tenía 12 0 13 años, se mudó a casa de su abuela, que vivía cerca de la mía, así que por lo menos una vez a la semana nos veíamos.
A los 20, se quedó embarazada de un chico mayor que ella. No sé cuánto de lo que me contó de él era verdad, porque había mucha fantasía en todo lo que contaba (de hecho, por eso dejamos de vernos. Pero eso pasaría años después).
Era una nena. Nos pasamos horas en su habitación, pensando y planeando. Ayudé a elegir el nombre. Tais. Me pidió que fuese la madrina, a lo que acepté encantada.
Vi las ecografías, y tocaba el pequeño bultito que se había formado en su barriga. Era mía ya.
Me fui de vacaciones a casa de mi madrina. Y un día, sucedió. Soñé que Maribel no la encontraba. Estábamos las dos en su casa, y yo veía como la llamaba pero no podía encontrarla.
Decidí esperar a Buenos Aires para comprarle la ropita que ya había visto.
Cuando volví, me lo dijo. La había perdido.

Mi madrina es la mejor amiga de mi mamá. Fueron juntas al secundario, e hicieron el profesorado a la vez, salvo que mi mamá ya no ejerce y mi madrina sigue siendo maestra (ahora, directora). Cuando tenían 17 o 18 años, mi mamá le prometió que sería la madrina del primer hijo que tuviera, así que cuando nací no hubo ni que pensarlo.
Cuando nació el primer hijo de mi madrina, le pidió a otra amiga suya que fuese la madrina, porque mi mamá ya tenía un ahijado.
Hace 3 veranos, estando en Manchester, mi madrina me pidió que fuese la madrina del hijo que estaba esperando, Jano. Me puse a llorar delante de la pantalla, y estuve over the moon un par de días. Cuando llamé a mi mamá para contárselo, me dijo que ya lo sabía, que mi madrina le había preguntado si no le molestaría que me lo pida a mí.
Y entonces me contó algo que no sabía. Hace 6 años, mi madrina perdió un bebé. Estaba de cinco meses, y tuvieron que provocarle el parto para poder sacar el cuerpo. Fue tremendamente triste para todos, pero especialmente para ella. Lo que en ese momento no supe era que mi madrina me iba a pedir que fuese la madrina de ese bebé. Un bebé sin nombre, casi sin cuerpo.

A lo que quiero llegar con todo esto (si es que realmente quiero llegar a algo y no escribo porque me guste el sonido de mi propia voz) es que la muerte no importa.
No importa realmente si estamos o no, si están o no.
Tanto Tais como Bebé siguen siendo mis ahijados, aunque no hayan llegado a nacer. Porque alguien les habló, alguien los imaginó, alguien los quiso.
Y de eso va todo esto. De querer.
No quiero morir, pero no me importaría. Sé que seguiría siendo parte de algo, de alguien. Sé que alguien me quiere, y que alguien me lloraría.
La muerte no es más que la continuación de la vida.
Y Jano... Jano vive, vive y es querido. Lo quiero. Lo quiero porque sé que es un ser físico, sé que lo conoceré, sé que es gordito y castaño claro. Sé que se ríe mucho, todo el tiempo. Sé que come tanto como su madrina y como la mía. Lo quiero porque es.
Pero si no fuese también lo querría.
Tais y Bebé son parte mía, parte de mi historia. Y cada vez que pienso en Jano me acuerdo de ellos, los que no pudieron ser, los que no llegaron a ser.

Y de repente, casi sin sospecharlo, saltás y te clavás en mí.

Esta vez quería que todo salga bien.
Quería que fuésemos felices, que nos riésemos, que se te formen arruguitas al lado de los ojos, que nos pasemos horas en la cama dormitando y hablando y follando, incluírme en tus planes de futuro, viajar, conocer(nos), ir por la calle de la mano mientras nada importa porque tengo tu mano en la mía, porque tenés mi mano en la tuya.
Así que pará.
Pará de saltarme agazapado cuando saco las cosas del escritorio y encuentro la tapita de la botella de agua de la 2º vez que fuimos a cenar a esa pizzería.
Pará de saltarme agazapado cuando limpio un pelo de encima de un CD y me doy cuenta de que era tuyo, y me dan ganas de buscarlo hasta encontrarlo y ¿hacer qué?
Pará de saltarme agazapado y aparecerte en mis sueños, diciéndome cosas que sé pero que no necesito saber, que no quiero saber, mientras me abrazás y me siento en casa porque estaba perdida oh tan perdida en ese Londres brutal con esas hienas que se ríen sin sentido y vos en bicicleta, a la distancia, pero cada vez más grande (aunque nunca demasiado) y entonces parás y sos vos y llorás y hablás pero no, no me abraces y no dejes que sienta tu calor ni tu olor.


Lloré al lado de la Catedral. Lloré sobre tu hombro mientras te contaba cosas que nunca te había contado, mientras te confesaba que me hacías sentir feliz y rara, y que no podía con esas mariposas y arcoiris, que yo no era así, que mi vida era más bien muerte y destrucción, que no iba a cambiar, que nada iba a cambiar.
Y el dolor, y el dolor, y el dolor.
No iba a parar.

16.2.09

Erre que erre.

Era todo claroscuro, sombras, tendones, muñecas, reloj, lunares, pelo, gestos, perfil, piel oscura, tensión.
Fibroso, menudo, pequeño.
Sonrisa, pestañas, barba.
Se toca el pelo, se lo mesa, sonríe, pone caras, escucha.
Yo no escucho.
Yo sólo puedo pensar megustamegustamegustamegustás
megustásmegustásmiramemiramebesamehablame
acercatedatecuentadequeexistomegustamegustamegustás
.

15.2.09

Would you be my Valentine?

Qué le voy a hacer...
Me esperaba un San Valentin distinto. Empalagoso y azucarado.
Mi primer San Valentin así.

Pero últimamente nada es lo que esperaba, ni lo que era, ni lo que quería.
Aunque no me quejo.
O lo hago, pero muy poquito.

De alguna manera, todo consiguió darse vuelta.
Y acá estoy, sonriendo por tonterías cibernéticas, estando tranquila, sin necesidad de llamar a nadie a las 2 de la mañana porque no puedo dormirme, recordando mucho a quien fue el principal pilar en mi vida hace un par de años y que ahora casi no existe, dejando de buscar the truth out there y buscándola más in here, sin saltar de cama en cama y de chico en chico, buscando quién sabe qué.
Porque lo quise, y fui feliz, pero ya...
Porque a él también lo quise, y fui feliz, y pensé en un futuro con libros, madera y Paloma.
Porque a él lo quiero y me resigno a olvidarlo, a alejarlo, a distanciarlo, a no seguir ahí, esperando algo que no va a llegar.
Porque lo quise, pero ahora ya ni lo veo, y cuando lo hago no queda nada, salvo esos momentos en los que sus ojos encuentran a los míos y me mira de esa manera.
Porque no los quise, ni me quisieron. No, no, no. Aunque me gustó creer que sí, que cada te quiero fue real, sentido. Pero no pueden compararse con lo que vino después, con ese deseo de integrarme dentro suyo, de poseerlo, de clavarme en él y no soltarlo, de vivir eternamente, de mordernos y morderme y morderlo y ser uno.
Porque me quiero y quiero quererme más. Porque necesito buscar mis caminos polvorientos, abrir ventanas y puertas y ventilar, desempolvar mis alas, encontrar mi deseo, recordar mi punto de equilibrio, explorar(me), sonreír aunque llueva, abandonar las botellas y las camas llenas pero vacías, ponerme en movimiento, pegar los trozos que tras años siguen rotos, pensar en una sola, alejarme de la pareja que anula, pararme a mirar, ser una antes de poder ser dos.

El amor lo es todo. Pero no es amor de dos sólo.
Es amor de uno y de muchos.
Y yo tengo que encontrar ese amor.


Feliz San Valentin, preciosa.

13.2.09

Miusik.

Creo que los mejores momentos que compartimos tienen que ver con la música.
Todo el tiempo había música en nuestra vida.
Mientras cocinábamos, mientras estudiábamos, mientras yo leía y él trabajaba, mientras yo trabajaba entre sus cosas y él no estaba, mientras lo hacíamos, mientras viajábamos, mientras caminábamos.
De repente uno de los dos se ponía a tararear. Solía ser yo. Y el otro escuchaba, seguía el ritmo con los dedos, empezaba a tararear también o lo ignoraba.

Uno de los recuerdos más vívidos es de incluso antes de empezar.
Verano. Campo. Piscina. Rol.
Nosotros dos y una amiga, sentados fuera, esperando.
IPod nuevecito.
Los dos conectados a él, cantando a pleno pulmón.

Estar unidos por ese cablecito, sabiendo que estamos escuchando lo mismo, que nos hace sentir cosas muy parecidas...



Ahora mismo, el mayor compromiso que puedo asumir es compartir unos auriculares.

(¿Te apetece?)

11.2.09

Semana en piyama.

A veces, la vida hace que te tropieces con determinadas personas. Hoy, agradezco el haberme tropezado con una en particular.
Es incluso más pequeña que yo. "Menuda", es como la definiría, pero como ella acaba de descubrir el significado de esa palabra, es mejor decirle pequeña.
Solía tener pelo. Un pelo castaño precioso, con ondas, largo.
Nos disfrazábamos de duendecitos sin querer.
Hablábamos muy alto, y lo seguimos haciendo.
Tiene un lenguaje particular, muy particular, que de poco voy adoptando.
Entiende las imágenes que tengo en mi cabeza aunque no sepa expresarlas, y las expresa por mí. Describimos la misma escena de la misma manera, con los mismos colores, con la misma ropa, aunque sea una escena que nos estamos inventando en el momento.
Ella escribe y me maravilla con su dominio de los atajos, yo le dicto con el ritmo muy cuidado.
Nos emborrachamos y hablamos sobre sexo a los gritos en un bar lleno, y estando sobrias nos da vergüenza. Pero siempre volvemos al mismo bar: se está bien, y así no hacemos el ridículo en todos los bares, sólo en ese.
Me deja incluirme en su vida, cuando no tengo una vida propia acá.
Los lunes son día de contarnos los últimos cotilleos, anécdotas y cosas vergonzosas que nos pasaron durante el fin de semana.
Y ahora acá estamos, discutiendo los maravillosos ojos cambiantes de mi ex, o por qué cierta persona no me llama de una vez, si ya leyó el mensaje.
La adoro.

10.2.09

Marta.

Tu cara sigue empapelando las paredes,
mientras nosotros sabemos que ya no hay esperanza.

9.2.09

Aparecer/reaparecer.

Lograste que toda una comunidad reaparezca en mi mundo.
Una comunidad que nunca debió irse de ahí, porque es parte mía.
Sos un mago.

NO.

Miro por encima de tu hombro.
Te empujo.
Me alejo.
Me suelto.
Te bloqueo.
Te lo digo.
¿Qué parte de no no entendés?

Burden.

Ya no me persigue tu fantasma en bicicleta.
Me libré de tu energía-niebla.
Soy libre.
Y la ciudad vuelve a pertenecerme.

Late.

Creo que es la primera vez que me alegro de no haberme acostado con nadie en dos meses.
Me hace respirar cada día.
Porque de Virgen tengo poco.

Coincidencias.

Fue la primera vez en días que no hablé con él.
También fue la primera vez en días que me sentí sola.

7.2.09

Recuerdo ese día.
El despertador sonó y él, como siempre, ni se inmutó. Me levanté, me vestí, todo en silencio y a oscuras.
40 minutos de clase, y en el bus de vuelta.
La habitación a oscuras, él un bulto en la cama. Zapatillas fuera, pantalón fuera, jersey fuera, camiseta fuera, sujetador fuera.
Su cuerpo me recibe sin despertarse. Cálido, intimo, mío. Su mano en mi ombligo, rodillas contra rodillas, su respiración en mi nuca. Se remueve, se acerca, me acerca.
Y era nuestro nido. Y todo era cálido y suave.
Y el mundo era esa cama.

6.2.09

Lo único que me consuela es saber que en algún momento, durante determinada cantidad de tiempo, alguien soportó mi montaña rusa emocional.
No, el amor no es suficiente para aguantar mis idas y venidas, subidas y bajadas, llantos y risas.
Pero en algún momento habrá alguien.
Alguien.

Goodbye, my lover/Goodbye my friend.

Éramos dos estatuas de sal, clavadas en el suelo.
Fuerzas opuestas nos inclinaban hacia fuera y hacia dentro.
Quedarse, irse.
No susurres las palabras que no quiero oír.

4.2.09

3 years ago.

Era un santo.
Todo este tiempo después y en plena entrega de trabajos y exámenes, me doy cuenta de que era un santo.
Apagaba fuegos informáticos cada día. Me ayudaba a estudiar. Me explicaba cosas de óptica. Cocinaba para los dos. Soportaba mis quejas y chillidos. Me hacía masajes. Me aguantaba cuando sólo sabía gritar en pleno ataque de nervios, cuando no sabía qué había hecho mal para perder todo el trabajo, cuando me ponía insoportable por la falta de sueño y el estrés.
Ahora, cuando me duele el trapecio de la tensión, cuando no tengo a nadie que me resuelva los problemas como por arte de magia, cuando nadie me habla en voz baja para calmarme, ni me mira como se mira a una niña chica con un berrinche, me doy cuenta de que era un santo.
Y de que lo extraño.

Espiando parejas felices.

Me giro y ahí están.
Él duerme, y ella está apoyada sobre su hombro, agarrando su brazo.
Los une el cable del MP3. Es rosa.
Ella tiene la mirada perdida, la mente en otro sitio, pero no suelta su brazo.
Delante de ellos se ven los mangos de dos paraguas. Violeta y marrón clarito.
Al rato, él se despierta. Discuten en voz baja cosas que imagino misteriosas y cotidianas.

A veces me gustaría querer algo así.

1.2.09

Viajera.

Su olor... era como estar en casa.
El problema es descubrir si quiero estar en casa o salir de viaje.
Viajar por el mar, por las cervezas, por los besos furtivos en esquinas, por la espera que desespera, por la emoción de algo nuevo, por las noches en soledad, por los desconocidos transformados en conocidos, por un nuevo mundo por descubrir.

30.1.09

Sopesar es pesar y pesa.

Y ahora tengo lo posibilidad de volver atrás.
Volver atrás significa recuperar todo lo que perdí (lo que incluye lo malo).
Volver atrás significa perder todo lo que gané (lo que incluye algunas personas y relaciones geniales).

Ahora sólo me falta decidir con qué elección pierdo más.
O gano.
Pero llega un punto en el que ganar o perder da igual. Y este es ese punto.

29.1.09

Ramas sin tronco.

Deambular.
Sin ganas de cerrar los ojos por lo que pueda pasar.
Con ganas de liberar algún texto que tengo de rehén, pero que en el fondo quiero que siga siendo sólo mío, un recuerdo perfecto y bonito y navideño.
Y mañana, y mañana, y mañana...
Odio la cobertura que hace que la gente pierda palabras por el camino.
Odio los reproches que me hará por no haberlo llamado a él, cuando si no lo llamo es porque no tengo nada que decirle.
Y tampoco me gusta demasiado esta sensación de saber dónde me meto, porque sé cómo termina.
Tengo el cerebro medio frito, entre apuntes, horarios cambiados, muchas horas de pantalla...
Y ya no sé si resulto pesada o molesta, si quiere que pase a saludar, si me están echando.
Su voz... la misma que hace un año, la que me tranquilizaba y me alegraba, y que ahora me resulta tan familiar... aunque hace casi un año que no hablamos.
Y claro, doy vueltas y vueltas para no nombrar lo que quiero nombrar, para no nombrarlo porque se hace más real y más odioso y más inoportuno y más inconveniente, y porque lo transformo en algo que no es, en algo que no hay, en algo que no existe si sé (¿sabemos?) lo que nos conviene.
Esto se acaba, se acaba, se acaba.
Y vuelve a empezar.
Un cuatrimestre con más trabajos, con muchos más exámenes, con muchas clases, con aniversarios que se acercan, con viajes y encuentros, con novedades, con incertidumbres.
Y después un verano en el que no sé qué va a ser de mi vida.
Quiero irme. Lejos, muy lejos.
Lo más lejos posible. Alejarme de todo y poder empezar una vida nueva, con nuevas experiencias, nuevas personas, nuevos lugares.
Este verano no podré irme a Inglaterra.
Pero no pienso pasar TODO el verano en casa.
Quiero estar ahí y disfrutar de lo que me pierdo en el año. Pero vivir 2 meses en ese sitio opresivo, con las tardes eternas dando tumbos por mi casa, con los gritos y las discusiones, con los monólogos, con las mismas salidas, con las mismas caras de siempre, en los mismos sitios de siempre, con el mismo acento de siempre y los mismos problemas de siempre...
Quiero ver a mis amigos, disfrutar de ellos.
Pero no puedo seguir encerrada ahí.
Quiero hacer planes, pero dependo de otros y de mí misma. Y eso es lo peor que hay.
Depender de mí misma.
Porque probablemente me decepcione.
Me cuesta encauzar mi vida. Y cuando parece que lo hago de repente algo lo manda a la mierda. ¿Qué cuándo empezó esto? ¿Realmente hace falta buscar culpables?
Uno, otro, qué más da.
Pero la fragmentada es una y no ellos, y la dependiente es una y no ellos. Y el mundo es una y no ellos. Ya no.
Aunque hayan sido increíbles.
Pero no puedo definirme por ellos. No puedo seguir guardando esos recuerdos, mirar hacia atrás mientras sonrío y recuerdo risas y besos y caricias y mensajes, porque no.
Porque el mundo es nuevo y brillante y necesito crear cosas nuevas y brillantes.
Por eso estoy como estoy. Porque eso es nuevo y brillante y divertido. Y me gusta poder hacerlo.
Me gusta sentirme libre.
Libre.
Los veo a ellos y no puedo creer que estén así. Todo-el-tiempo-juntos. Desde que se levantan hasta que se acuestan. Incluso en la ducha. ¡En la ducha! Todos-los-días.
Supongo que todavía no estoy hecha para la estabilidad, para la permanencia, para la convivencia, para esa vivencia del pack 2x1.
Llamenme inmadura, cría, whatever.
Pero no puedo.
Me acostumbré tanto a los ausentes que no puedo.
De hecho, los busco ausentes. Viven lejos lejísimos, o no quieren compromiso, o nunca va a pasar nada por cuestión de respeto, o no sé.
No puedo con alguien que esté, que permanezca, que me abrace por las noches mientras grito y lloro.
Alguien que me apoye activamente.
Los adoro (a la mayoría). Pero ninguno (salvo el último) estuvo ahí cada día.

Tengo tanto que decir que prefiero estar callada. Porque no quiero... Últimamente estoy un poco más cauta. Demasiados cuchillos anónimos por esquivar, demasiados esquivé ya.
Y lo único que esto me hace preguntarme es quién soy. Dónde se unen todas las facetas, en qué punto.
Y creo que el punto son las 4 de la mañana.
Unificar lo que está disperso es tarea imposible. Intentar mostrar lo que está disperso también. Yo soy todas y todas son yo, pero el problema está en los grados. Porque la mezcla es lo que lo hace uno.

Hoteles, ascensores, montañas, películas, coches, supermercados, redacciones de periódicos, los Cullen, el mar. El mar a fogonazos, sin ningún sentido ni orden. El mar azul oscuro, y blanco y verde, y el ruido y el salitre. Extraño el olor a salitre. Es lo único que extraño de mis veranos de la infancia. Bueno, eso y no tener televisor. Jugar a las damas o al Mentiroso o a lo que sea con mi familia. Y tirarnos en el suelo con olor a bronceador y salitre, mientras alguien cocina y otro se ducha.
A veces tengo miedo de no volver a sentirme en casa como en esa casa. Mi familia... es difícil ser parte de ella. Sobretodo por la distancia, el frío, la humedad, el trabajo, los problemas, las quejas. Sin vacaciones eternamente.
Sin playa ni mar ni montaña ni risas ni abrazos ni besos.
Sin infancia, nunca más.
Sin poder construir la infancia de nadie.
Porque no sé cómo se hace. ¿Cómo hacés feliz a alguien? ¿Cómo le das la infancia perfecta?
¿Cómo encontrás a alguien con quien darle la infancia perfecta?

Me queda tanto camino que a veces quiero tirar la toalla y sentarme a esperar a que pasen los años debajo de algún árbol.
Y la gente parece tan adulta y tan entera, tan llena de proyectos y de ideas, tan en movimiento. Y yo no. Yo no soy adulta ni entera, y me quedo quieta quieta quieta.
Camuflaje. Si no me ven no pueden hacerme daño.
Si no uno las facetas, ¿cómo saber dónde golpearme?
Y lo peor es que no sé por qué.
No sé en qué parte me transformé en estos trozos de cristal (Maga e Iván Ferreiro) (me persiguen, juro que me persiguen), en estos fragmentos, en estas cosas que no sé ni cómo nombrar, esto que me impide dejarme conocer, que me impide ser una y una sola.
Y alguien dirá que eso es lo que me hace algo distinta, el no saber qué te vas a encontrar cada día. Pero yo estoy harta de no poder ser definida, de no poder presentarme con todo, sino que tener que ir adivinando cómo voy a ser con cada persona, que voy a potenciar, que voy a mostrar y qué voy a ocultar, y por ahora la mejor manera que encontré para ser lo más "una" posible es abrirle el blog, el fotolog, el tuenti, las ventanas del messenger, el teléfono y los cafés, y dejar que vaya adivinando cuál es mi composición. Y si después me lo puede decir, mejor.
Harta, harta de esta ciclotimia gilipollas, de este abrir y cerrar de ojos, de estas conversaciones conmigo misma donde no hago más que salir mal parada, de estos sueños con los Cullen y hoteles y el mar, el mar, el mar.
Y harta de que sean las 5 de la mañana y yo sólo pueda divagar en esto sin poder decir lo que de verdad quiero: que esto me confunde, que me hace sentir cosas que no debería y que sé que me estoy forzando a mi misma para sentirlas, para hacerme creer que estoy viva y lista para poder seguir, cuando mi cadáver ya empieza a apestar mi habitación, por las ventanas cerradas y las persianas bajas y las mantas y más mantas que me ocultan del mundo.
Porque la verdad es la siguiente: no sé qué coño hago.

28.1.09

Pop out.

No sé si es la satisfacción del deber cumplido, el placer de crear, la egolatría extrema o el simple amor por la edición, pero tengo una alegría en el cuerpo que no me lo creo.
Hoy di a luz un video-bebé.
Tras mucho sufrimiento, bastantes horas, estrés y problemas, finalmente está en mis manos. En mis ojos, mejor dicho.

Y estoy orgullosa de él. Tan orgullosa como una madre.
Porque lo hice sola, sin tener que discutir nada con nadie.
A pesar de que lo hice sola, sin poder discutir nada con nadie.
Con mis ideas y mi falta de ideas. Con mis errores y mis aciertos.
Y sé que en algún momento le empezaré a ver los fallos.
Pero ahora mismo estoy en plena luna de miel.
Y mi bebé sigue siendo mi bebé.

27.1.09

Meme III.

Normas del juego:

1. Crear un link de la persona que te ha indicado el meme.
2.
http://ecasper.blogspot.com/
3.Confesar 7 cosas extrañas/raras/diferentes sobre ti y tu personalidad en el blog.
4. Crear un link a 7 personas invitándolas a participar del meme.
5. Avisar a los 7 afortunados que han sido invitados por medio de un comentario.


Voy a saltarme los pasos 4 y 5. Quien quiera, que lo haga.

Ahí va:

1-A pesar del desorden reinante en mi habitación (y en mi vida en general), todo tiene que tener cierta simetría o me pongo nerviosa. De hecho, yo misma intento ser simétrica.
2-Como las cosas en orden. Especialmente lacasitos (los como por color) y gominolas (los como de más feos a más ricos). Por lo que, obviamente, no puedo comer en el cine, porque no veo XD
3-Antes de empezar a estudiar/un exámen/un trabajo, tengo que acomodar todo lo que está sobre la mesa. De mayor a menor, por colores, por formas, por practicidad, con algún tipo de sistema.
4-Soy capaz de contarte un capítulo de cualquier serie de tal manera que es como si lo hubieses visto. Recuerdo posiciones de cámara, escenarios, diálogos...
5-De hecho, todos reconocen mi gran memoria. Puedo recordar qué llevaba puesto determinado día hace 3 años, o que palabras exactas utilizó alguien en una conversación o dónde está cada cosa en mi habitación (así es como descubro cuando alguien estuvo dando vueltas ahí).
6-No puedo desayunar sin lavarme los dientes, o comer algo salado si ya comí algo dulce.
7-Al poner la @, en vez de apretar el AltGr con la mano derecha y el 2 con la izquierda, lo hago al revés.


Ahora que lo pienso, la mayoría de mis rarezas tienen que ver con el orden. Pero no, no tengo un Desorden Obsesivo Compulsivo. Creo ;)


Edito:
Acabo de descubrir otra rareza de mí: me dan pena las personas mayores que tienen problemas para caminar o los que andan con muleta, y si puedo nunca los adelanto para que no se sientan mal porque no pueden ir rápido como yo. Y si no puedo evitar adelantarlos, reduzco bastante la velocidad para que no tengan envidia de lo rápido que voy o no se sientan mal por haberme obstaculizado.

26.1.09

De cuando encontraba el equilibrio.

Y tenía 16 años, el pelo corto, las uñas negras y dos preciosas amigas que creaban un mundo para mí.

Sandylion.

(Play)

Está preciosa.
Durante medio segundo, shock, "¿quién es esa?", después reconozco la sonrisa franca, los ojos verdosos, la nariz recta, la frente ancha, el pelo ondulado, con el remolino de siempre, la cicatriz cerca de la cadera por su infarto de epiplón.
La recuerdo con 8 años, todo descontrol en el pelo y anteojos, blanca y alta.
Y la recuerdo con 13 años, vestida siempre de bordó, caminando a su casa para hacer un trabajo.
La recuerdo con 16 años, piel delicada, ojos verdes, alta y estilizada. Su risa, su sonrisa, su manera de ponerse el pelo detrás de la oreja, su voz, su manera de llamarme.
Nosotras en su casa, en su reino, viendo una peli, leyendo juntas, cocinando, haciendo algún trabajo (hasta las tantas transcribiendo una entrevista, imprimiendo por la mañana, el papel que se traba y nosotras llegamos tarde a clase), cantando, bailando. Ella jugando en la compu y yo tirada en su puf, con Shafik deambulando y algún libro entre las manos.
Hicimos miles de planes. Viajes, especialmente. Durante mucho tiempo fue a la que le pude contar casi todo, con la que me dedicaba a no hacer nada, con la que me sentía querida, con la que estaba cómoda en mi propia piel en esos años en los que no estaba cómoda en ningún sitio.
Y nos prestábamos ropa, nos quejábamos de nuestro peso, dormía en su habitación bajo los miles de muñecos, compartíamos gustos, nos acostábamos en silencio en la cama a mirar el techo, iba a su casa por la noche y no se sorprendía si me veía aparecer con una valija que encontraba en la calle.
Fuimos a casa de mi madrina, en Tandil, y recorrimos todas las sierras, campos, montes y parques de la zona, hasta que teníamos tanto calor que se nos hinchaban los dedos. Tomamos sol hasta achicharrarnos, nos hicimos fotos la una a la otra, dormimos juntas en el salón, compramos libros y los leímos, siempre se sacaba fotos en la naturaleza como si fuese la primera vez que estaba en ella. Jugábamos con los gatos, los perros y mi sobrino.
Le llevaba chocolate, libros y pañuelos cuando estaba enferma, hablábamos al menos una vez al día, comprendía mi parte creativa mejor que nadie, me regalaba dibujos por mi cumpleaños, nos entendíamos con una mirada.


Y la extraño.
Joder, cómo la extraño.

Extraño su sentido común, su manera de bailar, su ropa, el olor de su casa, sus movimientos, su sensibilidad.
Extraño esos años de amistad pura, de amor a la enésima potencia, de entrega.
La amaba.
Me amaba.
Nos amábamos.
Como nunca amé a nadie.
Porque la vi crecer, porque me vio crecer.
Porque era parte de lo que fui y de lo que soy.
Porque entre ella y Lau me equilibraban.
Porque se convirtió en una mujer increíble.
Y porque es ella.

25.1.09

Magneto.

Llevo años siendo tu abeja, zumbando a tu alrededor.
Llevo años queriendo serlo.
Y ahora de golpe, que estás al alcance de la mano, que sé que puedo tenerte, me doy cuenta de que nunca podré tenerte como quiero.
Buscaba algo para siempre. Un cuento de hadas versión moderno. Una vida en común que había imaginado perfectamente a los 17 años.
Pero eso en tu mundo no existe. Nunca existió. Ni creo que lo haga.
Así que voy a parar. Vas a dejar de ser mi núcleo, voy a dejar de hablar de vos como "el amor de mi vida", voy a dejar de imaginarme una vida que nunca tendremos.
Voy a disfrutar de las charlas eternas, los besos cuando nos apetezca, de los gustos comunes, de la comprensión, de tu amistad.
Pero voy a plantarme ahí. No voy a ir más allá, porque no.
Porque no puedo seguir condenándome al sufrimiento, no.

Quiero poder ser feliz sin vos. Quiero poder abrirme a otras personas. Quiero no pensar en vidas alternativas, sino estar conforme con la mía.

Sos mi perdición. No puedo evitar acercarme a vos. Todo en vos me llama, desde tu olor hasta tu cerebro.
Pero sí puedo prohibirte la entrada en mi imaginación.
Y eso es lo que necesito para empezar a liberarme de esta carga que yo misma creé.
Hay ciertas personas que me resultan atractivas.
No estoy hablando de algo físico, de hecho, no hago distinción entre sexos ni edades.
Simplemente son personas que por lo que sea, me llaman la atención.
Y los sigo a la salida del supermercado, o los miro fijamente en la biblioteca, o intento cruzármelos a propósito, o reviso sus blogs, fotologs y Tuenti.
Qué le voy a hacer, tengo alma de stalker.

24.1.09

Coincidencias.

Ana y yo perdimos la virginidad con el mismo chico.
No fue el primero ni el último de los ex de mis amigas/conocidas con el que estuve.
Y ella y yo siempre tuvimos gustos parecidos.

Hace un mes más o menos estábamos sentadas alrededor de una mesa con un grupo de personas, la mayoría amigos nuestros.
Alguien (un poco raro y semi-conocido nuestro) nos preguntó cuándo había sido nuestra primera vez.
Y al contestar, de repente nos quedamos calladas las dos durante unos minutos. Sabía que estábamos pensando las dos lo mismo.
Hasta ese momento no nos habíamos parado a pensar que había sido con el mismo. Nunca nos molestó, ni nos importó, ni nos lo imaginamos con la otra.
Pero durante unos minutos nos dimos cuenta de ese hecho, esa coincidencia.
Y el ambiente se enrareció.

23.1.09

Fact XII.

Como siga pasando tantas horas delante de una pantalla o encorvada sobre una mesa, voy a terminar peor que el jorobado de Notre Dame.

Lustro.

(Play)

Hace 5 años que estoy acá.

Dividida entre dos mundos, sientiéndome más parte de uno que del otro a medida que pasa el tiempo.
Desde el principio supe que no había marcha atrás. Y mientras conocía más y más gente y hacía más y más planes, supe que a partir de ahora este era mi lugar.
No me queda otra. No podría volver ni aunque quisiera. No soy parte de eso, ya no.
Y aunque forma parte de quien soy, de mi identidad, de mi manera de pensar, de mi manera de vivir la vida, no es parte de mi presente.
La distancia no se hizo más llevadera. Simplemente, dejé de pensar en ella. Pero cada día tengo 10 razones para querer estar ahí.
Desde que llegué, allá hubo nacimientos, muertes, relaciones, operaciones de cirugía estética, mudanzas, rupturas, viajes, cambios.
Desde que llegué, hubo relaciones, mudanzas, rupturas, viajes, crecimiento, cambios.

Maduré acá. Maduré al dejar todo. Al crear todo de nuevo. Al perder parte de lo que era (incluída mi capacidad para hablar en público). Al relacionarme con el sexo opuesto. Al romperme el corazón. Al conocer maneras tan distintas de pensar. Al acostarme con alguien por primera vez. Al irme a vivir sola. Al empezar mi propia vida. Al descubrir cómo navegar en estos mares.
Cambié.
Hace 5 años estaba llena de dudas, de temores, de anhelos, de inseguridad. Ahora tengo algunas dudas menos, algunas certezas más, algunos sueños y planes, menos inseguridad, más timidez.
Aprendí que la familia es lo único que siempre está, queramos o no.
Que no siempre se mantienen todas las amistades, pero que son ellas las que nos llevan de un cambio a otro y no dejan que caigamos en el camino.
Que amar es algo que debemos hacer, sin importar las consecuencias, dejando que nos cambie cada vez.
Que abarcarlo todo es imposible, y es preferible ir poco a poco, poco a poco.

En los últimos 5 años conocí personas maravillosas, otras que no tanto. Viví noches de locura, de pasión, de risas, de llanto. Viajé, sola o acompañada. Me volví más dueña de mí misma. Senté las bases para lo que seré.
Porque esto, señores, no se ha acabado.

22.1.09

Siestas.

Persianas bajas, oscuridad y calor debajo de las mantas.
Conversaciones ficticias, palabras reales.
Intento despertarme pero no lo suficiente.
Y entonces lo siento. Sale desde el fondo de mi mente somnolienta, se instala en mis dedos.
Lo dejo crecer dentro de mí, mientras caigo en la inconsciencia y vuelvo a salir.
Navego entre la bruma hasta que encuentro el botón y me dejo ir.
Crece, crece, crece, crece hasta que ya no tiene hacia dónde crecer. Se pierde, se desvanece, no prospera.
Revivo, de a poco, sintiendo hormigueos, dándome cuenta de que ya estoy despierta y la vida real me espera.

Meme II

Nominada por Nullien.

Defínete en 6 palabras:

*Directa.
*Adaptable.
*Dual.
*Explosión.
*Reconcentrada.
*Pasional.

Nomino a Mei, Chica del Tren, Lars von Trier y Manu.

19.1.09

¿Verán a una chicamujer de pelo infinito?
¿Repararán en que va con la cabeza alta?
¿Se extrañarán de que sonría de golpe sin motivo aparente?
¿La verán murmurar y cabrearse y de repente estar a punto de llorar?
¿Se sorprenderán de que se sorprenda por todo?
¿O simplemente pasarán al lado suyo pero sin rozarla, decididos a ignorar la ebullición que hay dentro de ella?

¿Cómo me ven los que me ven?

¿Cuándo?

¿Cuándo me convertí en esa persona patética que se sienta al lado de un desconocido con tal de no ver una película sola?

16.1.09

Boys and girls.

Vivo con un chico.
Tras tres años negándome, vivo con un chico.
Un chico que no se va, que no puede irse, porque no es mío.
Vivo con el novio de mi compañera de piso.
Y es un encanto, de verdad. Es gracioso, atento, ayuda en la casa, abre los botes con la tapa dura, baja las cosas que están altas, se encarga de ciertas tareas como cerrar la puerta por las noches, es caballeroso, me presta su portátil, nos resuelve dudas, se ofrece a hacer un montón de cosas.
Pero es un chico.
Es un chico. Masculino. Hombre.
Por lo que no puedo salir de mi habitación a medio vestir para buscar nada que esté fuera.
Tengo que controlar la transparencia de mis piyamas.
Me siento incómoda si estoy en albornoz delante de él (no por él, sino por su novia).
Es un chico. Masculino. Hombre.
Es un chico que nos escucha hablar sobre otros chicos, sobre su atractivo, sobre cosas que los hombres no nos deberían escuchar hablar.
Es un chico que siempre siento que está de visita, que en el fondo espero que se vaya algún día, un chico delante del cual no estoy nunca del todo cómoda.
Es un chico que se está transformando en chica a cada paso.
Es un chicochica en potencia.
Y no sé qué pienso al respecto.

14.1.09

Baggage.

Bajé del autobus, crucé el puente, opresión en el pecho, mirando para todos lados.
Entré en la tienda, di vueltas, sonreí. Elegí una caja pequeña, verde manzana, con cuadros blancos.
Subí al autobus.
Caminé.
Ascensor.
Saqué la caja de la bolsa, le saqué el precio, la abrí.
Postales, nota, pistas de la ginkana, tortuga de cristal, muñeca descabezada, collar en su bolsita, vela de mi cumpleaños, plano de los Reales Alcázares, nariz de payaso, pinza mágica, almizcle, entrada de Just another love story, caracolitos (3).
Todo él de mi habitación en una caja en mi armario.
¿Por qué no me siento libre?
¿Por qué sigo con esa carga?
¿Por qué quiero llorar?
¿Por qué no puedo?

12.1.09

In the cold cold night.

Nunca tuve miedo de la noche.
Nunca me dio miedo la oscuridad.
Nunca me molestaron las lucecitas pequeñas de los aparatos.
Pero ahora todo eso me aterra.
Doy vueltas y escucho toses al otro lado de la pared. Toses agónicas y dolorosas. Y yo me retuerzo y no puedo no no no no.
Si no estoy lo suficientemente anestesiada no puedo dormir. Nada me anestesia el tiempo suficiente como para hacerlo.
Y así es como veo pasar los minutos en mi reloj interno, como deseo que haya alguien, quien sea, despierto a las 3 de la mañana, alguien que decida llamarme y me haga compañía para olvidar lo que quiero olvidar, para recordarme lo que ya sé, para arrullarme hasta que me duerma.
Nunca tuve miedo de la noche.
Y ahora tampoco.
Ahora lo que me da miedo soy yo.

En la nada, en la nada, en la más absoluta nada.

Y si esto parece un remolino será porque es un remolino.

10.1.09

Etimologías.

Me van a permitir una pequeña reflexión sobre el título del post anterior.
Mi casa.
Últimamente tengo que hacer tantas distinciones sobre cuál es mi casa y cuál es mi casa también...
Supongo que técnicamente tengro tres casas: Fedra, Delgado Valhondo y Beauchef (pronunciese /beauchef/ o /boshef/).
Y en la realidad también.
El concepto "casa" implica lugar físico donde quiero vivir y/o vivo, donde viven mis seres queridos y donde me permito ser yo (lo que incluye gafas, piyama y varias cosas más que no haría/me pondría en público).
Casa... casa es todo lo que me rodea, supongo. Es donde elegí vivir y donde eligieron por mí. Es sentirme yo en algún lugar.
"Home is where your heart is", dicen. Pero ya no sé dónde está mi corazón. Supongo que es más fácil saber dónde no está.
Así que si intentase delimitar cuál es mi casa, sería más fácil empezar por cuál no es mi casa.
Porque tengo el corazón con tantos puntos cardinales que a veces me mareo.

De las miserias de vivir lejos de casa.

Leyendo un post viejo de acá me di cuenta de ciertas cosas sobre Argentina que extraño y que no sabía que extrañaba.
Como los piropos. Pero piropos de verdad. De los de no saber si sonrojarte, putearlos o agradecerles con una sonrisa de princesa (era una adolescente huraña; desarrollé la habilidad de hacer fuck you mientras me alejaba, de una manera tan sutil que parecía casi delicada). Piropos guarangos. Oh, y la palabra "guarango". No hay ninguna que signifique exactamente lo mismo acá. Oh, guarango...
Y los sandwiches de miga. De verdad, no entiendo como acá no hay. Y como a mi abuela le gustaban de zanahoria y huevo duro, cuando los mejores son, sin duda, los de huevo duro y jamón crudo.
Los alfajores de los kioskos. Milka de mousse, de tres pisos, blancos, negros, con almendra por encima, rellenos de fruta, de dulce de leche, de chocolate... Todas las golosinas en general. Amo las gominolas, pero la oferta de cosas chocolatosas es limitada, casi nula.
Reconocer los acentos. Saber si la persona era de Córdoba, de Mendoza o de Rosario. Acá todo me suena más o menos igual. Distingo el punto cardinal y mucho es.
Y las garrapiñadas. Daría lo que fuera por un paquetito de garrapiñadas calentitas ahora mismo.

Pero lo que más extraño, sin ningun tipo de duda, es entenderlo todo. Nada de preguntas, nada de sentirme excluída de un grupo, nada de dudas, nada de sacar cosas por contexto. Entender absoluta y completamente todo.

Videodome.

Los recuerdos no son imágenes en movimiento.
No sonríen, ni saltan, ni se giran, ni te hacen reír.
Son recuerdos, fijos.
Así que si están en proceso de recuperación, un consejo: no vean videos de él siendo él. Podría mandarlo todo a la mierda.

8.1.09

Goodbye, farewell.

Decoré mi habitación para vos. La cama es el centro de ella. Nuestra cama, nuestro mundo, nuestro núcleo.
Me acompañaste a buscar compañera de piso, y estuviste ahí para que la última de ellas pudiese firmar el contrato.
Me cocinaste cuando a mí no me apetecía, y aprendiste a cocinar para mí.
Me pasaste a buscar mil veces por la facultad, por casa, por Plaza de Armas, para irnos a caminar, al río, a un bar, a ver a alguien, a cenar.
Me sonreías y todo daba igual.
Soportaste mis golpes y mi llanto cuando el mundo se me vino encima y decidí que la enfermedad no es justa.
Me secaste las lágrimas que vos mismo provocabas.
Me destapabas por las noches y eso me volvía loca.
Me asfixiabas y tenía que pedirte llorando que me dieses espacio, que me estabas matando.
Dejé que colonizaras mi habitación y mi casa: piyama, pantuflas, cepillo de dientes, películas.
Te empeñabas en ir a comprar conmigo aunque no lo necesitase, sólo para poder acosarme en el ascensor.
Eras mi amigo y mi amante, mi compañero de piso y mi compañero intelectual.
Tu cuerpo siempre estaba caliente, y tu mano tenía la forma perfecta para sostener la mía.
De repente no entendías algo o simplemente no preguntabas, y parecía como si el mundo se fuese a acabar.
Me mandabas los mensajes más bonitos del mundo, y sonreía al despertarme y verlos.
Creamos nuestro mundo en muy poco tiempo.
Me prestabas a tus amigos y casi casi parecía que los conocía de toda la vida.
Me organizaste un cumpleaños sorpresa que me hizo terriblemente feliz.
Dejaste todo y viniste a Londres por mí.
Te encantaban las estrellas rojas.
Me convertías las pesetas en euros porque sabías que no lo entendía.
Me regalaste miles de cosas bonitas que todavía están en mi habitación y que no creo tener el valor para guardar.
Lloraste.
Me cuidabas a la distancia.
Besabas todos los días mi marquita de la espalda.
Entendías ciertas cosas de mí que nadie más entiende. Como por qué siento que me tocás cuando no lo estás haciendo.

Pero creo que ya es hora de dejar de sentirme culpable y admitirme que intentamos arreglarlo muchas veces, y que no se pudo.
Es momento de dejar de castigarme y dejar que todo siga su curso, sea cual sea.

Siempre vas a ser SM para mí.

7.1.09

Cajita.

Podría hablar de piel, de ojos, de risas, de palabras, de músculos, de contornos, de suavidad, de aromas, de tacto, de labios, de respiración, de pestañas, de marcas, de dedos, de tensión.
Podría.
Pero, por una vez, eso es todo mío.