Eso es amor.
Eso es paz.
Flotar en una piscina, unidas por un flotador naranja, divagando sobre la vida y sobre el amor, espantando avispas, buscando el sol.
18.7.10
14.7.10
Mind-eraser.
Hoy recordé lo divertido que es el sexo estando borrachos.
Las lagunas mentales, el hablar de más, las luces demasiado brillantes, los movimientos ralentizados y acelerados alternativamente, el tacto surrealista de su piel, las decisiones apresuradas, el no saber qué hacés pero darte cuenta de que está bien hecho, las órdenes, no medir la fuerza, terminar atada y rota, reírse de cosas de las que nos vamos a arrepentir al día siguiente. Pero sobretodo, caer en la inconsciencia más profunda al terminar, y despertarte abrazada a él en cualquier postura, intentando recordar si finalmente le dijiste que querías casarte con él ahora o lograste contenerte, pensando en la corbata rota y en lo mucho que querés repetirlo todo de nuevo.
Las lagunas mentales, el hablar de más, las luces demasiado brillantes, los movimientos ralentizados y acelerados alternativamente, el tacto surrealista de su piel, las decisiones apresuradas, el no saber qué hacés pero darte cuenta de que está bien hecho, las órdenes, no medir la fuerza, terminar atada y rota, reírse de cosas de las que nos vamos a arrepentir al día siguiente. Pero sobretodo, caer en la inconsciencia más profunda al terminar, y despertarte abrazada a él en cualquier postura, intentando recordar si finalmente le dijiste que querías casarte con él ahora o lograste contenerte, pensando en la corbata rota y en lo mucho que querés repetirlo todo de nuevo.
9.7.10
Simple.
Pasamos nuestro último día juntos.
Vimos series, nos reímos, fuimos al cine, caminamos de la mano, compramos la última tarrina de helado de chocolate de todo el supermercado, nos dimos sorpresas mutuamente, nos besamos, nos dormimos tarde, muy tarde, abrazados y hablando.
Y hoy lloré cuando me subía al autobús. A pesar de volver a verlo en un mes y medio.
Nunca me pasó de despedirme por tan poco tiempo (dentro de lo mucho que en realidad es).
Mis despedidas suelen ser hacia el infinito, sin fecha fija, sin límite.
Pero ya no dormiré con él pegado a mi espalda, ya no compartiré mi helado con nadie, ya no discutiremos sobre a quién le toca decidir.
Nuestra vida se acabó, aunque dentro de un mes y medio vuelva a ser su invitada, vuelva a quejarme de su termo que funciona raro y de su internet robado.
Supongo que todo se resume en dos palabras:
Lo quiero.
Y no, sé que no es para siempre.
Pero a los 22 años no busco un "para siempre", busco un "hasta que dure".
Vimos series, nos reímos, fuimos al cine, caminamos de la mano, compramos la última tarrina de helado de chocolate de todo el supermercado, nos dimos sorpresas mutuamente, nos besamos, nos dormimos tarde, muy tarde, abrazados y hablando.
Y hoy lloré cuando me subía al autobús. A pesar de volver a verlo en un mes y medio.
Nunca me pasó de despedirme por tan poco tiempo (dentro de lo mucho que en realidad es).
Mis despedidas suelen ser hacia el infinito, sin fecha fija, sin límite.
Pero ya no dormiré con él pegado a mi espalda, ya no compartiré mi helado con nadie, ya no discutiremos sobre a quién le toca decidir.
Nuestra vida se acabó, aunque dentro de un mes y medio vuelva a ser su invitada, vuelva a quejarme de su termo que funciona raro y de su internet robado.
Supongo que todo se resume en dos palabras:
Lo quiero.
Y no, sé que no es para siempre.
Pero a los 22 años no busco un "para siempre", busco un "hasta que dure".
2.7.10
Hecho.
Soy escritora.
No lo soy por tener un alias rimbombante.
No lo soy por creerme escritora.
No lo soy por decirlo a los cuatro vientos.
Nadie hace documentales sobre mí.
No me pagan.
Nadie me publica.
Pero soy escritora.
Soy escritora porque necesito escribir.
Porque me expreso mejor con palabras.
Porque pienso en palabras.
Porque nunca deseé otra cosa.
Porque vivo de esto.
Simplemente, porque lo amo.
No lo soy por tener un alias rimbombante.
No lo soy por creerme escritora.
No lo soy por decirlo a los cuatro vientos.
Nadie hace documentales sobre mí.
No me pagan.
Nadie me publica.
Pero soy escritora.
Soy escritora porque necesito escribir.
Porque me expreso mejor con palabras.
Porque pienso en palabras.
Porque nunca deseé otra cosa.
Porque vivo de esto.
Simplemente, porque lo amo.
29.6.10
22.6.10
El principio del fin.
Soñar con tiempos felices y risas con una persona, despertarte a su lado y que todo siga igual.
Podemos retrasarlo, pero no frenarlo.
Podemos retrasarlo, pero no frenarlo.
Un año más, toca mudanza.
Quitar las fotos de las paredes, descolgar los objetos, revisar que quiero y que no, que voy a necesitar en verano y que se puede quedar acá, meter todo en cajas, recordando en que caja va que, despedirme de los lugares, de las personas, de las paredes que fueron mi hogar durante nueve meses.
Salvo que esta vez es diferente.
Es la última mudanza que hago así.
La próxima vez que haga esto, voy a estar diciéndole adiós a esta ciudad, a esta etapa y a este modo de vida para siempre.
Y eso da mucho, mucho miedo.
Quitar las fotos de las paredes, descolgar los objetos, revisar que quiero y que no, que voy a necesitar en verano y que se puede quedar acá, meter todo en cajas, recordando en que caja va que, despedirme de los lugares, de las personas, de las paredes que fueron mi hogar durante nueve meses.
Salvo que esta vez es diferente.
Es la última mudanza que hago así.
La próxima vez que haga esto, voy a estar diciéndole adiós a esta ciudad, a esta etapa y a este modo de vida para siempre.
Y eso da mucho, mucho miedo.
20.6.10
El primo.
Hace más de un año, tuve el mejor polvo de una noche de mi vida.
Quedamos, hablamos, tomamos algo, me regaló un CD, vino a mi piso.
Nos besamos, nos acariciamos, nos reímos, hablamos.
Dormimos abrazados, y al despertarme me dijo que de madrugada había querido escribir sobre mi espalda pero no había encontrado un boli y después se le había olvidado lo que quería escribir.
Hicimos el amor.
Tenía la polla más perfecta y preciosa que había visto nunca.
Se despidió, llevándose su bicicleta, sus sonrisas con los ojos y su olor. Y un libro que le presté y todavía no me devolvió.
Me dejó con un "ha sido demasiado divertido y bonito estar contigo" y no volví a saber de él.
Todavía recuerdo el tacto de su piel y nuestro primer beso furtivo en Nochevieja.
De regalo, me dejó debajo de la almohada un condón que no puedo usar con nadie más.
Eso estaba ahí, y nunca sucedió. Podía haber sido algo más, pero no lo fue.
Y mejor así: prefiero que él sea mi mejor historia de una noche, precisamente porque me hubiese gustado que sea nada más que una noche.
Quedamos, hablamos, tomamos algo, me regaló un CD, vino a mi piso.
Nos besamos, nos acariciamos, nos reímos, hablamos.
Dormimos abrazados, y al despertarme me dijo que de madrugada había querido escribir sobre mi espalda pero no había encontrado un boli y después se le había olvidado lo que quería escribir.
Hicimos el amor.
Tenía la polla más perfecta y preciosa que había visto nunca.
Se despidió, llevándose su bicicleta, sus sonrisas con los ojos y su olor. Y un libro que le presté y todavía no me devolvió.
Me dejó con un "ha sido demasiado divertido y bonito estar contigo" y no volví a saber de él.
Todavía recuerdo el tacto de su piel y nuestro primer beso furtivo en Nochevieja.
De regalo, me dejó debajo de la almohada un condón que no puedo usar con nadie más.
Eso estaba ahí, y nunca sucedió. Podía haber sido algo más, pero no lo fue.
Y mejor así: prefiero que él sea mi mejor historia de una noche, precisamente porque me hubiese gustado que sea nada más que una noche.
12.6.10
Duermeme.
Me acostumbré a eso.
Dormir de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, encoger las rodillas, recibir besos en el hombro, cerrar los ojos, perderme en la inconsciencia, despertarme a medias cada vez que te movés, despertarme del todo cuando suena la canción elegida para ese día, volver a la cama donde vos no te moviste (o sí, pero no mucho), poner otro despertador, darte un beso, ponerme de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, estirar las rodillas, esta vez no hay beso, caricias en las manos, cerrar los ojos, apretarme contra vos, volverme a dormir.
Y esta noche no estarás y mañana tampoco.
Y dentro de un mes esto será lo que tendré, una cama vacía con un hueco detrás de mi espalda, y mover la boca para recibir un beso que nunca llegará cada vez que esté medio dormida.
Dormir de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, encoger las rodillas, recibir besos en el hombro, cerrar los ojos, perderme en la inconsciencia, despertarme a medias cada vez que te movés, despertarme del todo cuando suena la canción elegida para ese día, volver a la cama donde vos no te moviste (o sí, pero no mucho), poner otro despertador, darte un beso, ponerme de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, estirar las rodillas, esta vez no hay beso, caricias en las manos, cerrar los ojos, apretarme contra vos, volverme a dormir.
Y esta noche no estarás y mañana tampoco.
Y dentro de un mes esto será lo que tendré, una cama vacía con un hueco detrás de mi espalda, y mover la boca para recibir un beso que nunca llegará cada vez que esté medio dormida.
3.6.10
Reboot.
Una vez más las paredes se cierran a mi alrededor.
Y es raro, porque la ventana está abierta, corre un viento capaz de despejar las ideas más oscuras, ayer fui al cine (y lo disfruté), hoy amanecí acompañada y feliz.
Pero en algún momento algo se torció.
Será el dormir más de la cuenta, el programa de edición que no funciona como debería, el seguir con un ordenador ajeno y sentirme culpable por ello, el tiempo que se me echa encima, la casa vacía, la luz que se extingue, mi caos de vida, el verano que se acerca amenazante, la regla que no me viene todavía, la falta de cosas que me motiven, las ganas de crear que no puedo escuchar.
Quiero salir corriendo.
Correr por el río, hacia la Giralda, que me abracen brazos que hace mucho que no lo hacen, caminar hasta que las piernas me duelan, comer chocolate a las tres de la mañana en un banco cualquiera, volver a casa con miedo, hablar con amigos, escuchar música mientras camino rápido y reflexiono sobre lápices labiales o si teñirme de nuevo o no.
Salir corriendo y alejarme de mí, que hace un tiempo que no soy yo, y ver si así consigo -finalmente- el equilibrio que se me escapa, eso que hace dos días pensaba que tenía, esa fuerza que algo misterioso me había dado.
Salir corriendo y extinguirme y volver a renacer. Nacer y renacer y volver a renacer.
Y es raro, porque la ventana está abierta, corre un viento capaz de despejar las ideas más oscuras, ayer fui al cine (y lo disfruté), hoy amanecí acompañada y feliz.
Pero en algún momento algo se torció.
Será el dormir más de la cuenta, el programa de edición que no funciona como debería, el seguir con un ordenador ajeno y sentirme culpable por ello, el tiempo que se me echa encima, la casa vacía, la luz que se extingue, mi caos de vida, el verano que se acerca amenazante, la regla que no me viene todavía, la falta de cosas que me motiven, las ganas de crear que no puedo escuchar.
Quiero salir corriendo.
Correr por el río, hacia la Giralda, que me abracen brazos que hace mucho que no lo hacen, caminar hasta que las piernas me duelan, comer chocolate a las tres de la mañana en un banco cualquiera, volver a casa con miedo, hablar con amigos, escuchar música mientras camino rápido y reflexiono sobre lápices labiales o si teñirme de nuevo o no.
Salir corriendo y alejarme de mí, que hace un tiempo que no soy yo, y ver si así consigo -finalmente- el equilibrio que se me escapa, eso que hace dos días pensaba que tenía, esa fuerza que algo misterioso me había dado.
Salir corriendo y extinguirme y volver a renacer. Nacer y renacer y volver a renacer.
26.5.10
Cada vez que veo la luna llena a través de la ventana de esta habitación,
recuerdo la primera noche que no dormí con vos en mi cama,
en nuestra cama,
ocho meses atrás.
Cada vez que veo la luna llena a través de la ventana de esta habitación,
recuerdo mis lágrimas y mi llanto desgarrado por no tenerte,
y me siento sola,
más sola aún.
recuerdo la primera noche que no dormí con vos en mi cama,
en nuestra cama,
ocho meses atrás.
Cada vez que veo la luna llena a través de la ventana de esta habitación,
recuerdo mis lágrimas y mi llanto desgarrado por no tenerte,
y me siento sola,
más sola aún.
11.5.10
5.5.10
Small.
"En fin"
"Serafín"
"¡No vuelvas a nombrar a otro hombre mientras estás en la cama conmigo!"
"¿Cómo sabés que estoy en la cama?"
"Preciosa, te conozco lo suficiente como para saber que estás en la cama..."
"Vaaaaaale, estoy en la cama..."
"Serafín"
"¡No vuelvas a nombrar a otro hombre mientras estás en la cama conmigo!"
"¿Cómo sabés que estoy en la cama?"
"Preciosa, te conozco lo suficiente como para saber que estás en la cama..."
"Vaaaaaale, estoy en la cama..."
Gracias.
Y cuando mi mundo se derrumba, él sigue estando ahí.
Y me dice "No llores, que ya estoy aquí". Y así es. Está aunque no esté, está aunque lleve meses sin estar.
Y aunque daría lo que fuera porque pudiese abrazarme, aprendí a amar sus abrazos metafóricos, la manera en la que su voz me acaricia la cabeza y sus palabras me sostienen hasta que me calmo.
Y sé que ahí está él, la persona que cree en mí aunque yo no lo haga, el que ve lo que puedo dar y me empuja a darlo, el que me quiere feliz y entera.
Y quién sabe. Quizás visite su habitación con mar. Quizás podamos recordar juntos el día que llevaba plumas en la cabeza y comimos solos y nos tiramos en el suelo de la plaza del Ayuntamiento y nos gritamos y nos llovió encima y lo quise mucho mucho mucho. O quizás lo tenga para siempre ahí, justo del otro lado, listo para acariciarme sin tocarme y besarme sin hablar.
Y me dice "No llores, que ya estoy aquí". Y así es. Está aunque no esté, está aunque lleve meses sin estar.
Y aunque daría lo que fuera porque pudiese abrazarme, aprendí a amar sus abrazos metafóricos, la manera en la que su voz me acaricia la cabeza y sus palabras me sostienen hasta que me calmo.
Y sé que ahí está él, la persona que cree en mí aunque yo no lo haga, el que ve lo que puedo dar y me empuja a darlo, el que me quiere feliz y entera.
Y quién sabe. Quizás visite su habitación con mar. Quizás podamos recordar juntos el día que llevaba plumas en la cabeza y comimos solos y nos tiramos en el suelo de la plaza del Ayuntamiento y nos gritamos y nos llovió encima y lo quise mucho mucho mucho. O quizás lo tenga para siempre ahí, justo del otro lado, listo para acariciarme sin tocarme y besarme sin hablar.
2.5.10
27.4.10
Nos despertamos. Son las once de la mañana de un domingo cualquiera. El sol tiñe mi habitación de naranja, o quizás es el reflejo de la luz en mis sábanas.
Dormidos todavía, nos besamos. Nos vamos despertando mutuamente, lentamente, porque es domingo y por primera vez en muchísimo tiempo, nadie nos espera a ninguna hora.
Damos vueltas y vueltas, hablamos y nos reímos, y el mundo puede desaparecer que no nos enteraremos.
De a poco volvemos a dormirnos, porque no hay nada mejor que hacer, nada más que nosotros y la cama y mi habitación.
Dormimos entrelazados, hasta que tengo demasiado calor y me giro. Él se gira conmigo, y cuando retiro el pelo de la almohada para que no le moleste me da besos en la espalda y la nuca, y yo estoy segura de que sigue dormido.
Nos volvemos a despertar, y esta vez son casi las cuatro y nos repetimos que nos tenemos que levantar, que ya es hora, que tenemos que comer, pero la cama y nuestros cuerpos nos lo impiden y ahí seguimos, enredados.
A veces perder el tiempo es la mejor manera de ganarlo.
Dormidos todavía, nos besamos. Nos vamos despertando mutuamente, lentamente, porque es domingo y por primera vez en muchísimo tiempo, nadie nos espera a ninguna hora.
Damos vueltas y vueltas, hablamos y nos reímos, y el mundo puede desaparecer que no nos enteraremos.
De a poco volvemos a dormirnos, porque no hay nada mejor que hacer, nada más que nosotros y la cama y mi habitación.
Dormimos entrelazados, hasta que tengo demasiado calor y me giro. Él se gira conmigo, y cuando retiro el pelo de la almohada para que no le moleste me da besos en la espalda y la nuca, y yo estoy segura de que sigue dormido.
Nos volvemos a despertar, y esta vez son casi las cuatro y nos repetimos que nos tenemos que levantar, que ya es hora, que tenemos que comer, pero la cama y nuestros cuerpos nos lo impiden y ahí seguimos, enredados.
A veces perder el tiempo es la mejor manera de ganarlo.
Cortometraje.
Expectación.
Esa es la palabra.
Como antes de una boda, de mi graduación, de Selectividad, de mi primer día de clases en la Universidad.
Es el sentir todas las células electrizadas, esa imposibilidad de dormir y el forzarte a dormir la siesta, el tener muchas cosas y muy poco tiempo, el repasar la lista mental de cosas que llevar una y otra vez, el organizar todo compulsivamente, en carpetas, por colores, por orden de importancia y marcados con post its.
Saber que mañana empieza todo.
Porque por esto sí que es el primer día del resto de mi vida.
Esa es la palabra.
Como antes de una boda, de mi graduación, de Selectividad, de mi primer día de clases en la Universidad.
Es el sentir todas las células electrizadas, esa imposibilidad de dormir y el forzarte a dormir la siesta, el tener muchas cosas y muy poco tiempo, el repasar la lista mental de cosas que llevar una y otra vez, el organizar todo compulsivamente, en carpetas, por colores, por orden de importancia y marcados con post its.
Saber que mañana empieza todo.
Porque por esto sí que es el primer día del resto de mi vida.
23.4.10
"Me pasan cosas"
Ya no tenemos ese amor.
A los trece años, el tiempo se detuvo durante tres minutos cuando el chico del que estaba enamoradísima me preguntó si quería ser su novia.
Estuve ahí, parada en un semáforo, durante tres minutos mientras el semáforo cortaba y volvía a abrir, y la gente pasaba a mi alrededor sin rozarme, sin mirarme, como se hace en las grandes ciudades con el que hace algo fuera de lo normal.
El tiempo se detuvo y mi cuerpo se descontroló. Veía borroso, el corazón me latía a mil y estoy casi segura de no respirar demasiado durante ese tiempo.
Dos años después, el fenómeno se repetía. El día de mi graduación del IVA. Salía de la sala dónde estábamos ensayando nuestra perfomance "de graduación" y entre la marea de gente lo vi en medio del patio. Acababa de llegar. 250 personas y lo miré a los ojos, me miró a los ojos y de repente todo tuvo sentido: que sea el día de mi graduación y el último día que pisaba el sitio que me hizo ser quién soy, que no lo iba a ver más, que le fuese a dejar mi cactus para mudarme a 13.000 km. Éramos él y yo, y el mundo había enmudecido.
Ya no tenemos ese amor.
Ya no hay mariposas en el estómago, ya no se detiene el tiempo, ya no me mareo al mirar al otro a los ojos.
Aprendí a relajarme.
Me endurecí.
¿Me endurecí?
Tras tantos amores y romances fallidos, sé que va a salir mal incluso antes de empezar. Ya no tengo esperanza apenas conozco a alguien, ya no me enamoro total y completamente antes incluso de conocerlo bien.
Maduré, supongo.
Ese amor adolescente desapareció, y fue reemplazado por un sentimiento más calmado, más suave. Menos divertido.
Ahora todo va más rápido, es menos platónico y más físico, y no suelo pasarme meses mirándolo a la distancia.
No digo que no sienta cosquilleos cuando conozco a alguien que me gusta, o que no se me ponga cara de tonta, ni sonría al teléfono cuando hablo con un él.
Pero ya no es igual. Ya no es igual y me gustaría que lo fuese.
Enamorarme hasta las trancas, hasta las cejas, con cada célula de mi cuerpo, con una necesidad física e imperiosa de tocarlo, de mirarlo.
A los trece años, el tiempo se detuvo durante tres minutos cuando el chico del que estaba enamoradísima me preguntó si quería ser su novia.
Estuve ahí, parada en un semáforo, durante tres minutos mientras el semáforo cortaba y volvía a abrir, y la gente pasaba a mi alrededor sin rozarme, sin mirarme, como se hace en las grandes ciudades con el que hace algo fuera de lo normal.
El tiempo se detuvo y mi cuerpo se descontroló. Veía borroso, el corazón me latía a mil y estoy casi segura de no respirar demasiado durante ese tiempo.
Dos años después, el fenómeno se repetía. El día de mi graduación del IVA. Salía de la sala dónde estábamos ensayando nuestra perfomance "de graduación" y entre la marea de gente lo vi en medio del patio. Acababa de llegar. 250 personas y lo miré a los ojos, me miró a los ojos y de repente todo tuvo sentido: que sea el día de mi graduación y el último día que pisaba el sitio que me hizo ser quién soy, que no lo iba a ver más, que le fuese a dejar mi cactus para mudarme a 13.000 km. Éramos él y yo, y el mundo había enmudecido.
Ya no tenemos ese amor.
Ya no hay mariposas en el estómago, ya no se detiene el tiempo, ya no me mareo al mirar al otro a los ojos.
Aprendí a relajarme.
Me endurecí.
¿Me endurecí?
Tras tantos amores y romances fallidos, sé que va a salir mal incluso antes de empezar. Ya no tengo esperanza apenas conozco a alguien, ya no me enamoro total y completamente antes incluso de conocerlo bien.
Maduré, supongo.
Ese amor adolescente desapareció, y fue reemplazado por un sentimiento más calmado, más suave. Menos divertido.
Ahora todo va más rápido, es menos platónico y más físico, y no suelo pasarme meses mirándolo a la distancia.
No digo que no sienta cosquilleos cuando conozco a alguien que me gusta, o que no se me ponga cara de tonta, ni sonría al teléfono cuando hablo con un él.
Pero ya no es igual. Ya no es igual y me gustaría que lo fuese.
Enamorarme hasta las trancas, hasta las cejas, con cada célula de mi cuerpo, con una necesidad física e imperiosa de tocarlo, de mirarlo.
19.4.10
'Save the cheerleader, save the World'
Voy juntando pedacitos, trozos de él y míos, y los uno como el Hiro del futuro une los trozos temporales para descubrir cómo salvar el mundo.
Algo dentro de su cabeza le dijo que me haría ilusión tener una varita mágica con forma de estrella, así que me regaló una.
Lleva el móvil en el bolsillo trasero para no quedarse estéril.
Deja que le cambie mi nombre en su móvil cada vez que quiero.
Echa de menos que me queje de todo cuando pasamos tiempo sin vernos.
Me pide perdón por ser un capullo cuando ni siquiera se acerca a ser un capullo.
No piensa ningún futuro conmigo, y acepta todas mis otras vidas.
Lo miraba en la oscuridad. "Yo no esperaba esto. Esto no debía pasar". Pero pasó y ya veremos qué hacemos con ello. Si es que tenemos que hacer algo.
Algo dentro de su cabeza le dijo que me haría ilusión tener una varita mágica con forma de estrella, así que me regaló una.
Lleva el móvil en el bolsillo trasero para no quedarse estéril.
Deja que le cambie mi nombre en su móvil cada vez que quiero.
Echa de menos que me queje de todo cuando pasamos tiempo sin vernos.
Me pide perdón por ser un capullo cuando ni siquiera se acerca a ser un capullo.
No piensa ningún futuro conmigo, y acepta todas mis otras vidas.
Lo miraba en la oscuridad. "Yo no esperaba esto. Esto no debía pasar". Pero pasó y ya veremos qué hacemos con ello. Si es que tenemos que hacer algo.
17.4.10
Se había acabado.
Juro que se había acabado.
Pero entonces me llama dos veces en la misma semana, y me dice que una canción llamada "Veneno" le hace acordar a mí y me encuentro dentro del baño de una desconocida, susurrándole al teléfono que yo también lo echo de menos y entonces lo sé.
Nada se termina.
Juro que se había acabado.
Pero entonces me llama dos veces en la misma semana, y me dice que una canción llamada "Veneno" le hace acordar a mí y me encuentro dentro del baño de una desconocida, susurrándole al teléfono que yo también lo echo de menos y entonces lo sé.
Nada se termina.
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