28.9.10
Pastillitas rosas.
Mi problema ahora es que como casi siempre estoy feliz, cuando tengo un día malo es MUY malo.
22.9.10
Cuando nos alejamos, cuando me alejo de él y de sus ojos y de su voz y de sus manos, todo empieza a resultarme pesado.
El estar todo el tiempo juntos, el sentirme obligada a mantener el contacto diario, el hacer planes tan a futuro.
El anillo que me regaló me molesta para dormir: me aprieta o se me clava o me resulta incómodo.
Cuando salgo de la atmósfera intoxicante que nos creamos, vuelvo a ser la de antes, la de los miedos y los agobios.
Por suerte, en cuatro días volvemos a ser nosotros. Y entonces podré disfrutar del momento, y no sentirme mal porque pienso que él me quiere más de lo que yo lo quiero a él.
El estar todo el tiempo juntos, el sentirme obligada a mantener el contacto diario, el hacer planes tan a futuro.
El anillo que me regaló me molesta para dormir: me aprieta o se me clava o me resulta incómodo.
Cuando salgo de la atmósfera intoxicante que nos creamos, vuelvo a ser la de antes, la de los miedos y los agobios.
Por suerte, en cuatro días volvemos a ser nosotros. Y entonces podré disfrutar del momento, y no sentirme mal porque pienso que él me quiere más de lo que yo lo quiero a él.
15.9.10
Círculo.
El sábado pasado me encontré en el mismo día con mi primer ex español y con el último.
Seis años entre ellos. Cuatro relaciones, una de ellas realmente seria. Varios rollos menores. Tres amores.
Toda una vida.
Seis años entre ellos. Cuatro relaciones, una de ellas realmente seria. Varios rollos menores. Tres amores.
Toda una vida.
8.9.10
Auchan.
Hace unos días fui a un hipermercado.
Fue como viajar en el tiempo.
Nuestra rutina de los sábados por la mañana era esa: ir al hipermercado de cerca de su piso, comprar comida para la semana, productos de limpieza, pasear por góndolas sin ánimo de comprar nada, mirar menaje, bebés en sus carritos, animales en la tienda de animales que todo hiper tiene, ponernos tiernos debajo del muérdago de la sección de carnicería, reírnos al ir a pagar.
Vivir una vida adulta, pensando que teníamos 30 años y una casa y una relación para siempre, teniendo 18 y 19, viviendo de nuestros padres y fingiendo que éramos más adultos de lo que éramos.
Nos gustaba vivir esa fantasía, nos divertida jugar entre góndolas a que todo era real.
Y parte de nosotros se quedó ahí, atrapada en un hipermercado eterno, lista para recogerla al entrar.
Fue como viajar en el tiempo.
Nuestra rutina de los sábados por la mañana era esa: ir al hipermercado de cerca de su piso, comprar comida para la semana, productos de limpieza, pasear por góndolas sin ánimo de comprar nada, mirar menaje, bebés en sus carritos, animales en la tienda de animales que todo hiper tiene, ponernos tiernos debajo del muérdago de la sección de carnicería, reírnos al ir a pagar.
Vivir una vida adulta, pensando que teníamos 30 años y una casa y una relación para siempre, teniendo 18 y 19, viviendo de nuestros padres y fingiendo que éramos más adultos de lo que éramos.
Nos gustaba vivir esa fantasía, nos divertida jugar entre góndolas a que todo era real.
Y parte de nosotros se quedó ahí, atrapada en un hipermercado eterno, lista para recogerla al entrar.
29.8.10
Mr. Big.
Después de tantos años, seguís poniéndome tonta al hablar. O al mirarme. O al existir.
Y no hay nada que me guste menos que ese poder que tenés sobre mí.
Y a la vez, no hay nada que me guste más que todavía tenerte en mi vida.
Y no hay nada que me guste menos que ese poder que tenés sobre mí.
Y a la vez, no hay nada que me guste más que todavía tenerte en mi vida.
16.8.10
No es un adiós, sino un hasta luego.
Mi primer día de clases en España es un borrón. Incluso a la semana no podía recordar más que fragmentos.
Sé que la gente me miraba al hablar, y me miraba los pantalones insistentemente (en Argentina ya no se usaban los pantalones de campana y mis vaqueros eran rectos).
Recuerdo a una chica toda vestida de rosa ("Mini-María", dijeron mis nuevas amigas al unísono cuando se los conté), otra chica que me trajo una silla (la siempre amable Cristina) y unos chicos que creía que eran mellizos pero que ahora los miro y no se parecen en nada.
Y lo que más claramente recuerdo fue mi última hora de clase. Educación Física. Yo no sabía mi horario, así que no llevaba ropa adecuada para hacer deporte (odio la ropa adecuada para hacer deporte). Miguel, nuestro profesor, me sentó con los que tampoco podían hacer deporte: Raquel, que tenía las cervicales lastimadas, y Kike, que se había torcido la muñeca esquiando la semana anterior.
Me senté con ellos en el suelo, al lado del aro de baloncesto. Raquel me hacía preguntas, mientras Kike escuchaba y dibujaba.
Kike era una masa de rizos castaños, unas gafas increíblemente gordas y deformes y un jersey azul que tendría durante años. Así lo recuerdo ese día. Rizos, gafas, y mucho azul.
A los dos meses, la rotación de compañeros de banco hizo que me sentara con Kike durante los dos últimos meses de clases. No hablábamos demasiado. Veíamos graffitis por internet, nos reíamos de nuestro profesor de Lengua, nos enterábamos un poco de la vida del otro.
Un día llegué a clase, fui a mi sitio y había un chico sentado ahí. Lo volví a mirar y no era un chico, era Kike, pero sin su maravillosa pelambrera rizada. Fue raro acostumbrarse, pero al final...
Los años pasaron. Nos hicimos amigos, salimos por la noche, jugamos a rol, nos contamos vida y obra, nos fuimos a estudiar a la misma ciudad, nos liamos, nos enamoramos, hicimos vida en común, cocinó para mí, las cosas se pusieron feas, me dejó, me rompió el corazón, escribí todo lo que tenía que escribir sobre él, nos seguimos viendo, siguió siendo la persona que me calmaba cuando todo iba mal, después ya no, me invitó a tarta y charlas en su piso, estuvo ahí a la distancia y un día me enteré de que se iba a México durante un año.
Y no pude estar más feliz por él. Es una persona que va a llegar lejos, y es una persona que aprovecha al máximo cada oportunidad. Se lo merece más que nadie.
Pero en parte también siento que es mi hijito, y que México está muy lejos y que lo conozco lo suficientemente bien como para saber que no querrá volver cuando llegue el momento.
Hace dos días vino a despedirse de mí. Y cuando entró por la puerta, ahí estaban: sus rizos habían vuelto. Se dejó crecer el pelo de nuevo, y volvió a ser mi Kike de 16 años.
Hace tiempo que cambió las gafas por unas nuevas, unas que no le hacen los ojos de rana que tanto me gustaban y tanta ternura me provocaban.
Hace tiempo que ya no tiene 16 años.
Hace tiempo que ya no dibuja lo que antes dibujaba: lo suyo ahora son los edificios.
Hace tiempo que dejó de ser mío, al menos como lo era cuando tenía 16 o 18.
Pero durante 20 minutos, mientras miraba sus rizos nuevos, volvió a ser el chico que me ignoró y no me agobió el primer día de clases, mi compañero de banco, mi amigo.
Él, con sus gafas y sus rizos.
Él, que ahora mismo está en México.
Él, al que vi salir por la puerta con una sonrisa en la cara, mientras decía "Nos vemos en un año" y mi corazón se encogía un poquito.
Él.
Sé que la gente me miraba al hablar, y me miraba los pantalones insistentemente (en Argentina ya no se usaban los pantalones de campana y mis vaqueros eran rectos).
Recuerdo a una chica toda vestida de rosa ("Mini-María", dijeron mis nuevas amigas al unísono cuando se los conté), otra chica que me trajo una silla (la siempre amable Cristina) y unos chicos que creía que eran mellizos pero que ahora los miro y no se parecen en nada.
Y lo que más claramente recuerdo fue mi última hora de clase. Educación Física. Yo no sabía mi horario, así que no llevaba ropa adecuada para hacer deporte (odio la ropa adecuada para hacer deporte). Miguel, nuestro profesor, me sentó con los que tampoco podían hacer deporte: Raquel, que tenía las cervicales lastimadas, y Kike, que se había torcido la muñeca esquiando la semana anterior.
Me senté con ellos en el suelo, al lado del aro de baloncesto. Raquel me hacía preguntas, mientras Kike escuchaba y dibujaba.
Kike era una masa de rizos castaños, unas gafas increíblemente gordas y deformes y un jersey azul que tendría durante años. Así lo recuerdo ese día. Rizos, gafas, y mucho azul.
A los dos meses, la rotación de compañeros de banco hizo que me sentara con Kike durante los dos últimos meses de clases. No hablábamos demasiado. Veíamos graffitis por internet, nos reíamos de nuestro profesor de Lengua, nos enterábamos un poco de la vida del otro.
Un día llegué a clase, fui a mi sitio y había un chico sentado ahí. Lo volví a mirar y no era un chico, era Kike, pero sin su maravillosa pelambrera rizada. Fue raro acostumbrarse, pero al final...
Los años pasaron. Nos hicimos amigos, salimos por la noche, jugamos a rol, nos contamos vida y obra, nos fuimos a estudiar a la misma ciudad, nos liamos, nos enamoramos, hicimos vida en común, cocinó para mí, las cosas se pusieron feas, me dejó, me rompió el corazón, escribí todo lo que tenía que escribir sobre él, nos seguimos viendo, siguió siendo la persona que me calmaba cuando todo iba mal, después ya no, me invitó a tarta y charlas en su piso, estuvo ahí a la distancia y un día me enteré de que se iba a México durante un año.
Y no pude estar más feliz por él. Es una persona que va a llegar lejos, y es una persona que aprovecha al máximo cada oportunidad. Se lo merece más que nadie.
Pero en parte también siento que es mi hijito, y que México está muy lejos y que lo conozco lo suficientemente bien como para saber que no querrá volver cuando llegue el momento.
Hace dos días vino a despedirse de mí. Y cuando entró por la puerta, ahí estaban: sus rizos habían vuelto. Se dejó crecer el pelo de nuevo, y volvió a ser mi Kike de 16 años.
Hace tiempo que cambió las gafas por unas nuevas, unas que no le hacen los ojos de rana que tanto me gustaban y tanta ternura me provocaban.
Hace tiempo que ya no tiene 16 años.
Hace tiempo que ya no dibuja lo que antes dibujaba: lo suyo ahora son los edificios.
Hace tiempo que dejó de ser mío, al menos como lo era cuando tenía 16 o 18.
Pero durante 20 minutos, mientras miraba sus rizos nuevos, volvió a ser el chico que me ignoró y no me agobió el primer día de clases, mi compañero de banco, mi amigo.
Él, con sus gafas y sus rizos.
Él, que ahora mismo está en México.
Él, al que vi salir por la puerta con una sonrisa en la cara, mientras decía "Nos vemos en un año" y mi corazón se encogía un poquito.
Él.
Fact XXIV.
He viajado en varios medios de transporte, sobretodo autobuses de larga distancia, con botellas de vino, posters, trípodes, un cactus y un mini-rosal.
Just sayin'.
Just sayin'.
12.8.10
Siempre esperé una casualidad divina, una muestra del Destino, una señal. Un momento romántico, un beso bajo la lluvia, un "siempre supe que eras vos".
Pero quizás el amor es esto.
Compartir un litro de helado, encontrar pequeñas cosas que sabés que le van a gustar al otro, tener unos códigos propios. La rutina.
Sin flashes, sin descubrimientos extraordinarios, sin encuentros casuales que cambian tu vida. Growing to know each other y ya está.
Y eso también está bien.
9.8.10
Memoris.
Desde los 13 años escribo un diario escrupulosamente. Todas las noches, antes de irme a dormir, escribía qué había hecho en el día. Y si esa noche no podía por lo que fuera, lo hacía al día siguiente.
Después empecé con el fotolog y el blog, que son prolongaciones de ese diario.
Guardaba los correos importantes y los no importantes, las cartas y notitas, las entradas del cine.
Registraba mis recuerdos, mis memorias, mi vida.
Al empezar la Universidad, tenía periodos en los que no escribía. Unos días, unas semanas, unos meses. Nada cambiaba, porque el mundo interactivo seguía registrando todo.
Pero llevo meses sin escribir de manera regular. Cerca de siete meses sin tocar mi diario, un par de meses actualizando el fotolog una vez por semana, escribiendo acá muy de vez en cuando...
Supongo que ahora no me dedico a registrar mi vida, sino a vivirla. Ya tendré tiempo de escribir mis memorias, ahora toca crearlas.
Así que vivo de manera furiosa y contemplativa, disfrutando el momento y el futuro ya se verá. Y el pasado poco importa.
Después empecé con el fotolog y el blog, que son prolongaciones de ese diario.
Guardaba los correos importantes y los no importantes, las cartas y notitas, las entradas del cine.
Registraba mis recuerdos, mis memorias, mi vida.
Al empezar la Universidad, tenía periodos en los que no escribía. Unos días, unas semanas, unos meses. Nada cambiaba, porque el mundo interactivo seguía registrando todo.
Pero llevo meses sin escribir de manera regular. Cerca de siete meses sin tocar mi diario, un par de meses actualizando el fotolog una vez por semana, escribiendo acá muy de vez en cuando...
Supongo que ahora no me dedico a registrar mi vida, sino a vivirla. Ya tendré tiempo de escribir mis memorias, ahora toca crearlas.
Así que vivo de manera furiosa y contemplativa, disfrutando el momento y el futuro ya se verá. Y el pasado poco importa.
5.8.10
He is a keeper.
Su familia me olisqueó y decidió que era de fiar. Me hicieron comer como si estuviese desnutrida. Di vueltas por su casa, toqueteando todo. Revisé álbumes de fotos familiares. Visité su antigua casa, su antigua habitación. Descubrí que, a 10.000 km de distancia, jugábamos con prácticamente el mismo ciempiés de peluche. Dormimos abrazados. Dormimos mucho, supongo que para recuperar las horas perdidas por el insomnio el mes anterior. Fue mi pinche de cocina, y mi fotógrafo personal. Me prestó libros y películas, me mostró los cuadros de su hermana la artista y me hizo sentir en mi casa. Recorrimos sus calles y sus historias. Conocí a sus amigos, que me preguntaron si podían morderme una teta y le dijeron que era más guapa de lo que parecía. Nos bañamos en su piscina de juguete. Creamos nuevos personajes, como Toby el perrito especial y su hermano Timmy, el torpe. Y Cara de Pene, con su vida tan penosa (ja). Pensamos nuevas historias Disney. Me pidió que fuera su rascadora oficial, pero todavía me debe el anillo. Planeamos nuestra boda ficticia, y mantuvimos esas absurdas conversaciones de mentira que cualquiera creería que son de verdad. Me metí con él, se metió conmigo. Me hizo reír hasta que apareció mi risa Pulgoso, recordando mi episodio con Pepito el caja. Exprimimos los días al máximo, para que cinco nos pareciesen diez, pero siempre nos falta tiempo.

Y ahora toca esperar.
He is a keeper.
Y ahora toca esperar.
18.7.10
Mei.
Eso es amor.
Eso es paz.
Flotar en una piscina, unidas por un flotador naranja, divagando sobre la vida y sobre el amor, espantando avispas, buscando el sol.
Eso es paz.
Flotar en una piscina, unidas por un flotador naranja, divagando sobre la vida y sobre el amor, espantando avispas, buscando el sol.
14.7.10
Mind-eraser.
Hoy recordé lo divertido que es el sexo estando borrachos.
Las lagunas mentales, el hablar de más, las luces demasiado brillantes, los movimientos ralentizados y acelerados alternativamente, el tacto surrealista de su piel, las decisiones apresuradas, el no saber qué hacés pero darte cuenta de que está bien hecho, las órdenes, no medir la fuerza, terminar atada y rota, reírse de cosas de las que nos vamos a arrepentir al día siguiente. Pero sobretodo, caer en la inconsciencia más profunda al terminar, y despertarte abrazada a él en cualquier postura, intentando recordar si finalmente le dijiste que querías casarte con él ahora o lograste contenerte, pensando en la corbata rota y en lo mucho que querés repetirlo todo de nuevo.
Las lagunas mentales, el hablar de más, las luces demasiado brillantes, los movimientos ralentizados y acelerados alternativamente, el tacto surrealista de su piel, las decisiones apresuradas, el no saber qué hacés pero darte cuenta de que está bien hecho, las órdenes, no medir la fuerza, terminar atada y rota, reírse de cosas de las que nos vamos a arrepentir al día siguiente. Pero sobretodo, caer en la inconsciencia más profunda al terminar, y despertarte abrazada a él en cualquier postura, intentando recordar si finalmente le dijiste que querías casarte con él ahora o lograste contenerte, pensando en la corbata rota y en lo mucho que querés repetirlo todo de nuevo.
9.7.10
Simple.
Pasamos nuestro último día juntos.
Vimos series, nos reímos, fuimos al cine, caminamos de la mano, compramos la última tarrina de helado de chocolate de todo el supermercado, nos dimos sorpresas mutuamente, nos besamos, nos dormimos tarde, muy tarde, abrazados y hablando.
Y hoy lloré cuando me subía al autobús. A pesar de volver a verlo en un mes y medio.
Nunca me pasó de despedirme por tan poco tiempo (dentro de lo mucho que en realidad es).
Mis despedidas suelen ser hacia el infinito, sin fecha fija, sin límite.
Pero ya no dormiré con él pegado a mi espalda, ya no compartiré mi helado con nadie, ya no discutiremos sobre a quién le toca decidir.
Nuestra vida se acabó, aunque dentro de un mes y medio vuelva a ser su invitada, vuelva a quejarme de su termo que funciona raro y de su internet robado.
Supongo que todo se resume en dos palabras:
Lo quiero.
Y no, sé que no es para siempre.
Pero a los 22 años no busco un "para siempre", busco un "hasta que dure".
Vimos series, nos reímos, fuimos al cine, caminamos de la mano, compramos la última tarrina de helado de chocolate de todo el supermercado, nos dimos sorpresas mutuamente, nos besamos, nos dormimos tarde, muy tarde, abrazados y hablando.
Y hoy lloré cuando me subía al autobús. A pesar de volver a verlo en un mes y medio.
Nunca me pasó de despedirme por tan poco tiempo (dentro de lo mucho que en realidad es).
Mis despedidas suelen ser hacia el infinito, sin fecha fija, sin límite.
Pero ya no dormiré con él pegado a mi espalda, ya no compartiré mi helado con nadie, ya no discutiremos sobre a quién le toca decidir.
Nuestra vida se acabó, aunque dentro de un mes y medio vuelva a ser su invitada, vuelva a quejarme de su termo que funciona raro y de su internet robado.
Supongo que todo se resume en dos palabras:
Lo quiero.
Y no, sé que no es para siempre.
Pero a los 22 años no busco un "para siempre", busco un "hasta que dure".
2.7.10
Hecho.
Soy escritora.
No lo soy por tener un alias rimbombante.
No lo soy por creerme escritora.
No lo soy por decirlo a los cuatro vientos.
Nadie hace documentales sobre mí.
No me pagan.
Nadie me publica.
Pero soy escritora.
Soy escritora porque necesito escribir.
Porque me expreso mejor con palabras.
Porque pienso en palabras.
Porque nunca deseé otra cosa.
Porque vivo de esto.
Simplemente, porque lo amo.
No lo soy por tener un alias rimbombante.
No lo soy por creerme escritora.
No lo soy por decirlo a los cuatro vientos.
Nadie hace documentales sobre mí.
No me pagan.
Nadie me publica.
Pero soy escritora.
Soy escritora porque necesito escribir.
Porque me expreso mejor con palabras.
Porque pienso en palabras.
Porque nunca deseé otra cosa.
Porque vivo de esto.
Simplemente, porque lo amo.
29.6.10
22.6.10
El principio del fin.
Soñar con tiempos felices y risas con una persona, despertarte a su lado y que todo siga igual.
Podemos retrasarlo, pero no frenarlo.
Podemos retrasarlo, pero no frenarlo.
Un año más, toca mudanza.
Quitar las fotos de las paredes, descolgar los objetos, revisar que quiero y que no, que voy a necesitar en verano y que se puede quedar acá, meter todo en cajas, recordando en que caja va que, despedirme de los lugares, de las personas, de las paredes que fueron mi hogar durante nueve meses.
Salvo que esta vez es diferente.
Es la última mudanza que hago así.
La próxima vez que haga esto, voy a estar diciéndole adiós a esta ciudad, a esta etapa y a este modo de vida para siempre.
Y eso da mucho, mucho miedo.
Quitar las fotos de las paredes, descolgar los objetos, revisar que quiero y que no, que voy a necesitar en verano y que se puede quedar acá, meter todo en cajas, recordando en que caja va que, despedirme de los lugares, de las personas, de las paredes que fueron mi hogar durante nueve meses.
Salvo que esta vez es diferente.
Es la última mudanza que hago así.
La próxima vez que haga esto, voy a estar diciéndole adiós a esta ciudad, a esta etapa y a este modo de vida para siempre.
Y eso da mucho, mucho miedo.
20.6.10
El primo.
Hace más de un año, tuve el mejor polvo de una noche de mi vida.
Quedamos, hablamos, tomamos algo, me regaló un CD, vino a mi piso.
Nos besamos, nos acariciamos, nos reímos, hablamos.
Dormimos abrazados, y al despertarme me dijo que de madrugada había querido escribir sobre mi espalda pero no había encontrado un boli y después se le había olvidado lo que quería escribir.
Hicimos el amor.
Tenía la polla más perfecta y preciosa que había visto nunca.
Se despidió, llevándose su bicicleta, sus sonrisas con los ojos y su olor. Y un libro que le presté y todavía no me devolvió.
Me dejó con un "ha sido demasiado divertido y bonito estar contigo" y no volví a saber de él.
Todavía recuerdo el tacto de su piel y nuestro primer beso furtivo en Nochevieja.
De regalo, me dejó debajo de la almohada un condón que no puedo usar con nadie más.
Eso estaba ahí, y nunca sucedió. Podía haber sido algo más, pero no lo fue.
Y mejor así: prefiero que él sea mi mejor historia de una noche, precisamente porque me hubiese gustado que sea nada más que una noche.
Quedamos, hablamos, tomamos algo, me regaló un CD, vino a mi piso.
Nos besamos, nos acariciamos, nos reímos, hablamos.
Dormimos abrazados, y al despertarme me dijo que de madrugada había querido escribir sobre mi espalda pero no había encontrado un boli y después se le había olvidado lo que quería escribir.
Hicimos el amor.
Tenía la polla más perfecta y preciosa que había visto nunca.
Se despidió, llevándose su bicicleta, sus sonrisas con los ojos y su olor. Y un libro que le presté y todavía no me devolvió.
Me dejó con un "ha sido demasiado divertido y bonito estar contigo" y no volví a saber de él.
Todavía recuerdo el tacto de su piel y nuestro primer beso furtivo en Nochevieja.
De regalo, me dejó debajo de la almohada un condón que no puedo usar con nadie más.
Eso estaba ahí, y nunca sucedió. Podía haber sido algo más, pero no lo fue.
Y mejor así: prefiero que él sea mi mejor historia de una noche, precisamente porque me hubiese gustado que sea nada más que una noche.
12.6.10
Duermeme.
Me acostumbré a eso.
Dormir de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, encoger las rodillas, recibir besos en el hombro, cerrar los ojos, perderme en la inconsciencia, despertarme a medias cada vez que te movés, despertarme del todo cuando suena la canción elegida para ese día, volver a la cama donde vos no te moviste (o sí, pero no mucho), poner otro despertador, darte un beso, ponerme de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, estirar las rodillas, esta vez no hay beso, caricias en las manos, cerrar los ojos, apretarme contra vos, volverme a dormir.
Y esta noche no estarás y mañana tampoco.
Y dentro de un mes esto será lo que tendré, una cama vacía con un hueco detrás de mi espalda, y mover la boca para recibir un beso que nunca llegará cada vez que esté medio dormida.
Dormir de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, encoger las rodillas, recibir besos en el hombro, cerrar los ojos, perderme en la inconsciencia, despertarme a medias cada vez que te movés, despertarme del todo cuando suena la canción elegida para ese día, volver a la cama donde vos no te moviste (o sí, pero no mucho), poner otro despertador, darte un beso, ponerme de lado, recogerme el pelo, pasar una mano por debajo de tu brazo, la otra por encima, estirar las rodillas, esta vez no hay beso, caricias en las manos, cerrar los ojos, apretarme contra vos, volverme a dormir.
Y esta noche no estarás y mañana tampoco.
Y dentro de un mes esto será lo que tendré, una cama vacía con un hueco detrás de mi espalda, y mover la boca para recibir un beso que nunca llegará cada vez que esté medio dormida.
3.6.10
Reboot.
Una vez más las paredes se cierran a mi alrededor.
Y es raro, porque la ventana está abierta, corre un viento capaz de despejar las ideas más oscuras, ayer fui al cine (y lo disfruté), hoy amanecí acompañada y feliz.
Pero en algún momento algo se torció.
Será el dormir más de la cuenta, el programa de edición que no funciona como debería, el seguir con un ordenador ajeno y sentirme culpable por ello, el tiempo que se me echa encima, la casa vacía, la luz que se extingue, mi caos de vida, el verano que se acerca amenazante, la regla que no me viene todavía, la falta de cosas que me motiven, las ganas de crear que no puedo escuchar.
Quiero salir corriendo.
Correr por el río, hacia la Giralda, que me abracen brazos que hace mucho que no lo hacen, caminar hasta que las piernas me duelan, comer chocolate a las tres de la mañana en un banco cualquiera, volver a casa con miedo, hablar con amigos, escuchar música mientras camino rápido y reflexiono sobre lápices labiales o si teñirme de nuevo o no.
Salir corriendo y alejarme de mí, que hace un tiempo que no soy yo, y ver si así consigo -finalmente- el equilibrio que se me escapa, eso que hace dos días pensaba que tenía, esa fuerza que algo misterioso me había dado.
Salir corriendo y extinguirme y volver a renacer. Nacer y renacer y volver a renacer.
Y es raro, porque la ventana está abierta, corre un viento capaz de despejar las ideas más oscuras, ayer fui al cine (y lo disfruté), hoy amanecí acompañada y feliz.
Pero en algún momento algo se torció.
Será el dormir más de la cuenta, el programa de edición que no funciona como debería, el seguir con un ordenador ajeno y sentirme culpable por ello, el tiempo que se me echa encima, la casa vacía, la luz que se extingue, mi caos de vida, el verano que se acerca amenazante, la regla que no me viene todavía, la falta de cosas que me motiven, las ganas de crear que no puedo escuchar.
Quiero salir corriendo.
Correr por el río, hacia la Giralda, que me abracen brazos que hace mucho que no lo hacen, caminar hasta que las piernas me duelan, comer chocolate a las tres de la mañana en un banco cualquiera, volver a casa con miedo, hablar con amigos, escuchar música mientras camino rápido y reflexiono sobre lápices labiales o si teñirme de nuevo o no.
Salir corriendo y alejarme de mí, que hace un tiempo que no soy yo, y ver si así consigo -finalmente- el equilibrio que se me escapa, eso que hace dos días pensaba que tenía, esa fuerza que algo misterioso me había dado.
Salir corriendo y extinguirme y volver a renacer. Nacer y renacer y volver a renacer.
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