29.10.10

Entre una montaña de otras cosas olvidadas, tu fotografía.

27.10.10

Septiembre.

Cuando volvés a un sitio, y todo es igual pero a la vez diferente.
Cuando volvés a una persona, y todo es diferente pero a la vez igual.

10.10.10

Fact XXV.

Lo quiero porque me hace feliz.

3.10.10

"With my hands open and my eyes open I just keep hoping that your heart opens"

Podría escribir nuestra historia mil veces, de mil maneras distintas. Podría escribirla entera, de golpe, o ir contando trozos a lo largo de los años.
Pero la verdad, la verdad desnuda de nuestra relación, permanece alejada de lo que soy capaz de contar con palabras.
Somos amigos, fuimos amantes, somos parte del otro, nos hacemos cruzar el límite mutuamente, volvemos al punto de partida varias veces, nos miramos a los ojos y hay más de lo que dicen las palabras, vivimos a través de nuestros olores, pasamos horas pensando en el otro y hablando con el otro, competimos en el terreno académico y audiovisual (y siempre gana él), vivimos varias vidas imaginadas, seguimos intentando algo imposible.
Anoche, un septiembre más, hablamos de pie en medio de la Feria. Esta vez no pudieron ser horas. Tuvimos que conformarnos con bastante menos.
Anoche las frases incompletas significaron mucho más.
Anoche finalmente dijimos directamente lo que los dos sabíamos y sabíamos que el otro sabía.
Nosotros somos así. Y por más que ya no podamos tener la misma relación que antes, no podemos evitar mirarnos a los ojos y saber que hay mucho más. Pero también sabemos que no hay nada más.
Que nunca tendremos una relación normal, que nunca tendremos una relación propiamente dicha. Porque él es como es y yo soy como soy y él es como es.
Así que ya no cuento la historia del amor de mi vida, porque lleva mucho sin ser el amor de mi vida. Porque encontré otros amores de mi vida que sí quieren serlo.
Porque nunca quisimos lo mismo, pero aún así nos queremos.
Así que seguimos siendo nosotros, y ocultando al mundo lo que somos, porque desde fuera parece una locura, una insensatez, algo malo y que hace daño.
Y no lo es.
Nos queremos y deseamos lo mejor para el otro. Somos parte de su sistema de apoyo. Nos divertimos y nos hacemos reír. Tenemos mucha historia juntos, y eso va a ser así siempre.
Simplemente, no es algo convencional, porque nosotros no lo somos.

Y aunque sé todo esto, no pude evitar sentir que una era se acababa. La era donde todavía fingíamos que podíamos tener todo lo que queríamos.

28.9.10

Pastillitas rosas.

Mi problema ahora es que como casi siempre estoy feliz, cuando tengo un día malo es MUY malo.

22.9.10

Cuando nos alejamos, cuando me alejo de él y de sus ojos y de su voz y de sus manos, todo empieza a resultarme pesado.
El estar todo el tiempo juntos, el sentirme obligada a mantener el contacto diario, el hacer planes tan a futuro.
El anillo que me regaló me molesta para dormir: me aprieta o se me clava o me resulta incómodo.
Cuando salgo de la atmósfera intoxicante que nos creamos, vuelvo a ser la de antes, la de los miedos y los agobios.
Por suerte, en cuatro días volvemos a ser nosotros. Y entonces podré disfrutar del momento, y no sentirme mal porque pienso que él me quiere más de lo que yo lo quiero a él.

15.9.10

Círculo.

El sábado pasado me encontré en el mismo día con mi primer ex español y con el último.
Seis años entre ellos. Cuatro relaciones, una de ellas realmente seria. Varios rollos menores. Tres amores.
Toda una vida.

8.9.10

Auchan.

Hace unos días fui a un hipermercado.
Fue como viajar en el tiempo.
Nuestra rutina de los sábados por la mañana era esa: ir al hipermercado de cerca de su piso, comprar comida para la semana, productos de limpieza, pasear por góndolas sin ánimo de comprar nada, mirar menaje, bebés en sus carritos, animales en la tienda de animales que todo hiper tiene, ponernos tiernos debajo del muérdago de la sección de carnicería, reírnos al ir a pagar.
Vivir una vida adulta, pensando que teníamos 30 años y una casa y una relación para siempre, teniendo 18 y 19, viviendo de nuestros padres y fingiendo que éramos más adultos de lo que éramos.
Nos gustaba vivir esa fantasía, nos divertida jugar entre góndolas a que todo era real.
Y parte de nosotros se quedó ahí, atrapada en un hipermercado eterno, lista para recogerla al entrar.

29.8.10

Mr. Big.

Después de tantos años, seguís poniéndome tonta al hablar. O al mirarme. O al existir.
Y no hay nada que me guste menos que ese poder que tenés sobre mí.
Y a la vez, no hay nada que me guste más que todavía tenerte en mi vida.

16.8.10

No es un adiós, sino un hasta luego.

Mi primer día de clases en España es un borrón. Incluso a la semana no podía recordar más que fragmentos.
Sé que la gente me miraba al hablar, y me miraba los pantalones insistentemente (en Argentina ya no se usaban los pantalones de campana y mis vaqueros eran rectos).
Recuerdo a una chica toda vestida de rosa ("Mini-María", dijeron mis nuevas amigas al unísono cuando se los conté), otra chica que me trajo una silla (la siempre amable Cristina) y unos chicos que creía que eran mellizos pero que ahora los miro y no se parecen en nada.
Y lo que más claramente recuerdo fue mi última hora de clase. Educación Física. Yo no sabía mi horario, así que no llevaba ropa adecuada para hacer deporte (odio la ropa adecuada para hacer deporte). Miguel, nuestro profesor, me sentó con los que tampoco podían hacer deporte: Raquel, que tenía las cervicales lastimadas, y Kike, que se había torcido la muñeca esquiando la semana anterior.
Me senté con ellos en el suelo, al lado del aro de baloncesto. Raquel me hacía preguntas, mientras Kike escuchaba y dibujaba.
Kike era una masa de rizos castaños, unas gafas increíblemente gordas y deformes y un jersey azul que tendría durante años. Así lo recuerdo ese día. Rizos, gafas, y mucho azul.

A los dos meses, la rotación de compañeros de banco hizo que me sentara con Kike durante los dos últimos meses de clases. No hablábamos demasiado. Veíamos graffitis por internet, nos reíamos de nuestro profesor de Lengua, nos enterábamos un poco de la vida del otro.
Un día llegué a clase, fui a mi sitio y había un chico sentado ahí. Lo volví a mirar y no era un chico, era Kike, pero sin su maravillosa pelambrera rizada. Fue raro acostumbrarse, pero al final...

Los años pasaron. Nos hicimos amigos, salimos por la noche, jugamos a rol, nos contamos vida y obra, nos fuimos a estudiar a la misma ciudad, nos liamos, nos enamoramos, hicimos vida en común, cocinó para mí, las cosas se pusieron feas, me dejó, me rompió el corazón, escribí todo lo que tenía que escribir sobre él, nos seguimos viendo, siguió siendo la persona que me calmaba cuando todo iba mal, después ya no, me invitó a tarta y charlas en su piso, estuvo ahí a la distancia y un día me enteré de que se iba a México durante un año.

Y no pude estar más feliz por él. Es una persona que va a llegar lejos, y es una persona que aprovecha al máximo cada oportunidad. Se lo merece más que nadie.
Pero en parte también siento que es mi hijito, y que México está muy lejos y que lo conozco lo suficientemente bien como para saber que no querrá volver cuando llegue el momento.

Hace dos días vino a despedirse de mí. Y cuando entró por la puerta, ahí estaban: sus rizos habían vuelto. Se dejó crecer el pelo de nuevo, y volvió a ser mi Kike de 16 años.
Hace tiempo que cambió las gafas por unas nuevas, unas que no le hacen los ojos de rana que tanto me gustaban y tanta ternura me provocaban.
Hace tiempo que ya no tiene 16 años.
Hace tiempo que ya no dibuja lo que antes dibujaba: lo suyo ahora son los edificios.
Hace tiempo que dejó de ser mío, al menos como lo era cuando tenía 16 o 18.
Pero durante 20 minutos, mientras miraba sus rizos nuevos, volvió a ser el chico que me ignoró y no me agobió el primer día de clases, mi compañero de banco, mi amigo.
Él, con sus gafas y sus rizos.

Él, que ahora mismo está en México.
Él, al que vi salir por la puerta con una sonrisa en la cara, mientras decía "Nos vemos en un año" y mi corazón se encogía un poquito.
Él.

Fact XXIV.

He viajado en varios medios de transporte, sobretodo autobuses de larga distancia, con botellas de vino, posters, trípodes, un cactus y un mini-rosal.
Just sayin'.

12.8.10

Siempre esperé una casualidad divina, una muestra del Destino, una señal. Un momento romántico, un beso bajo la lluvia, un "siempre supe que eras vos".
Pero quizás el amor es esto.
Compartir un litro de helado, encontrar pequeñas cosas que sabés que le van a gustar al otro, tener unos códigos propios. La rutina.

Sin flashes, sin descubrimientos extraordinarios, sin encuentros casuales que cambian tu vida. Growing to know each other y ya está. 
Y eso también está bien.

9.8.10

Memoris.

Desde los 13 años escribo un diario escrupulosamente. Todas las noches, antes de irme a dormir, escribía qué había hecho en el día. Y si esa noche no podía por lo que fuera, lo hacía al día siguiente.
Después empecé con el fotolog y el blog, que son prolongaciones de ese diario.
Guardaba los correos importantes y los no importantes, las cartas y notitas, las entradas del cine.
Registraba mis recuerdos, mis memorias, mi vida.
Al empezar la Universidad, tenía periodos en los que no escribía. Unos días, unas semanas, unos meses. Nada cambiaba, porque el mundo interactivo seguía registrando todo.

Pero llevo meses sin escribir de manera regular. Cerca de siete meses sin tocar mi diario, un par de meses actualizando el fotolog una vez por semana, escribiendo acá muy de vez en cuando...
Supongo que ahora no me dedico a registrar mi vida, sino a vivirla. Ya tendré tiempo de escribir mis memorias, ahora toca crearlas.
Así que vivo de manera furiosa y contemplativa, disfrutando el momento y el futuro ya se verá. Y el pasado poco importa.

5.8.10

He is a keeper.

Su familia me olisqueó y decidió que era de fiar. Me hicieron comer como si estuviese desnutrida. Di vueltas por su casa, toqueteando todo. Revisé álbumes de fotos familiares. Visité su antigua casa, su antigua habitación. Descubrí que, a 10.000 km de distancia, jugábamos con prácticamente el mismo ciempiés de peluche. Dormimos abrazados. Dormimos mucho, supongo que para recuperar las horas perdidas por el insomnio el mes anterior. Fue mi pinche de cocina, y mi fotógrafo personal. Me prestó libros y películas, me mostró los cuadros de su hermana la artista y me hizo sentir en mi casa. Recorrimos sus calles y sus historias. Conocí a sus amigos, que me preguntaron si podían morderme una teta y le dijeron que era más guapa de lo que parecía. Nos bañamos en su piscina de juguete. Creamos nuevos personajes, como Toby el perrito especial y su hermano Timmy, el torpe. Y Cara de Pene, con su vida tan penosa (ja). Pensamos nuevas historias Disney. Me pidió que fuera su rascadora oficial, pero todavía me debe el anillo. Planeamos nuestra boda ficticia, y mantuvimos esas absurdas conversaciones de mentira que cualquiera creería que son de verdad. Me metí con él, se metió conmigo. Me hizo reír hasta que apareció mi risa Pulgoso, recordando mi episodio con Pepito el caja. Exprimimos los días al máximo, para que cinco nos pareciesen diez, pero siempre nos falta tiempo.


He is a keeper.





Y ahora toca esperar.

18.7.10

Mei.

Eso es amor.
Eso es paz.
Flotar en una piscina, unidas por un flotador naranja, divagando sobre la vida y sobre el amor, espantando avispas, buscando el sol.

14.7.10

Mind-eraser.

Hoy recordé lo divertido que es el sexo estando borrachos.
Las lagunas mentales, el hablar de más, las luces demasiado brillantes, los movimientos ralentizados y acelerados alternativamente, el tacto surrealista de su piel, las decisiones apresuradas, el no saber qué hacés pero darte cuenta de que está bien hecho, las órdenes, no medir la fuerza, terminar atada y rota, reírse de cosas de las que nos vamos a arrepentir al día siguiente. Pero sobretodo, caer en la inconsciencia más profunda al terminar, y despertarte abrazada a él en cualquier postura, intentando recordar si finalmente le dijiste que querías casarte con él ahora o lograste contenerte, pensando en la corbata rota y en lo mucho que querés repetirlo todo de nuevo.

9.7.10

Simple.

Pasamos nuestro último día juntos.
Vimos series, nos reímos, fuimos al cine, caminamos de la mano, compramos la última tarrina de helado de chocolate de todo el supermercado, nos dimos sorpresas mutuamente, nos besamos, nos dormimos tarde, muy tarde, abrazados y hablando.
Y hoy lloré cuando me subía al autobús. A pesar de volver a verlo en un mes y medio.
Nunca me pasó de despedirme por tan poco tiempo (dentro de lo mucho que en realidad es).
Mis despedidas suelen ser hacia el infinito, sin fecha fija, sin límite.
Pero ya no dormiré con él pegado a mi espalda, ya no compartiré mi helado con nadie, ya no discutiremos sobre a quién le toca decidir.
Nuestra vida se acabó, aunque dentro de un mes y medio vuelva a ser su invitada, vuelva a quejarme de su termo que funciona raro y de su internet robado.
Supongo que todo se resume en dos palabras:

Lo quiero.

Y no, sé que no es para siempre.
Pero a los 22 años no busco un "para siempre", busco un "hasta que dure".

2.7.10

Hecho.

Soy escritora.
No lo soy por tener un alias rimbombante.
No lo soy por creerme escritora.
No lo soy por decirlo a los cuatro vientos.
Nadie hace documentales sobre mí.
No me pagan.
Nadie me publica.
Pero soy escritora.
Soy escritora porque necesito escribir.
Porque me expreso mejor con palabras.
Porque pienso en palabras.
Porque nunca deseé otra cosa.
Porque vivo de esto.
Simplemente, porque lo amo.

29.6.10

Tengo miedo de que cuando vuelva en septiembre ya no estemos juntos, y me encuentre su cepillo de dientes entre mis cosas.
Otra vez un cepillo de dientes hablando de abandono.

22.6.10

El principio del fin.

Soñar con tiempos felices y risas con una persona, despertarte a su lado y que todo siga igual.

Podemos retrasarlo, pero no frenarlo.