Las personas son posesivas con cosas que no les pertenecen. Los asientos de autobuses u otras personas.
Me gustan las personas que no te ponen mala cara si te sentás donde ellos siempre se sientan en clase, o si te encuentran acostado fumando en la acera de enfrente de su casa.
Dormíamos entrelazados. Piernas anudadas unas con las otras, brazos recorriéndolo todo, espaldas atravesables, hombros amigos. Nuestras respiraciones mezcladas, una sola, única. Su frente en la mía, mi frente en la suya. De repente un beso, los ojos cansados, párpados cerrados. Dormíamos entrelazados y eso lo era todo. Formábamos nuestra cáscara, nuestra coraza, nuestro mundo. Y ya podía pasar lo que sea que nosotros seguíamos así, entrelazados.
A pesar de eso, antes de dormir no nos recuerdo entrelazados. Me recuerdo de lado, él pegado a mi espalda, sus brazos protegiéndome, mis brazos protegiendo a los suyos, la parte posterior de mis rodillas sentada en las suyas. Y yo sintiendo cada célula de su cuerpo contra el mío.
"You are the original. But so hard to know. You offer different versions of yourself to different people. With me, you're always behaving like a flirtatious mother. Then I see you going off to meet Foster with all the innocence of a little girl and...in his bed, well-I'd say you're somebody else then too."
Una persona totalmente vestida en la playa. Una persona que camina en mi dirección. Sonríe. Colores oscuros, marrón, bordó, azul oscuro. Y también turquesa, y blanco, y rosa y antiguorubio. Puntiagudo y redondo. Suave y duro. Grande y pequeño. El mar a nuestra izquierda, mis casas soñadas a la derecha, el cielo lampiño sobre nuestras cabezas, la arena con hojas de eucalipto a nuestros pies. Mis pies descalzos y él se sigue acercando. Sonríe. Y dentro mío las ganas de tocarlo, el sentirlo echado de menos y la certeza de que podría vivir de esa sonrisa siempre.
Quise contarte cuánto había cambiado. Cómo en estos tres meses crecí de golpe. Me acosté con un chico que no me llamó. No es la primera vez que me pasa, pero sí la primera que no me lo esperaba. Vos tampoco te lo esperarías si te dijese quién es. Tenía la polla más bonita que había visto nunca, y ahora también tiene un libro que le presté. Decidí olvidarme de S. No de él en sí, sino de cómo lo veía en ese momento. Ya sabés cómo, vos también lo sufriste. Decidí hacerlo y lo hice, así de fácil. Igual que me olvidé de C. en su momento. Me subí en un bus con destino incierto, habiéndolo decidido 10 horas antes. Y me bajé en un mundo de posibilidades. Y no nos olvidemos del principio de todo: di por primera vez una segunda oportunidad, y terminamos dándonos la ruptura que nos merecíamos. Y esta vez sí lloré por mí. Por las oportunidades perdidas, por todo lo que dejé pasar, por no poder abrirme hasta que era demasiado tarde.
Hoy leí esto en el blog de Uralita, y recordé algo a lo que le estuve dando vueltas hace un tiempo. Así era: durante un tiempo hubo cortes de luz cada pocos meses. Y entonces todos seguíamos una rutina. Encendíamos la luz de otra habitación, por si era algo de la habitación en la que estábamos. Agarrábamos una linterna (todos sabíamos cómo encontrar una linterna en la oscuridad) Revisábamos si eran los fusibles. Cruzábamos el pasillo y nos fijábamos si eran los fusibles de la casa en general. Mirábamos hacia fuera para ver si había luz.
Una vez determinada la magnitud del corte, volvíamos a casa. Uno de los dos (mi hermano o yo) nos subíamos a la silla y sacábamos el candelabro dorado de encima del mueble grande del comedor. Íbamos a la cocina, buscábamos fósforos, encendíamos las 4 velas del candelabro. Lo poníamos en el centro de la mesa del comedor. Y seguíamos con nuestra vida. Leíamos, cocinábamos, comíamos, nos duchábamos. Con velas por toda la casa, velas itinerantes, velas viajeras. Y con esa sensación de irrealidad tan perfecta y preciosa. Esa sensación de estar en otra época, ese silencio que describe Urala, esa unión entre todos. Éramos más familia. Ojalá acá se cortara la luz más a menudo.
- Mi novio, es decir, mi ex novio, no podía soportar un montón de cosas. Odiaba que yo llevara faldas demasiado cortas, que fumara, que me emborrachara, que dijera groserías, que criticara a sus amigos... Si hay algo de mí que no te gusta, dímelo con franqueza. Y si puedo corregirlo, lo haré. -No hay nada que no me guste. -Negué con la cabeza tras reflexionar unos instantes-. Nada. -¿De verdad? -Me gusta la ropa que llevas, me gusta lo que haces, lo que dices, cómo andas, cómo te emborrachas. Todo. -¿Te gusta como soy? -No sé cómo cambiarías, así que ya me va bien como eres. -¿Cuánto te gusto? -Como para convertir en mantequilla todos los tigres de las junglas del mundo entero. -¡Ah! -Midori pareció satisfecha-. ¿Me abrazas otra vez? Nos abrazamos sobre la cama de su dormitorio. Entre las sábanas, oyendo cómo caía la lluvia, unimos nuestros labios y hablamos de todo lo imaginable, desde la formación del universo hasta cómo nos gustaban los huevos duros.
Abrí la caja en la que te guardo. Había encontrado otro trozo tuyo en mi habitación. Pero cuando la abrí, supe que no debía haberlo hecho. El olor a almizcle lo llenó todo. Y entonces recordé. Recordé la noche en la que me lo diste, cómo estábamos en la cama, cómo seguíamos una rutina, nuestra rutina. Y supe que de ahora en más todo serían recuerdos.
Te quiero, te quiero un montón y me gustas tal y como eres incluso aunque eso implique que me calces una patada en la boca de cuándo en cuándo y NO TE COMAS LA OLLA por mí me tienes aquí, aquí es donde quiero estar y si quisiera irme, ya me hubiera ido, pero no es el caso
-Tus problemas no tienen por qué durar toda la vida. -Posé mi mano en su espalda-. Algún día acabarán. Y cuando todo haya terminado, bastará con que reconsideremos el asunto. Bastará con que pensemos qué debemos hacer a partir de entonces. Y ese día tal vez seas tú quien me ayude a mí. No tenemos por qué vivir haciendo balance. Si tú ahora me necesitas a mí, me utilizas sin más. ¿Por qué eres tan terca? Relájate. Estás tensa y por eso te lo tomas así. Si te relajas, te sentirás más ligera.
-¿Por qué? -repitió Naoko con la vista clavada en el suelo-. Si te relajas, te sientes más ligero, eso también lo sé yo. No hace ninguna falta que me lo recuerdes. Pero si ahora me relajo me haré pedazos. Desde hace tiempo he sido incapaz de vivir de otra manera, y todavía lo soy. Si bajara la guardia, aunque fuera una sola vez, sería incapaz de recomponerme a mí misma. Me haría pedazos y éstos volarían con un soplo de viento. ¿Cómo puede ser que no lo entiendas? ¿Cómo puedes decir que cuidarás de mí si no comprendes eso?
Pude ser casi cualquier cosa, y elegí estudiar esto. Pero ahora voy a la facultad porque no tengo nada mejor que hacer, y ni siquiera entro en clase. Es como si viese venir un coche hacia mí en cámara lenta y no pudiese apartarme. Y desde acá puedo ver la trayectoria, el golpe. Puedo ver los efectos, las consecuencias. Pero aún así sigo en el mismo sitio, sin poder moverme, sin poder salir de ahí, directa al choque. Esperando.
Fue ahí, recostados en el césped de San Pedro, cuando sentí que realmente me dejabas entrar dentro tuyo. Y también cuando me sentí impotente. Quizás la manera de no sentirnos perdidos sea estar perdidos juntos.